Denuncian conflictos de interés para evaluar los riesgos de los campos electromagnéticos


06/29/2018

El oncólogo y profesor del Hospital universitario de Örebro, en Suecia Lennart Hardell, ha publicado en el International Journal of Oncology acerca de los conflictos de interés de varios miembros del panel de expertos de la OMS que debaten sobre los riesgos para la salud humana de las radiofrecuencias.

En 2011 la evaluación realizada por la International Agency for Research on Cancer (IARC, por sus siglas en Inglés) llevó a la OMS a catalogar la radiofrecuencia como posible cancerígeno. Es de destacar que, según el autor, la IARC tiene su financiación propia y la OMS actúa como mero observador.

A pesar de que, como indica el autor, desde 2011 varios estudios epidemiológicos y de laboratorio han corroborado y fortalecido esa asociación con el cáncer, desde el punto de vista de regulación no se han producido cambios relevantes.

 

La Comisión internacional para la protección de la radiación no ionizante

La mayoría de los países siguen usando el estándar de la International Commission on Non-Ionizing Radiation Protection (ICNIRP, por sus siglas en inglés), publicado en 1998. Es decir, no se están teniendo en cuenta las nuevas evidencias publicadas en los últimos 20 años. Ese estándar sólo considera como efectos nocivos los efectos térmicos (por calentamiento), y ello hace que los niveles de referencia sean muy altos y discordantes con los que sugieren que también existen efectos no térmicos.

La ICNIRP considera sólo los efectos a corto plazo de exposiciones muy intensas. Nada más, no tiene en cuenta exposiciones más largas a intensidades menores ni tampoco las diferentes sensibilidades de las personas (niños, enfermos, etc.).

Aunque esas guías de la ICNIRP fueron actualizadas en 2009, no se realizaron cambios relevantes en cuanto a los niveles máximos, y siguen sin considerar los efectos a largo plazo.

La ICNIRP es una organización privada con sede en Alemania. Como indica el autor, sólo los miembros de la organización pueden elegir a nuevos expertos para su panel, y muchos de ellos tienen vínculos con la industria de las telecomunicaciones.

 

Los conflictos de interés

El autor destaca que 4 de los 6 miembros que forman el grupo central de expertos de la OMS pertenecen a la ICNIRP, y otro es antiguo miembro. Ser un miembro de la ICNIRP supone ya inmediatamente tener un conflicto de interés, porque esa organización está vinculada a la industria de las telecomunicaciones y también a la militar.

El autor de la publicación señala que esta situación ha sido denunciada por variar organizaciones, y que se han enviado diferentes peticiones a la OMS para que forme un panel realmente independiente, pero ninguno de esos llamamientos ha sido efectivo.

 


 

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