Iván Andrés Santandreu, 04/23/2019

Las llamas que consumían la Catedral de Notre Dame, en París, inspiraron la siguiente reflexión del sacerdote jesuita Nemo Castelli: “¡Qué profético inicio de Semana Santa! Sé que es una maravilla patrimonial de la humanidad del s. XII, pero puede representar un tipo de Iglesia que tiene que terminar de morir: esa parecida a un museo, insignificante para la vida, que cuida la institución y cuyas normas alejan de Dios.”

Es bien sabido que el fuego purifica, y por lo tanto genera la oportunidad de un renacer. En ecología, los incendios naturales se consideran necesarios y beneficiosos, pues dan la oportunidad de generar un renoval del bosque, lo que técnicamente se denomina “sucesión ecológica”. La misma idea de renovación se encuentra en la ceremonia católica del fuego nuevo, que se enciende el Sábado Santo, y que representa la resurrección de Cristo.

La era de Piscis llega a su fin y aquello que la debe reemplazar, la era de Acuario, con una renovada visión del ser humano, comienza a manifestarse en el corazón de aquellos que buscan hacer carne las palabras de Cristo en el Apocalipsis: “Ahora todo lo hago nuevo”.

Las energías de la constelación de Aries nos traen, a modo de inicio del año zodiacal, la voluntad de manifestar, de expresar la voluntad divina desde un plano arquetípico. Aries representa, en cierto sentido, la muerte y el inicio de un nuevo ciclo.

Por eso, las palabras del sacerdote Castelli son tan apropiadas. La destrucción por el fuego de la Catedral de Notre Dame (Nuestra Señora), en el corazón de Europa, representa el fin de un tipo de Iglesia alejada del espíritu de Cristo, así como la oportunidad de una renovación.

Llama la atención que a dos días del incendio de Notre Dame, ya había comprometidos más de 800 millones de euros para su reconstrucción, lo que refleja los viejos modelos de pensamiento, que dan prioridad a la reconstrucción de estructuras de piedra por sobre las necesidades humanas. Sin ir más lejos, en la propia Francia, al momento de escribir esta columna, ya van 23 sábados consecutivos de protestas de miles de “chalecos amarillos”, es decir, de aquellos franceses que tienen dificultades para llegar a fin de mes.

La era de Piscis llega a su fin y aquello que la debe reemplazar, la era de Acuario, con una renovada visión del ser humano, comienza a manifestarse en el corazón de aquellos que buscan hacer carne las palabras de Cristo en el Apocalipsis: “Ahora todo lo hago nuevo”.

Que el espíritu de Acuario, con su esperanza de un mundo nuevo y mejor, nos inspire y alcance a todos sin excepción.


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