Oficialmente conocido como Rosmarinus officinalis —y más recientemente reclasificado como Salvia rosmarinus—, el romero es un arbusto originario del Mediterráneo que puede alcanzar hasta 1,5 metros de altura y que destaca por su notable efecto antiinfeccioso. Gracias a su gran capacidad de adaptación, esta planta se cultiva hoy en diversas regiones del mundo, siendo ampliamente valorada tanto en la cocina como en la medicina tradicional.
Más allá de su uso culinario, el romero ha sido utilizado desde la antigüedad para apoyar el tratamiento de enfermedades infecciosas y procesos inflamatorios, así como para estimular la circulación y la vitalidad. En los últimos años, estos usos tradicionales han sido respaldados por investigaciones científicas. Estudios compilados por el Comité de Medicamentos a Base de Plantas de la Agencia Europea de Medicamentos han confirmado sus propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y antimicrobianas.
La composición del aceite esencial de romero puede variar según la parte de la planta utilizada, el método de extracción, el lugar de cultivo y la estación del año. Aun así, se ha comprobado que sus principales compuestos bioactivos constituyen una alternativa prometedora para la terapia de infecciones bacterianas y fúngicas, especialmente en un contexto marcado por la creciente resistencia microbiana.
En la práctica cotidiana, el romero puede incorporarse a través de infusiones, extractos o aceites esenciales, ya sea en aromaterapia, masajes o aplicaciones tópicas cuidadosamente diluidas. Su aroma fresco y estimulante lo convierte en un aliado para favorecer la concentración, revitalizar el cuerpo y apoyar el bienestar general, integrando de forma sencilla el conocimiento ancestral con los aportes de la ciencia actual.
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