Sol en Virgo


“Yo soy la madre y el hijo, soy Dios, soy materia.”
Reunión de meditación: Martes 5 de septiembre, 20.00 hrs.
Lugar de meditación: Roberto del Río 2141, Providencia.

Torkom Saraydarian

El uso de las meditaciones de luna llena aumenta año tras año en todo el mundo, y la gente no sólo está realizando sus meditaciones individuales de luna llena sino que también se alinea con otros gru­pos en la época de luna llena. Está escrito que, a su tiempo, en todo el mundo, se establecerá una meditación sincrónica y unánime para tomar contacto con la energía del signo, y contacto con la Jerarquía, y para servir como transmisor de las energías zodiacales y del Plan Jerárquico.

Esta será la base fundamental de la Nueva Religión del Mundo. El Maestro Djwhal Khul dice: “Desde el punto de vista de la verdad eso­térica, las constelaciones, los signos zodiacales y los planetas son sen­cillamente vidas encarnadas, vidas que se manifiestan a través de las formas de planetas y constelaciones, y la expresión de la Vida, la calidad, la finalidad y la intención de los Seres que las pusieron en manifestación”. Sólo mediante preparación consciente podremos to­mar contacto con los Grandes Seres y dirigir y usar su energía para el Plan dé la Jerarquía.

La   preparación consciente abarca, entre otras muchas cosas:

  1. Una actitud de serenidad mental y espiritual.
  2. La existencia de notas que armonizarán con los acordes de las constelaciones. Estas notas son elevadas aspiraciones y orien­taciones sobre las energías radiales de las constelaciones.

He ahí porqué es tan importante que los discípulos de todo el mundo se armonicen con las configuraciones energéticas de las lunas llenas, para canalizar como grupo la corriente de energías zodiacales hacia todas las esferas de los esfuerzos humanos.

A Virgo se lo llama el vientre del tiempo en el que se plantan, protegen, nutren y revelan las simientes de los grandes valores. La labor de Virgo es la que, a su tiempo, pone en manifestación el prin­cipio Crístico dentro del individuo y dentro de la raza de los hom­bres.

Cada idea, plan, individuo o grupo que entra en contacto con la energía de Virgo, a su tiempo desarrolla universalidad y una profun­da naturaleza de sacrificio.

“En Virgo, empieza a concretarse la finalidad para la cual existe la vida de las formas.” (1) A la finalidad de la vida de las formas se la llama místicamente “Cristo en ti, esperanza es de gloria”. Cristo sim­bolizaba el espíritu de universalidad y el espíritu de sacrificio.

La energía de Virgo trabaja para manifestar al Cristo:

  • El principio Crístico en el hombre.
  • El Cristo histórico.
  • El Cristo solar.
  • El Cristo Cósmico.

Cristo es el principio que une lo ínfimo con lo supremo en todos los fragmentos de la manifestación y expresa el impulso de servir y la voluntad de sacrificio.

Se nos dice que en las antiguas tradiciones, Virgo fue la funda­dora del matriarcado, que dominó y controló a la civilización anti­gua. La conocen con varios nombres: Eva, Isis y María.

Es interesantísimo notar que la Virgen es la madre del princi­pio Crístico, y es en tres etapas que se lleva a cabo la formación y la madurez de este principio. Primero está Eva, que es el símbolo del plano mental. Isis es el símbolo del plano emocional, y María es el símbolo del plano físico etérico.

En el plano mental, se escuda el principio Crístico; en el plano astral se nutre, y en el plano físico se revela o nace.

Esta es la evolución del principio Crístico. En el plano mental se lo concibe cuando toman contacto la personalidad y el Yo Transpersonal; en el plano emocional, se nutre con gran aspiración, y en el plano físico entra en manifestación a través de actos motivados por la voluntad de servir.

Es interesantísimo que sea Virgo la que da a luz a Cristo. Ella no le obtiene de otras fuentes; Él está dentro de la Virgen. Cristo está presente en Ella eternamente. Él es el Yo verdadero de Ella. Virgo es símbolo de la materia que es el polo contrario del Espíritu. La materia da forma a la creadora voluntad del espíritu que se mani­fiesta a través de la materia. Pero al espíritu no lo reconoce sino el Hijo de la Madre. Él es el eslabón entre Padre y Madre. El es el anima mundi: el Alma universal o el principio Crístico, el puente entre espíritu y materia.

Así, la constelación de Virgo es un campo energético en el es­pacio que impulsa al sistema solar, al planeta y a cada ser humano para que cumplan la meta de la evolución, en la escala humana, en la escala planetaria y en la escala solar. A ese principio que se plan­ta en la forma humana, planetaria y solar, se lo llama el principio Crístico en el lenguaje místico. Esta es la simiente de vida, la si­miente de amor y la simiente de poder que se planta en cada forma, átomo, planta, animal, hombre, planeta y sistema solar. Esta divi­nidad dentro de la forma atraviesa en todos los siglos un proceso de evolución, desarrollo y florecimiento, y la energía de Virgo es la que la pone en manifestación.

La energía de Virgo no sólo expresa la revelación y la manifes­tación de esa Divinidad interior, sino que también expresa todo lo bello, bueno y veraz. Por ejemplo: las grandes artes, la gran música, las grandes pinturas, las grandes ideologías, los grandes movimien­tos de cualquier campo de esfuerzo humano son también sosteni­dos y alimentados por la energía de Virgo.

Asimismo, alimenta el plan de cada Alma. Cada uno de nosotros tiene un plan. Nuestra Alma tiene un plan. Tenemos dentro de noso­tros un prototipo, un plano de un templo, una belleza que llegará a manifestarse. Nuestra “humanidad” va a ser divina. La simiente que está en nosotros se convierte en una gran flor. El Plan está den­tro de nosotros y obtiene su alimento de la energía de Virgo.

Esta humanidad tiene un Plan y ese Plan está también en el vien­tre de Virgo. La energía de Virgo alimenta, sustenta, escuda y, a su tiempo, revela el Plan dentro del hombre, de la humanidad, del mundo y del sistema solar. Este Plan está también en proceso de expan­dirse para que, a su tiempo, el Plan se manifieste individual y global­mente en escalas solares y en escalas galácticas. Detrás de toda ma­nifestación hay un gran Ingeniero, un gran Arquitecto, y Él tiene un Plan, ese Plan está en toda semilla, en toda forma viva, en todo pla­neta, sistema solar y galaxia, y ese Plan se está llevando a cabo.

El Plan existe para que la divinidad se manifieste del mejor mo­do posible. He ahí porqué se dice que Virgo sirve a la materia y al Espíritu. El Espíritu se apropia de la materia y la materia pugna por manifestar el poder, la belleza y el misterio del espíritu, y, cuando estos dos se juntan en la máxima armonía posible, hay belleza.

La finalidad de la evolución no es nada más que manifestar la belleza. La materia asciende y el Espíritu desciende, y estos dos se apropian, llegan a un mutuo entendimiento, y alcanzan un misterioso acuerdo espiritual de modo que el espíritu ya no sea estor­bado por la materia sino que sea capaz de manifestarse a través de la forma.

Virgo da a luz a la Divinidad, que es el símbolo de la Santa Ma­ría que dio a luz a Cristo. Esto significa que el espíritu se apropia de la personalidad para que nazca un hombre perfecto, una expresión perfecta de la Divinidad.

Existen los mismos fenómenos en escalas más elevadas, y se los llama Cristo planetario, Cristo cósmico, Cristo galáctico. Cristo es la Chispa divina dentro del hombre, del planeta, del sistema solar, de la galaxia, y está construyendo un puente entre los planos infe­rior y superior, entre los estados de conocimiento y de conciencia. En realidad, Cristo es un término que significa tender un puente en­tre Padre y Madre, materia y Espíritu, Jerarquía y humanidad, nues­tro planeta con otros planetas, nuestro sistema solar con otros sis­temas solares, nuestra galaxia con otra galaxia, para que, a su tiempo, cada forma que se cree en el universo le convierta en parte cons­ciente de la sinfonía cósmica.

Visualicemos que todas las partes del universo son músicos. Por ejemplo, cada hombre, estrella, sistema solar y galaxia es un músico, pero estos músicos todavía no están de acuerdo, no coinciden entre ellos ni armonizan recíprocamente. Aún no saben cómo tocar en una orquesta o sinfonía.

A través del proceso evolutivo, todas estas manifestaciones se afi­nan recíprocamente con tal armonía que, a su tiempo, serán una sinfonía cósmica en la que cada hombre, nación, mundo y sistema so­lar estarán en armonía con la sinfonía total.

Virgo tiene tres grandes características. Ampara, alimenta y re­vela a la Divinidad dentro de la forma. Podemos usar la energía de Virgo para escudar, alimentar y revelar a la Divinidad dentro de nosotros y dentro de los demás.

Para escudar a la Divinidad dentro de nosotros y dentro de los demás, deberemos tratar de:

  1.  afirmar a la Divinidad dentro de toda la humanidad, inclui­dos nosotros mismos;
  2.  rechazar todos los sentimientos de celos y odio hacia cual­quier persona;
  3. no formular murmuraciones ni críticas acerca de la gente ni crear dudas en la mente de ésta sobre los poderes creativos latentes en aquélla;
  4. crear en la vida buenas condiciones, para que la Divinidad in­terior no esté sujeta a ataques;
  5. no suscitar reacciones de índole personal, en la medida de lo posible;
  6. impedir aquellas condiciones existentes que retarden el desa­rrollo y la evolución de la divina Chispa interior.

Para alimentar a la Divinidad dentro de nosotros y dentro de los demás deberemos tratar de:

  • ver belleza dentro de los demás y dentro de nosotros;
  • apreciar la expresión de las virtudes;
  • inspirar a la gente ideas elevadas y visiones, y el ejemplo de nuestra vida;
  • proporcionar belleza, armonía, bondad y verdad en todas nuestras acciones, expresiones y pensamientos.
  • elevar el nivel de moralidad y educación;
  • procurar música elevada, literatura y otras artes creadas en ni­veles superiores de conciencia, que sean capaces de impartir vitalidad espiritual y el impulso de servicio y sacrificio.

Para revelar a la Divinidad dentro de los demás y dentro de nosotros, deberemos:

  1. confiar y demostrar fe en su luz interior;
  2. crearlas condiciones en las que florezcan libremente como se­res espirituales;
  3. inspirarles para que sirvan al mundo;
  4. reclamarles actos heroicos;
  5. mostrarles las necesidades del mundo;
  6. cooperar con todas sus acciones creadoras y constructivas;
  7. crear oportunidades para que vean su propia belleza, su pro­pio Yo.

Así, podremos defender, alimentar y revelar a la Divinidad que está dentro de nosotros y de los demás, utilizando la energía que la constelación de Virgo irradia.

Hay un bello mantra que dice:

Más radiante que el sol,

más puro que la nieve,

más sutil que el éter es el Yo,

el espíritu dentro de mi corazón;

yo soy ese Yo,

ese YO soy yo.

En Virgo, existen las siguientes combinaciones de energías. El re­gente exotérico es Mercurio, que es un planeta del cuarto rayo. Rela­ciona espíritu y materia y los asigna mutuamente y crea belleza. Mer­curio se relaciona también con la intuición.

El regente esotérico es la luna que, en este caso, vela a Vulcano. Vulcano transmite energía del primer rayo e inicia acciones y ciclos de creatividad.

El rayo del Alma de Virgo es el segundo rayo de Amor‑Sabiduría, y el rayo de la personalidad es el sexto rayo de la Devoción.

Es interesante saber que, en el primer sistema solar, Virgo cana­lizaba al tercer rayo, la Inteligencia Activa. He ahí porqué a Virgo se la considera todavía el tercer aspecto de la divinidad. De manera que existe:

Padre ‑‑ Espíritu ‑‑ Voluntad

Hijo ‑‑ Alma ‑‑ Amor

Madre ‑‑ Personalidad/Materia ‑‑ Inteligencia.

Es interesantísimo que en el Credo de Nicea, el original dice:”y encarnó del Espíritu Santo y de la Virgen María”. El Espíritu Santo es la Luz, es el tercer Logos, es el principio de la Inteligencia Activa, que creó el primer sistema solar. En literatura oculta, se lo llama el tercer rayo. La Virgen María del primer sistema solar se asociaba con el tercer rayo de la Inteligencia Activa. En el segundo sistema solar, se asocia con Amor‑Sabiduría, el segundo rayo. En el tercer siste­ma solar, ella se asociará con el primer rayo: el Poder de la Voluntad.

En el primer sistema solar, ella defendió, alimentó y reveló al principio inteligente de la materia. Su correspondencia en la huma­nidad dio a luz a los Grandes que encarnaron el principio inteligente

y cumplieron el trabajo pesado para satisfacer la finalidad del tercer rayo.

En el sistema del segundo rayo, Virgo y la Virgen protegieron, alimentaron y revelaron a las Chispas de Dios, llegadas en el segundo rayo para encarnar los principios de Amor‑Sabiduría. Ellos conti­nuarán su trabajo hasta que llegue a su culminación la finalidad del segundo rayo.

En el próximo sistema solar, la Madre pasará a ingresar en el Ra­yo del Poder de la Voluntad y dará a luz a los Avatares que traba­jarán en la línea del primer rayo y se encargarán de poner en comu­nicación la finalidad de¡ primer rayo.

Al Espíritu Santo se lo identificaba con la Madre en el primer sistema solar; en el segundo, ella actúa como medio del segundo ra­yo. En el tercero, ella será el medio del primer rayo. Es en el tercer sistema solar que se alcanzará el equilibrio entre las dos fuerzas, la femenina y la masculina, y aparecerá el hermafrodita divino. Este será el matrimonio celestial entre la Virgen María y el Señor del primer rayo.

A través de estos tres sistemas solares, ella revelará a su tiempo, el Propósito que existe detrás de nuestro esquema. Ella dará a luz el principio que será el fruto de estos tres sistemas solares: un princi­pio que preparará para que aparezca en el cosmos una evolución su­perior.

Así, la Madre divina será la Madre, el Hijo y el Padre: Uno Solo. Esta es la consumación de los tres Logos en Uno Solo.

La combinación del rayo en Virgo la simboliza el drama del naci­miento de Cristo. Están la Virgen María, la Santa Madre, la Sustan­cia, el aspecto de la Inteligencia. José dramatizaba al cuarto rayo cuando se encargó de la Santa Virgen. Cuando ella estuvo encinta, él la llevó a Belén y buscó en la noche un sitio donde aposentarla.

Existieron: el nacimiento de Jesús; los pastores; el cántico de paz y buena voluntad; el plan de matanza de todos los niños. Luego vemos a José que escapa con María para proteger al niño. Durante toda su vida hubo conflicto y armonía.

Jesús expresó la calidad del sexto rayo a través de su devoción a la sabiduría, al Padre en los cielos, y a los valores del mundo espi­ritual.

Cristo, la esperanza de gloria, actuaba como el primer rayo y to­dos estos acontecimientos conducían hacia la resurrección, rom­piendo todos los obstáculos simbolizados por la pesada piedra colocada frente a la entrada de la tumba. Recordemos que: “…este amor que Él demostró fue un aspecto de la Voluntad, funcionando por medio del segundo rayo…” (2)

La Virgen María es el símbolo de todo ser humano capaz de darse a luz a sí mismo. Así, se convierte en un hombre nacido dos veces, o en un “renacido”.

Si miramos la combinación de las energías desde el aspecto de la voluntad, tenemos el siguiente cuadro:

Primer rayo: voluntad de iniciar;

Segundo rayo: voluntad de unificar;

Tercer rayo: voluntad de armonizar;

Sexto rayo: voluntad de causar.

Estos son los cuatro objetivos de un hombre, que debemos cul­tivar, especialmente cuando el Sol entra en Virgo:

‑‑‑ Voluntad de iniciar nuevas ideas, nueva visión, y la voluntad de iniciarse en niveles mayores y más profundos de conciencia o co­nocimiento. Voluntad de iniciarse en las esferas Jerárquica e incluso Shambállica de actividad.

‑‑‑ Voluntad de unificar lo abstracto y lo objetivo, el centro car­díaco y el centro de la cabeza, la personalidad y la Tríada Espiritual.

‑‑‑ Voluntad de armonizar nuestra vida con la vida planetaria, solar y zodiacal, a través de la distribución y asimilación energéticas cíclicas, y mediante observancia de las lunas llenas y otras ocasio­nes de especiales configuraciones zodiacales.

Esto armonizará la recepción y la expresión, el voltaje y la carga. Armoniza todos los rayos y los campos de sus actividades. Es un gran mes para trabajar en procura de la perfección.

Virgo es uno de los signos de crisis debido a los regentes de su cuarto rayo.

Ahora estamos en una crisis de nacimiento. Cristo va a manifes­tarse nuevamente. La humanidad está al borde del nacimiento espi­ritual está emergiendo una nueva raza, una nueva cultura, una nue­va civilización y un nuevo mundo. En este ciclo de crisis, hay una formidable oportunidad de ayudar al proceso del nuevo nacimiento a través de la meditación grupal y de nuestro esfuerzo individual.

Los siete signos de crisis son. Cáncer, Aries, Géminis, Sagitario, Escorpio, Virgo y Leo.

¿Qué es una crisis? Una crisis es el punto de encuentro de dos energías, es una confrontación. Una crisis no nace si no existe una corriente direccional de energía. Una crisis nace cuando hay conflic­to entre dos energías. Una energía está en proceso de cristalización, la otra, en proceso de ruptura de esa cristalización.

El Maestro Tibetano dice que: “… Cada una de estas siete crisis vuelve a activarse durante el proceso de auto‑iniciación en el mundo del significado y la realidad. Constituyen la nota clave o el motivo de cada una de las siete iniciaciones. Cada una de estas siete inicia­ciones permite el ingreso en el estado de conciencia divina en cada uno de los siete planos de experiencia y expresión divinas.

“La influencia de estas siete constelaciones es simbolizada por tres triángulos y una síntesis final o punto focal…” (3)

“…Una crisis la provoca cierto hábito mental, desarrollado en el vehículo; sólo se la supera en el tiempo mediante cierto hábito y ritmo del contenido espiritual de la naturaleza del hombre. Es el establecimiento de cierto ritmo objetivo que produce una crisis; es el emerger de un particular ritmo subjetivo que al hombre le per­mite superar esa crisis y capitalizar la oportunidad…” (4)

“Hay una tríada de energías cósmicas que es de suprema impor­tancia en nuestro planeta y la influencia unida de sus tres constela­ciones es la que, a su tiempo, producirá la iniciación del Logos planetario. Esto respaldará toda expresión planetaria futura de Su vi­da para que se lo denomine ‘”planeta sagrado”.

“Estas tres constelaciones son Leo‑Virgo‑Piscis. Son… “las Pro­ductoras de lo que conoce, las Informantes de lo que se despierta y las Constructoras de las modalidades de fusión de la Sabiduría. Pro­ducen unidad; destruyen lo que produjeron sólo para producirlo de nuevo con mayor belleza y en mayor plenitud…” (5)

¿Qué es la crisis de Virgo? “Virgo es el vientre del tiempo en el que madura lentamente el plan de Dios y se pone de manifiesto en la época señalada.”

Este es el plano para el sistema solar, el planeta y el hombre. La constelación de Virgo da a luz al Dios inmanente en el hombre, en el nivel planetario e individual. El Dios inmanente en el hombre es el Yo, la Chispa, la Mónada. El Dios inmanente en el planeta es el principio crístico. El Dios inmanente en el sistema solar es el Alma del sistema solar en evolución. El Cristo en el hombre, el planeta, el sistema solar, está en proceso de simultánea:

  • gestación
  • evolución
  • iniciación

Es el aspecto del Hijo, el alma humana en evolución, el Alma evolutiva del planeta, y el sistema solar que está en proceso de: ges­tación, evolución e iniciación.

La energía de Virgo protege este proceso, lo alimenta y lo reve­la. Crisis es crear un ritmo subjetivo y destruir el ritmo objetivo de los vehículos en sentido individual, global y solar. Imaginemos qué clase de oposición aparecerá cuando tratemos de destruir un ritmo objetivo en estas tres áreas de tiempo y espacio.

Mercurio es la estrella del conflicto, y también el planeta mayor de la relación. “… en Virgo, produce la lucha interior entre el no‑yo exotérico y el yo esotérico, entre la conciencia de las formas (pla­netaria, humana y sub‑humana) y el alma dentro de todas las formas”. (6)

Cuando el Sol entra en Virgo, los miembros del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo podrán, en consecuencia, dirigir a sus discí­pulos y actividades. Podrán usar el primer rayo, el segundo rayo y especialmente el cuarto rayo, que es la nota más fuerte de la energía de Virgo. Pero cualquier cosa que hagan, la meta debe ser dar a luz una nueva conciencia que cause, inicie, unifique y armonice.

En nuestra vida individual, podremos usar el poder energético de Virgo como una madre para proteger, alimentar y revelar a la Di­vinidad en nosotros y en los demás. Es interesantísimo recordar que nuestra Divinidad interior se nutre, protege y revela cuando más nos esforzamos en nutrir, proteger y revelar a la Divinidad en los demás. Con esta finalidad podremos usar amor‑sabiduría, armonía a través de conflicto, crisis y síntesis, o la autoridad del aspecto de la Volun­tad.

En Virgo, hay dos rayos cuartos. Un rayo cuarto es esotérico, y afecta sólo los planos intuitivo, átmico y monádico. El otro es exo­térico y afecta a la personalidad. En realidad, el rayo esotérico que parte de los planos búdico, átmico y monádico crea conflicto en la personalidad y la exige presentándole visiones y desafíos más gran­des. La personalidad lucha dentro de sí misma, dentro de los planos físico, emocional y mental para atrapar y responder al desafío que llega de los niveles superiores.

En esta época, hay un desafío de paz y armonía universal, y las personalidades de las naciones están en recíproco conflicto pero, a su tiempo, contestarán a ese desafío que llega de reinos superiores.

El rayo de la personalidad de Virgo, el sexto rayo, crea una con­sagración firme y unidireccional hacia la sublimación y el sacrificio. En Virgo, experimentamos una especie de consagración o aspiración a una gran belleza. Esta aspiración proviene del sexto rayo de Virgo que hace que nuestros átomos físicos, emocionales y menta­les se esfuercen al máximo en responder al llamado superior que lle­ga de la fuente de gloria que está dentro de nosotros.

El primer rayo destruye los obstáculos que existen dentro de la personalidad y crea una síntesis en ella. Asimismo, relaciona a un hombre con el Baluarte, con Shamballa, y graba en él, lentamente, el Propósito de ese Gran Centro.

Así, Virgo simboliza el escudo o el poder protector de la mate­ria y la sustancia que recibe la Chispa de la vida. A lo largo de los si­glos, Virgo protege a la Chispa de los ataques de aquellas fuerzas, cu­ya finalidad es impedir que aquélla evolucione y emerja. En el gran espacio, la Madre Virgo es un gran escudo contra todas las fuerzas involutivas que tratan de obstaculizar la evolución de la Chispa.

Nosotros cooperamos con todos los esfuerzos de Virgo para pro­teger a la llama de la vida cuando conscientemente recibimos, asimi­lamos e irradiamos su energía. Esto es especialmente efectivo en la época en la que nuestro Sol entra en el campo energético de Virgo.

Virgo es también el símbolo de alimentación de la llama de la vida. Virgo alimenta a toda Chispa desde su propia esencia. La Ma­dre en el Espacio es el mecanismo cósmico de transmutación, a tra­vés del cual la sustancia de la luz se transforma en la sustancia del amor y la llama de la vida se nutre con la sustancia del amor. La Luz se convierte en amor a través del poder alquímico de la Madre.

Virgo simboliza también el velo que oculta y, a su tiempo, reve­la a la madura llama de la Vida, cuando la llama refleja la semejanza del aspecto del Padre. El proceso de la revelación del Hijo es el reti­ro, el sacrificio y la aniquilación del velo.

La Madre da a luz al niño y desaparece. La luz se funde con el amor y el amor se une con la voluntad, con la llama de la Vida, y só­lo existe la Vida.

  1. Astrología Esotérica, Alice A. Bailey, pág.199
  2. Astrología Esotérica, Alice A. Bailey, pág. 463
  3. Astrología Esotérica, Alice A. Bailey, pág. 270
  4. Astrología Esotérica, Alice A. Bailey, pág. 355/6
  5. Astrología Esotérica, Alice A. Bailey, pág. 351
  6. Astrología Esotérica, Alice A. Bailey, pág. 270

Temas relacionados

Comentarios

comentarios

Powered by Facebook Comments