Sol en Leo

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Meditación: lunes 7 de agosto, 20 hrs.
Dirección: Roberto del Río 2141, Providencia.
Aporte voluntario.

Torkom Saraydarian

Nuestro Sol entra en el campo energético de Leo el 23 de julio y al final del 23 de agosto ingresa en el campo de Virgo. La transmi­sión de la energía aumenta de la luna nueva a la luna llena, que durante doce horas tiene un fortísimo efluvio de energía.

En la época de luna llena, los discípulos e iniciados se reúnen en todo el mundo para tomar contacto con la energía de Leo, que se transmite al mundo a través del Sol. Leo tiene relación directa con nuestro Sol, con el Corazón del Sol y con el Sol Central Espiritual. Así, nos transfiere la energía triple: Fuego por fricción, el Sol; fuego Solar, el Corazón del Sol; Fuego Eléctrico, el Sol Cen­tral Espiritual. Estas energías las reciben quienes, mediante debida preparación, se sensibilizan a la impresión, a la absorción y a la asimilación.

Se nos dice que “Leo, el signo del individuo autoconsciente, es potente en su efecto masivo, y hoy, por el apremio de las cir­cunstancias y los terribles resultados de ciertos acontecimientos, miles de hombres y mujeres están saliendo del estado de rebaño, de la conciencia masiva y del profundo sueño de la irresponsabilidad, llegando a ser cons­cientes de sí mismos como entidades desapegadas y activas.” (1)

A medida que refinamos nuestros vehículos, expandirnos nuestra conciencia y funcionamos en planos superiores de nuestro ser, re­cibimos más energía y la transmitimos al mundo.

El resultado de la energía de Leo es muy sencillo. Nos insta a acercamos más a nuestro Yo esencial. Atravesamos muchas etapas evolutivas, venciendo identificaciones con los mundos físico, emo­cional y mental. Los tres vehículos de la personalidad se alinean e integran a través de esta energía.

Más tarde, cuando se reciben las energías superiores de Leo, el hombre logra la fusión del Alma. Se convierte en una amorosa Al­ma viviente. Mucho después, cuando se registra el Fuego Eléctrico, el hombre entra en la esfera de su Tríada Espiritual y se convierte en una individualidad. La Chispa divina brilla a través de un sistema de belleza. De esta manera, una etapa tras otra, el rebaño de conciencia masiva y el irresponsable animal humano se convierten en una en­tidad consciente de sí y en un hombre de deber y responsabilidad.

La constelación de Leo transmite el primer rayo a través del Sol triple. Esto significa que la energía del amor se expresa como:

  • voluntad inteligente o buena voluntad;
  • voluntad de amar;
  • voluntad al bien.

El Maestro Djwhal Khul dice que “Leo es la constelación a tra­vés de la cual la voluntad de realización o de logro, afluye a la humanidad y al planeta. Es esencialmente el espíritu de autode­terminación. Primero, la determinación del pequeño yo, la personalidad, el individuo autoconsciente. Después, la determina­ción del Yo, el Alma, el individuo consciente del grupo, del Todo mayor y de sí mismo, como parte integrante y básicamente unificada.

“Esta voluntad al bien (lograda por medio de la realización) actúa en relación con el ser humano, por intermedio de tres puntos culminacio­nes:

  1. La voluntad al bien, demostrada por la realización de la autoconciencia. Es la primera etapa de la completa realiza­ción divina. Significa cuerpo, apariencia. Es la expresión del tercer aspecto.
  2. La voluntad al bien, demostrada en la tercera inicia­ción, cuando la autoconciencia cede su lugar a la conciencia grupal. Es la segunda etapa del cumplimiento divino. Implica alma, cualidad. Es la expresión del segundo aspecto.
  3. La voluntad al bien, demostrada en las iniciaciones superiores, cuando se logra la conciencia de Dios. Es la tercera etapa de la realización divina. Implica Mónada, Vida. Es la expresión del primer aspecto.”(2)

El Corazón del Sol revela la naturaleza del Alma y del amor. El Sol Central Espiritual se introduce en el santuario de la Chispa eléctri­ca, del Yo, y revela a la Voluntad.

El regente esotérico, jerárquico y exotérico de Leo es el Sol. El polo opuesto de Leo es Acuario. Nuestro sistema solar penetra en el signo de Acuario y quienes tengan su signo solar o signo ascendente en Leo, tendrán una oportunidad única de participar en el campo de energía que Acuario presenta. Quienes entran en ese campo de ener­gía tienen dos grandes características: universalidad y un sentido de distribución general

El individuo de Leo es el que, más que todos, tratará de fomen­tar el espíritu de universalidad y el espíritu de participación o distri­bución general porque el “intercambio de energías entre estos dos es mucho más potente que en cualquier época anterior de la historia de las razas”.

El polo opuesto podrá actuar en diferentes papeles, por ejemplo:

Podrá ser equilibrio, meta, visión. Podrá ser desafío, energía que activa las energías latentes en el signo opuesto, y podrá actuar como el Yo superior. El papel cambia cuando los discípulos viajan por la rueda invertida.

En los círculos esotéricos, a Cristo lo llaman Acuario. La razón de esto es que hace 2000 años demostró las dos características prin­cipales de la Era Acuariana: la universalidad y la distribución general.

El dijo en una ocasión: “Yo estoy en vosotros y vosotros estáis en Mí. Somos uno solo en el Padre”. Una vez hablaba a la multitud y era tarde. Los discípulos, afectados aún por los conceptos de la vie­ja era, acudieron a Él, diciendo: ‑‑Maestro, deja en libertad a esta muchedumbre para que pueda irse a comer.

Les contestó:   –Alimentadla vosotros.

Los discípulos dijeron: ‑‑Sólo tenemos unos pocos peces y al­go de pan.

‑‑Traédmelos.

Cristo rezó, bendijo los peces y el pan, y los discípulos los distri­buyeron a la multitud. La comida fue tan abundante que dejaron al­gunos restos. Estas fueron las características de la Era Acuariana, de la que Cristo fue ejemplo hace dos mil años.

Otra vez, El dijo: ‑‑Si alguien os pide la túnica, dadle también la capa.

Cristo quería romper el espíritu de aislamiento a través del espí­ritu del universalismo, y el espíritu de codicia y materialismo a tra­vés del espíritu de dar y compartir. Y es interesantísimo que en el Libro de las Revelaciones (Apocalipsis) se le llame el León.

Debemos también recordar que Leo se relaciona con el átomo astral permanente. Es a través del átomo astral permanente que la energía volitiva actúa en el plano físico y se manifiesta como deseo y poco a poco, se transforma en “aspiración, voluntad espiritual, pro­pósito e intención”.

Recordemos que un átomo permanente dentro del hombre es el eslabón conector entre el hombre y una gran Vida que sirve como centro en el cuerpo de un Señor Solar.

Nuestro zodíaco es un Ashram de una vida más grande. En este Ashram, las constelaciones, como grandes Iniciados cósmicos, fun­cionan en varios niveles del plano mental cósmico y en los niveles superiores del plano astral cósmico.

El zodíaco mayor funciona principalmente en el plano mental superior a través de constelaciones como Sirio, la Osa Mayor, etc.

Leo se polariza en los niveles superiores del plano cósmico as­tral. El plano cósmico astral es el depósito del amor y éste se rela­ciona con la Jerarquía. De esta manera, el sujeto de Leo puede de­mostrar un amor potente y vasto.

Leo es el “lugar natal del individuo” quien está equipado por la voluntad de realización con una fuerte autodeterminación.

El átomo astral permanente se relaciona estrechamente con los átomos permanentes monádico y búdico, y tiene un efecto tremendo en nuestra vida, puesto que encauza la voluntad y la intui­ción, cuando el cuerpo astral se purifica de espejismos.

En la Luna Llena de Leo es posible recibir una carga en nuestro átomo astral permanente que puede causar una nueva orientación y una nueva voluntad de realización.

Leo es uno de los signos de la cruz fija; los otros son Acuario, Tauro y Escorpio.

El Maestro Djwhal Khul dice que “La Cruz Fija es la Cruz de la Luz. Y actuando continuamente a través de esta Cruz todo el tiempo, emanando desde Leo, se hallan los “fuegos de Dios” –cósmico, solar y planetario— ­purificando, intensificando la luz, haciendo oportunamente una revelación al hombre purificado que se halla en la luz. De Aries pro­viene el fuego cósmico, de Sagitario el fuego planetario y de Leo el fuego solar. Cada uno de estos fuegos “limpia­ el camino, quemando”, para expresar los tres as­pectos divinos: espíritu (Aries), alma (Leo) y cuerpo (Sagitario). Tal es la base científica del yoga del fuego…” (3)

Para los nacidos en Leo, o con Leo en el ascendente, la época de Leo es de extrema importancia. Especialmente en este mes es que logran sus metas y visiones espirituales, a través de:

  1. purificación
  2. transmutación
  3. comunicación y

Estos son cuatro efectos del fuego que pueden producirse si el discípulo se franquea conscientemente a las energías de Leo. Quie­nes no tienen a Leo destacado prominentemente en su horóscopo es­tán sujetos a su influencia si aprueban la preparación debida, que se esboza en los cuatro puntos antedichos.

Estos cuatro puntos afectan a las personas según su etapa de evo­lución. Por ejemplo, si un hombre es un aspirante, un iniciado de pri­mero o segundo grado, estos puntos se relacionan con su cuerpo fí­sico, su naturaleza emocional y la vida social cotidiana. Cuando es un iniciado del tercer grado, se relacionan con la naturaleza de su Al­ma, la mente superior y el Plan. Cuando está por encima del iniciado del tercer grado, se relacionan con su Tríada Espiritual, su Propósito y la evolución planetaria y solar.

Tomemos la purificación. Cuando somos un iniciado, de grados superiores, la purificación se aplica a los obstáculos que se presentan en el sendero de cumplimiento del Propósito divino. En este caso, el fuego Eléctrico se usa principalmente a través de la Tríada Espiritual y del aspecto de la Voluntad. Este fuego se ocupa principalmente del obstáculo llamado el Morador del Umbral en escala global. Los iniciados menores usan el Fuego Solar para purificar las ilusiones mun­danas, y despejar el sendero para entender correctamente al Plan.

Los discípulos trabajan para disipar el espejismo y el maya a fin de que el Plan se manifieste en su forma divina en el plano físico. Los aspi­rantes trabajan para purificar su naturaleza y poder tomar contacto con los fuegos superiores y hallar su lugar de servicio en el Plan.

En este tiempo, podemos comprometernos en la tarea de purificación en los niveles en los que estamos, mientras que al mismo tiempo controlamos el funcionamiento de todo nuestro mecanismo y efec­tuamos los cambios purificadores necesarios.

La cuestión siguiente es la transmutación. La transmutación no es lo mismo que la purificación. Para dar una explicación simbólica, puede decirse que podemos purificar el plomo, pero sigue siendo plomo; sólo cuando se transforma en oro el plomo se transmuta. La purificación se relaciona con la sustancia del plano dado. La trans­mutación se relaciona con la elevación de la sustancia a una sustan­cia de un plano superior.

El hombre podrá expresar tanta energía como reciba. Su ener­gía que afluye es igual a su energía que ingresa. Nadie puede esca­par a esta ley. Tal como demos, recibiremos. Tal como recibamos, daremos.

Las constelaciones obedecen a la misma ley. Leo tiene Su per­sonalidad, Alma, y naturaleza espiritual. Su personalidad está for­mada por estrellas de diferentes magnitudes. La naturaleza de Su Alma es una constelación que actúa como Su individualidad, Su verdade­ro Yo‑Leo, la Mónada en su propio nivel. “Como es arriba, es aba­jo.” A medida que evoluciona, absorbe mayor fuego del primer rayo e irradia la misma cantidad en el espacio: al Sol y a nuestro planeta. Así, cuando evoluciona en la personalidad, irradia más fue­go mediante fricción. Cuando evoluciona en Su naturaleza alma, irradia más Fuego Solar. Y cuando evoluciona en Sus aspectos su­periores, irradia más Fuego Eléctrico.

Si un hombre quiere recibir más “fuego por fricción”, deberá purificar y transmutar sus vehículos de la personalidad; deberá re­finar sus vehículos.

El cuerpo físico es depurado por la dieta correcta, el brillo del sol, el descanso, el sueño y el ejercicio. El cuerpo emocional se depu­ra obedeciendo a la ley del amor. El cuerpo mental se depura usán­dolo como instrumento en pro del bien supremo de la humanidad. Cuando la personalidad se depura, la luz y la sabiduría del Sol son absorbidas en nuestro organismo y se irradian como servicio a los de­más. La personalidad es feliz cuando expresa la energía del Sol en sus tres niveles. Y la contaminación de estos vehículos bloquea la transmisión de la energía del Sol y crea varios problemas.

Cuando la naturaleza del Sol está activa y el hombre está en la conciencia del Alma con vestiduras puras y blancas, recibe la ener­gía procedente del Corazón del Sol y las irradia como compasión, sa­biduría o Plan. Cuando está en su Tríada espiritual como un Yo transfigurado, recibe el Fuego Eléctrico y lo transmite a través de todos sus contactos y expresiones.

Así, mediante purificación y elevación de su nivel, toma con­tacto con energías superiores. He ahí porqué durante la proximi­dades de la luna llena, los discípulos del mundo atraviesan la dis­ciplina de la purificación y la transmutación.

De esta manera, las estrellas, las galaxias y los hombres se inter­relacionan a través de redes de energías. Las partes de la manifes­tación total se relacionan entre sí como los tubos electrónicos en un aparato de televisión. Los mundos, sistemas solares, zodíacos y galaxias son como tubos en el espacio, que reciben y transmiten energía. El hombre es parte de la naturaleza; las constelaciones son parte de la naturaleza y todas se interrelacionan. Las personas, en su mayoría, conocen esto, pero la cuestión importante es que estos “tubos electrónicos” expresan tanta energía como la que reciben. Funcionan según su propia capacidad.

La capacidad es la aptitud para recibir energía y expresarla. Una vez que vemos nuestra relación con el cosmos, trascendemos nues­tras actividades separativas y autocentradas y colaboramos con to­dos los demás “tubos” para fomentar la meta de la manifestación.

La energía es creativa sólo a través de vehículos purificados. Ca­da plano tiene su estación de energía en los subplanos superiores. Estas estaciones de energía, que transmiten la ardiente energía del poder volitivo, no pueden entrar en actividad a menos que se puri­fiquen los vehículos. La energía se manifiesta a través de la pureza.

La transmutación se logra a través del fuego, y en este proceso la sustancia de los cuerpos se reemplaza con materia de grado supe­rior, sustancia de nivel superior, cuyos átomos están mucho más avanzados que los átomos de la sustancia de los cuerpos anterio­res. De esta manera, los nuevos vehículos tienen materiales de cali­dad superior. A medida que se eleva la calidad, se acrecienta la ap­titud para recibir y transmitir el fuego; a medida que mejora el pro­ceso, el hombre se acerca más al sistema mayor del que está reci­biendo energía.

Transmutación significa también que están en actividad las co­rrespondencias superiores de los centros inferiores y producen una energía más definida que los centros inferiores. La transmutación, para los Iniciados va del Cáliz a la Tríada Espiritual. Para los discí­pulos, va del centro del corazón al centro de la cabeza. Para los as­pirantes, va del centro sacro a los centros del plexo solar, del cora­zón y de la garganta.

La tercera tarea es la comunicación con los siete estados de la conciencia. La comunicación es siempre por medio del fuego. Co­municación significa unificarse con las necesidades y visiones de los tres grandes Centros: la Humanidad, la Jerarquía y Shamballa. Las siete etapas de la conciencia con las que el sujeto de Leo se pone en contacto son las siguientes:

Leo conduce:

  1. de la conciencia colectiva a la conciencia individual;
  2. del yo al Yo;
  3. del individuo al grupo;
  4. de la voluntad de dominar a los demás a la voluntad de auto­dominio;
  5. de la sensibilidad de la personalidad a la conciencia del Al­ma (aquí empieza a perder su yo separativo);
  6. de la autoafirmación al asumir inegoísta del verdadero liderazgo y a la confianza sagrada de la relación correcta. (Aquí él es el Yo como la manifestación de la individualidad.
  7. Él es el Yo infuso en el Yo del universo, perdido como una nota en la sinfonía.

A medida que cambiamos el nivel de nuestra conciencia, se ex­pande el campo de nuestra comunicación y aumenta nuestra capaci­dad de servicio. A través de la comunicación tomamos contacto con ideas superiores, visiones superiores, centros superiores de belleza y poder, y nos convertimos en una fuerza benévola dentro de la huma­nidad.

El proceso de comunicación es muy gradual. El hombre deberá comunicarse primero con sus cuerpos físico, emocional y mental. La mayoría de nosotros no tiene verdadera comunicación con nues­tros vehículos de la personalidad, y algunas causas de nuestros tras­tornos físicos son la falta de comunicación. He ahí porqué todas las drogas o técnicas que nos hacen perder la comunicación con nues­tros cuerpos, emociones y pensamientos van en detrimento de nues­tra cordura, nuestra salud y nuestro servicio.

No sólo nos comunicamos con nuestro cuerpo, sino también con nuestras emociones. Echémosles una atenta mirada. Tomemos con­tacto con nuestras emociones, con nuestros pensamientos. Procure­mos conocer el contenido de nuestra mente. He aquí porqué nos co­municamos con nuestros vehículos. Y cuando se establece una bue­na comunicación entre nosotros y nuestros vehículos, nos será fácil usarlos como canales de luz, amor y energía.

La comunicación se dirige a niveles superiores; a los niveles de ideas, visiones y poder volitivo. A medida que construimos mejores mecanismos, tomamos contacto con niveles superiores y, de esta ma­nera, fomentamos nuestro avance por el sendero de contacto.

En el futuro, será posible que usemos conscientemente nuestros centros etéricos y nuestras glándulas endocrinas como tubos electró­nicos para tomar contacto y transmitir energías del espacio.

El sistema glandular que, en esta época, transmite, en la mayo­ría de los casos, energía etérica, transmitirá más tarde energías men­tales, intuitivas y superiores, al funcionar de modos multidimensio­nales.

A medida que nuestro contacto se expande a campos mayores y superiores, nuestro mecanismo transmite una visión mayor de fuentes solares y galácticas, a través de la cual organizamos nuestra vida y nuestras acciones futuras. Tal progreso se logra en la época de Leo, cuando el Sol viaja a través de su campo de energía.

La siguiente tarea del discípulo es ejercitar el dominio. Leo confiere todas aquellas energías a través de las cuales podemos dominar nuestra personalidad y nuestra vida, y erigirnos en individuos libera­dos. El discípulo atraviesa las siguientes etapas:

  1. Se cree el centro del universo;
  2. Luego, expresa el Plan y domina los estados que son obstá­culos en el sendero de la manifestación del Plan;
  3. Más tarde, el individuo de Leo está en el centro de la Volun­tad de Dios, en el centro de Su Propósito y desarrolla universalidad.

Todas estas son etapas del dominio para los individuos de Leo, llevadas a cabo a través del espíritu de autodeterminación.

Leo transmite la voluntad en pro del bien, que se relaciona con el Propósito, la energía de Shamballa y la Mónada. Proporciona el poder de voluntad y el dominio.

Hay tres constelaciones que, como una tríada, transmiten el fue­go del primer rayo: Aries, Leo y Capricornio. La energía de Aries “es la luz de la Vida misma”. La energía de Leo es la luz del Alma. La energía de Capricornio es la luz de la iniciación. Esta trinidad ac­túa como la tríada para manifestar los aspectos de: “voluntad, amor e inteligencia del Señor del primer Rayo”.

Durante cien años, la influencia de Leo ha estado causando signi­ficativos cambios dentro de la humanidad, debido al número crecien­te de seres humanos que nacen con una mayor sensibilidad a la energía de Leo. Estos individuos actúan inconscientemente como distribuidores de la energía de Leo.

La energía de Leo se sintetiza creando sensibilidad dentro de las unidades de las masas. Estas unidades sensitivas forman unidades más vastas hasta que todas las unidades se sintetizan en una sola to­talidad.

En la familia humana, este proceso se traduce como formación de:

  • personalidades;
  • sociedades de varias magnitudes;
  • personalidades infusas en el Alma;
  • grupos de servicio;
  • individualidades;

En el campo de las masas, la energía de Leo crea:

  • nacionalismo;
  • racismo;
  • independencia,

y los efectos resultantes de tales formaciones.

Pero la energía más interesante de esta energía es que, después de crear unidades, las junta y forma unidades más vastas.

En este proceso, las unidades atraviesan un proceso de conflicto, renunciación, adaptación, y a su tiempo se funden en los intereses del grupo más vasto.

Todo el conflicto que vemos en los campos nacional e internacional son preparaciones y adaptaciones de la energía de Leo para for­mar totalidades mayores.

La humanidad marcha hacia la síntesis, hacia la unidad, pues ese es el futuro de la humanidad. Este inconcretado futuro de la huma­nidad es la necesidad máxima de la humanidad en esta época. Como un gran imán, Leo despierta la sensibilidad en las unidades y produce el conocimiento de yo soy, mío, nuestro, nuestra nación, nuestra ra­za, nuestro planeta… nuestro… Eventualmente, estas unidades atra­viesan un proceso de desintegración a fin de formar una parte de una totalidad mayor. He aquí porqué se construyen familias y naciones. A su tiempo, este proceso conducirá a todas las naciones del mundo hacia la concreción de una sola humanidad.

La energía de Leo es una energía integracionista. Los que tienen a Leo como su sol o su signo ascendente demuestran fuerte individua­lismo, que trabaja en pro del universalismo.

El proceso de síntesis no es fácil. Es un proceso doloroso. Las unidades se adhieren en una conciencia masiva; sólo las crisis po­drán sacarlas hacia la individualización. Todos los fenómenos del con­flicto humano, la tensión, el dolor y el sufrimiento no son sino el proceso de desintegración de las unidades más pequeñas y de integra­ción de las unidades más vastas.

La energía de Leo tiene una potente influencia psicológica sobre los seres humanos. Suscita la fusión del Alma y arranca al Yo de su anterior nivel de identificación llevándolo a un nivel superior de unificación; así, sacando al Yo de la personalidad e introduciéndolo en la Tríada Espiritual, de la Tríada Espiritual en el Conocimiento Monádico, donde habita el Leo verdadero.

En cada nivel evolutivo, el Yo atraviesa intensas crisis de renunciación y adaptación. Este conflicto se refleja en sus relaciones in­dividuales, en su vida social, religiosa, educativa y política.

Esta esclavitud conduce a la independencia, y ésta a la interdependen­cia y la fusión. Las naciones estuvieron muy orgullosas de ser inde­pendientes, pero vieron poco a poco que la interdependencia es la base de todas las naciones. Tal conocimiento y las acciones que se ba­sen en éste ahorrarán mucha energía, tiempo y sufrimiento a la hu­manidad.

Como el polo opuesto de Leo es Acuario, la energía de Leo lle­va a todas las unidades hacia la meta de Acuario, que es el universa­lismo.

El universalismo es la aptitud para ver todos los fenómenos desde el punto de vista del Yo Uno que habita en cada unidad, sin separarse.

Así, es posible decir que el egoísmo, el interés personal, el racis­mo y el nacionalismo son paradas que conducen al desinterés y al universalismo.

A la luz de tal proceso, el hombre podrá obtener una sabiduría mayor en los asuntos, y sucesos del mundo.

Leo crea sensibilidad. La sensibilidad produce relación y comuni­cación, y conduce, a su tiempo, a la comunión.

La Ultima Cena fue una representación simbólica del futuro de la humanidad, cuando todas las naciones se sentarán juntas alrededor de la mesa de la Comunión con el Señor de la Síntesis. Tal comunión sagrada revelará una nueva era de mayor trabajo que, a su tiempo, conducirá a la humanidad hacia el portal de la Resurrección.

En el antiguo ceremonial místico, a los difuntos se los resucita­ba con la garra de un león.

El sujeto de Leo tiene una oportunidad tremenda de elevarse fue­ra de las masas y consagrarse a la finalidad del gran Señor del primer Rayo.

Como la energía de Leo es ígnea, produce el suelo ardiente de un ser humano. A través de tal suelo ardiente es que se lleva adelante la tarea de purificación, transmutación, comunicación y dominio. Un suelo ardiente es el plano en el que se derraman los fuegos del plano monádico.

Si el suelo ardiente está en el nivel de la personalidad, existe prin­cipalmente dolor, sufrimiento, renunciacion y penitencia. Cuan­do es en el nivel del Alma, produce gran alegría, porque el Alma se manifiesta a través del fuego que purifica y expande a los horizon­tes. Si es en los niveles de la Tríada, el hombre se inunda de beatitud porque su esencia Monádica, que es la bienaventuranza, se derrama y procura visiones cósmicas al individuo y proporciona la oportuni­dad para que la Mónada se irradie como un sacrificio vivo.

No olvidemos que la meta última de Leo es someterse a la vo­luntad de su Guía interior, y más tarde, a la voluntad de la Chispa divina, del Yo.

A través del suelo ardiente, la persona de Leo se descentraliza y universaliza convirtiéndose en parte de la gran síntesis cósmica. La descentralización le da la oportunidad de servir en un grupo. La universalización destruye todos los muros raciales, nacionales, tradicionales y separativos y le convierten en un ciudadano del mun­do y del cosmos. La síntesis le hace vivir una vida de sacrificio para beneficio de toda la vida, con inteligencia despejada, sabiduría y po­der. El lema del leonino avanzado es “Yo soy Ése y Ése soy yo”. Esta es la afirmación de la unificación con la voluntad de Aquel, “De Quien todas las cosas proceden, a Quien todas las cosas retor­nan”.

Texto de Sinfonía del Zodíaco, pág. 170/9 

Referencias:

  • Astrología Esotérica, pág. 362.
  • Astrología Esotérica, pág. 460.
  • Astrología Esotérica, pág. 223.

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