Sol en Cáncer


Meditación: Sábado 8 de julio, 20 hrs.
Dirección: Roberto del Río 2141, Providencia.
Aporte voluntario.

Torkom Saraydarian

La nota clave de Cáncer que sintetiza la calidad y el propósito del signo es: “Construyo una casa iluminada y moro en ella.”1

El fin total de un discípulo es construir una casa iluminada y habitar en ella. Pero para construir semejante casa se necesitan los mejores materiales. Estos le fueron presentados en las tres lunas lle­nas anteriores y fueron la sustancia de:

Voluntad
Amor
Inteligencia

y la fusión de las tres energías en Buena Voluntad.

En esta luna llena y en el mes de Cáncer, el discípulo va a cons­truir su casa iluminada. La casa a la que se hace referencia está com­puesta por los vehículos que constituyen los cuerpos inferior y supe­rior del ser humano.

¿Qué hace el cuerpo? Cada cuerpo pone la Chispa en contacto con el plano correspondiente y su vida. Cada cuerpo tiene siete sen­tidos que relacionan al hombre con siete formas de materia o sustan­cia en el plano correspondiente. A través de estos sentidos el hombre recibe información, e introduce cambios en el mismo plano. Estos cambios difieren cuando aquél toma contacto con planos cada vez más elevados, en el sentido de que les impone la armonía que él siente que es el núcleo de su esencia.

Cada cuerpo es una casa que pone al hombre en contacto con el plano por el cual es construido. El primer cuerpo es el cimiento. Lue­go están los pisos segundo, tercero, cuarto, quinto, sexto y séptimo.

Es interesantísimo advertir que a la Chispa le insumió millones de años construir los cuerpos físico, astral y mental. La gente se asombraría si supiera que sólo recientemente se perfeccionó la cons­trucción del cuerpo físico.

Los otros cuerpos no están todavía construidos. Yo diría que só­lo un treinta por ciento de la humanidad construyó su cuerpo emocional y sólo un diez por ciento puede usarlo del modo correcto. Sólo un quince por ciento de la humanidad construyó su cuerpo mental y puede usarlo. Uno en un millón construyó su cuerpo intui­tivo y sólo uno en mil millones construyó sus cuerpos átmico, monádico y ádico. He ahí porqué estos reinos superiores no existen consciente­mente para nosotros, y los seres avanzados nos observan como exis­tiendo en nuestra etapa animal de la evolución, atados a la muerte, al dinero, a las guerras, al odio, al temor, etc.

Estos cuerpos tienen otro deber:

  1. Nos relacionan con su propio plano y su propia vida.
  1. Los usamos para causar cambios.
  1. También se los usa para alimento y combate.

Nuestros cuerpos se usan para asimilar sustancia de varios nive­les a fin de que el Señor interior construya cuerpos nuevos y más sutiles. Cada cuerpo se empieza a construir partiendo de la sustancia más sutil del cuerpo inferior. Por ejemplo, las virtudes crean sustan­cias rarísimas en los cuerpos y estas sustancias las usa el Yo para construir cuerpos superiores o partes y mecanismos en cuerpos su­periores. Luego, los cuerpos se usan para la batalla en el:

plano físico
plano emocional
planos mental y superior.

Ellos ayudan a escudar o a actuar como armas. Combatir signi­fica alejar a las fuerzas o entidades que obstaculizan nuestro avan­ce en nuestro sendero de regreso a nuestro hogar. El peregrino quie­re ir a su casa, pero en el sendero hay seres tortuosos que procuran estorbarle, destruir sus vehículos y hacerle atrasar. Y cada vez que encarna como un viajero y un luchador especial, aquellos encuen­tran modos más sutiles de destruirle o esclavizarle. Así, caen pri­sioneras millones de almas, cautivas del materialismo, del sexo, de la lujuria, de los bienes, por parte de las fuerzas del odio, de la se­paratividad, la ignorancia y las mentiras. El peregrino deberá luchar contra todo esto en cada plano, enfrentando cada vez un enemigo más fuerte. He aquí porqué necesita armas más fuertes, cuerpos más vigorosos y mayor protección.

El Maestro Morya dice: “Algunas personas no pueden tolerar Nuestros frecuentes recordatorios acerca del combate… pero… el combate de la Luz contra las tinieblas continúa sin cesar. En esta ba­talla muchos guerreros prestan su ayuda, de otro modo seríamos nue­vamente devorados por el caos…” 2

“En todo el planeta hay dispersos muchos pequeños círculos. Las logias negras saben qué hacer. Pero los servidores de la Luz, por su desorganización, a menudo incluso se perjudican mutuamente. A las logias negras no se les acercan extraños, pero los servidores de la Luz, por su buen natural, o más bien por ignorancia, a menudo están dispuestos a abrazar al traidor más peligroso. Debe proyectarse indi­ferencia, que paraliza a las mejores fuerzas. En verdad, podemos agotarnos no tanto por los enemigos cuanto por la indiferencia de los amigos…” 3

San Juan revelaba un gran misterio cuando, hablando de Cristo, decía: “El fue la luz verdadera que iluminó a todo hombre que vino a este mundo”. 4 Cuando dijo a sus discípulos: “Vosotros sois la luz del mundo, que vuestra luz brille ante los hombres”. 5

“La vida estaba en Él y la vida es la luz de los hombres.” 6

“Yo soy la luz del mundo. Quien me sigue no caminará en las ti­nieblas, sino que hallará para sí la luz de la vida.” 7

Esta es la luz que brilla en el plano intuitivo, y atrae a la gente para que construya su casa de luz. Las energías de Cáncer ayudan a construir esta casa con la sustancia distribuida por Cristo en la Luna Llena de Géminis.

Cáncer nos da la sabiduría del tercer rayo. El tercer rayo es un constructor, un arquitecto. El tercer rayo se llama el Constructor del Cimiento, o el Gran Arquitecto del Universo.

Es con esta energía que la sustancia de la luz, del amor y del po­der se reúne de las esferas superiores y construye nuestro cuerpo de luz, poniendo en él la luz que brilla en las tinieblas, la presencia de Cristo.

Cuando el Sol entra en Cáncer, podemos empezar a pensar más seriamente en construir nuestra casa. ¿Qué función cumplirá esta ca­sa? Nos protegerá de todo género de ataques, y nos dará seguridad. Una vez construido nuestro templo intuitivo, tenderemos:

continuidad de la conciencia
realización de la inmortalidad
conocimiento de la Jerarquía
contacto con Cristo.

El gran Chohan, el Maestro Morya, dice: “Ponemos las piedras de los escalones del Templo. resplandeciente. En nombre de Cristo trans­portamos las rocas”. 8

Las casas a las que aquí se hace referencia son los cuerpos etérico, astral y mental superior. Estas casas deberán construirse continua­mente, una vida tras otra y en ellas la vida deberá aumentar progresi­vamente. Luego, el hombre deberá construir las casas que aún no tie­ne, como el cuerpo intuitivo, en el que brilla la luz del Cristo interior.

El plano intuitivo es nuestra casa en la que brilla la luz de Cristo. Construimos esa casa para estar con Él, porque en la oscura noche del misterio cósmico, Él es la Luz y Él es el Sendero que conduce al Hogar, no a una casa, sino al Hogar.

Todos los Grandes que pudieron construir sus casas iluminadas, las ofrecieron como rocas para construir la Casa Mayor, que es la Je­rarquía en conjunto en la que Cristo es la Luz.

Es en la Jerarquía que las rocas, o los Maestros individuales, pro­curarán construir mayores mansiones en sus Seres con la sustancia de los éteres cósmicos superiores, para usarlas a fin de construir una Casa mayor que esta vez se llama el Hogar del Padre: Shamballa.

Los graduados en las Iniciaciones superiores son las rocas que construyen Shamballa. Por supuesto, Shamballa en conjunto será una Roca Sagrada para construir otro templo en el sistema solar, y este es el proceso que comienza en el signo de Cáncer.

Cáncer tiene también el séptimo rayo que a menudo se llama:

“El Creador de la Forma”,
“Quien alimenta al Fuego sagrado”, o
“El Revelador de la Belleza”.

El discípulo trabaja y crea científicamente la forma. Trata de ali­mentar el Fuego sagrado o la Luz sagrada, y procura manifestar a la Luz como belleza.

En nuestra vida, la belleza es la manifestación de Cristo. Es inte­resantísimo recordar que una vez que un hombre llega a ser Alma viva consciente, se celebra un matrimonio, una fusión mística con Cristo. Uno de los discípulos, reveló este secreto diciendo:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.” 9

Con esta energía del séptimo rayo creamos un campo correspon­diente de servicio. Alimentamos el fuego sagrado del entusiasmo, y revelamos la Belleza interior, el Cristo en nuestra vida.

Hay otras dos energías. Una de ellas es el sexto rayo procedente de Neptuno, un planeta sagrado, que es el regente esotérico. El sex­to rayo ayuda a construir la casa. Dos de sus nombres son El Picape­drero y Quien conduce a los Doce.

La energía del sexto rayo que proviene de un planeta sagrado crea en nosotros “la voluntad de causar”. Causar significa ser una causa, no un efecto. Ser una causa significa ser el Yo y no los cuerpos. Esta energía rompe las piedras de la personalidad y libera al es­píritu oculto o cautivo en las piedras. Una vez rotas las piedras de la personalidad este rayo conduce al Alma hacia los Doce. Se torna conscientemente sensible a las energías del zodíaco y usa estas ener­gías para construir su casa sobre el plano intuitivo.

La siguiente energía es el cuarto rayo, simbolizado por la luna. El cuarto rayo tiene importantísimo papel que representar en la cons­trucción de la casa. Se llama la Trompeta del Señor que advierte acerca del enemigo, nos llama al trabajo, y crea la voluntad de armonizar y relacionar. Una buena construcción es el resultado de la armonía y de la proporción correcta.

La luz de esta casa que, al principio, es una luz brillante, crece ca­da vez más a medida que el hombre gira en torno de la rueda del zo­díaco expandiendo y enriqueciendo su conciencia. Cada signo zodia­cal ofrece un matiz o un voltaje diferente a su conciencia.

En Aries, está la conciencia subjetiva latente, una luz opaca, una simiente de luz en el hombre y en cualquier forma viva. Cuando el Sol entra en el signo de Aries empezamos a meditar en la simiente de luz en toda forma.

¿Qué es esa semilla de la conciencia? ¿Qué es la conciencia? ¿Soy consciente? ¿Cómo podré introducir mi conciencia en la per­fección? ¿Cómo podré ver la semilla de la conciencia en cada forma? ¿Cuál será el efecto de esto en mi vida? Esta meditación continuará durante un mes lunar.

El segundo signo es Tauro. En Tauro, está la energía que nos con­duce hacia la conciencia del sendero. El sendero es la distancia en­tre una persona y su visión suprema, entre ella y aquello a lo que as­pira, o a lo que será. El sendero es la distancia y la duración en la que la semilla se convierte en flor. En Tauro, meditamos sobre la conciencia del sendero.

Deberá preguntarse: “¿Tengo un sendero? ¿Adónde voy? ¿Ten­go una dirección? ¿Estoy perdido en la selva? ¿Soy un bote perdido en las olas del océano?” Si hay sendero, éste deberá conducirnos a la sobrevivencia, a la alegría y a la creatividad. “¿Cómo voy a encon­trar mi sendero y ser un sendero que conduzca a los demás hacia la unidad, la síntesis y la armonía?”

La conciencia del sendero es comprender que hay un sendero que conduce a la unidad. Cualquier otro sendero que no conduzca a la sobrevivencia, a la alegría y a la creatividad no es un sendero si­no un laberinto en el que una persona corre dando vueltas como un perro en busca de su cola.

Si no hay sendero, no hay posibilidad de sobrevivencia, ni posi­bilidad de existencia. El hombre sólo podrá existir si viaja hacia su divinidad, hacia su futuro. Sólo marchando hacia su futuro, hacia su destino, el hombre podrá existir. La existencia es un estado siem­pre creciente de conciencia y un proceso de desarrollo continuo hacia la Divinidad.

El siguiente signo, Géminis, nos da la oportunidad de pensar en la conciencia de la dualidad.

Podemos preguntarnos: “¿En qué dirección debo ir? ¿Serviré a las tinieblas, a la traición, al delito, o serviré al amor, a la luz y a la belleza? ¿Colaboraré, seré amplio y sacrificado, o serviré a la confusión, al espíritu separatista y al egoísmo? ¿Qué quiero? ¿Me droga­ré o me construiré? ¿Ayudaré a la gente o seré un explotador? ¿En qué dirección voy? ¿Hacia el espíritu o hacia la materia, hacia mis intereses egoístas o hacia el servicio humanitario?”

La conciencia de la dualidad es el conocimiento de que hay un sendero doble y que debemos tomar una decisión. Cristo dice que escojamos el sendero angosto porque el ancho es el sendero fácil y perezoso que conduce a las tinieblas y a la muerte. El sendero angos­to conduce a la vida.

El siguiente signo es el de Cáncer. En Cáncer, está la concien­cia masiva, la conciencia instintiva. La conciencia masiva será el pensamiento simiente para este mes. Pregúntese: “¿Cómo podré desarrollar una conciencia masiva, una conciencia con la que pueda pe­netrar en la conciencia de las masas?”

Este es un mes en el que la luz en las masas deberá fortalecerse y construirse la casa de luz. El desarrollo de tal comprensión de la uni­dad con toda la humanidad cambiará la faz del mundo y disminuirá el dolor en este planeta.

Luego está la conciencia de Leo. Es la conciencia de la indivi­dualidad. ¿Nos sentimos individuos libres, realizados, autodetermi­nados, o respondemos como parte del rebaño? ¿Tenemos concien­cia de nuestro derecho a existir y crear, y que los demás tienen el mismo derecho a existir y crear? Una persona no puede apreciar la individualidad de los demás si no tiene conciencia de su propia individualidad.

Al comprender esto, comprendemos que somos un individuo único. Somos una rosa, pero también somos conscientes de que el prójimo es un individuo único y es un jazmín o un lirio, que es igualmente bello. Nuestra propia existencia demuestra la existencia del otro. La existencia de otra persona demuestra su existencia.

Mi existencia le hace mejorar; su existencia me hace mejorar. En realidad, si existo yo solamente, no existo porque no hay nadie que dé testimonio de mi existencia: y he ahí porqué Dios no exis­te si Él no se manifiesta.

La conciencia individual reconoce que somos parte de una gran máquina, pero también reconoce que las otras partes son absoluta­mente necesarias para hacernos valiosos y ayudarnos a realizar nuestro trabajo.

En una ocasión, un hombre compró una pequeña pintura de un gran artista por dos millones de dólares. Años después, el compra­dor se enteró de que el artista había sido asaltado y asesinado. Nos podemos preguntar cómo es que algunas personas aprecian muchí­simo la obra de un gran artista y otros matan al artista, que es una de las piezas maestras de la naturaleza. Tal vez hallen excusas para hacer esto. Piensan que pueden matar porque difieren en religión, en raza o en color. No tiene sentido que cuando llegamos a la ma­durez podamos usar todas estas “notas” diferentes para construir la sinfonía de la humanidad. Pero, si tenemos una sola nota, nos ve­remos despojados de nuestra mayor creatividad.

En Virgo, desarrollamos la conciencia de Cristo. ¿Qué es la consciencia de Cristo? Es razón pura, pensamiento despejado, neta expre­sión de unidad, síntesis, armonía, ritmo, consagración absoluta al bienestar humano, total compromiso de servir y sacrificarse, e inven­cible empeño en pos de la perfección.

En Libra, debemos desarrollar la conciencia del equilibrio. El equilibrio es comprender dónde está una persona en el sendero de la evolución. Su posición es que, dondequiera que esté, es un equilibrio entre espíritu y materia, entre pregunta y respuesta, entre luz y oscu­ridad, entre comienzo y realización. La conciencia del equilibrio deberá viajar a los niveles superior e inferior sin perder la luz o el con­tacto de la realidad.

El equilibrio es el esfuerzo enderezado a ser equitativamente consciente de lo superior y lo inferior en cualquier nivel. Es darse cuenta de la divinidad y de la aptitud para vivir en forma de hombre.

Un hombre de equilibrio es quien lleva consigo la paz, la com­prensión y la colaboración dondequiera que vaya, con quienquiera que tome contacto. Crea equilibrio, reconoce el valor y los derechos humanos, y estabiliza la belleza, la bondad y la verdad. Un hombre no podrá estar en estado de equilibrio a menos que su conciencia sea divina y humana al mismo tiempo. Deberá sostener la mano de Dios y la necesidad de la humanidad simultáneamente.

En Escorpio, se desarrolla la conciencia de la Jerarquía. Recuer­do que un día mi padre me preguntó si existían seres sobrehumanos avanzados.

Le dije: ‑‑Creo que sí.

Entonces mi padre me preguntó por qué yo creía eso. Le contes­té: ‑‑Si yo voy a tres kilómetros por hora y otro marcha a trescien­tos veinte kilómetros por hora debido a su empeño y dedicación, es­te hombre estará tanto más adelantado que yo que será mi maestro o jefe en encarnaciones futuras, si es que nos encontramos de nuevo.

‑‑Sí, sí, sí, ‑‑dijo mi padre‑‑ ten presente lo que acabas de decir.

En Escorpio, tratamos de desarrollar un contacto con tales seres avanzados y de reconocer su existencia colectiva en nuestro planeta.

El siguiente signo es Sagitario, en el que desarrollamos la con­ciencia del Alma a través de las iniciaciones primera y segunda.

Esta es la etapa en la que el hombre está despertando a la realidad de que es una existencia inmortal eterna.

El siguiente signo es Capricornio que tiene la misma concien­cia del Alma, pero que continúa hasta la tercera iniciación.

En este mes, una persona va a construir la conciencia del Alma elevándose desde su efímera naturaleza física, emocional y mental hasta tener, a su tiempo, vislumbres de la existencia y la naturaleza de su Alma, y crear gradualmente un diálogo o una comunicación con su Alma.

Acuario es el que sigue y en él tratamos de desarrollar una consciencia grupal. La consciencia grupal es la aptitud para unir todas las conciencias separadas y hacerlas trabajar por una meta común: de diferentes modos, si es necesario, pero hacia la misma meta. La conciencia grupal conduce a la colaboración, la armonía y la com­prensión supremas.

El último signo es Piscis en el que desarrollamos la conciencia de Shamballa, la consciencia divina. Damos alas a nuestra imagina­ción creadora y pensamos una y otra vez en qué podrá ser la consciencia divina, y nos preguntamos: “¿Hay un modo de entrar en con­tacto con semejante conciencia o de desarrollarla?”

Cada vez que encarnamos en un signo, enriquecemos nuestra au­ra con la conciencia de ese signo, una y otra vez hasta que alcanza­mos una etapa en la que empezamos a viajar por el zodíaco en sen­tido contrario a las agujas del reloj.

El viaje a través del zodiaco tiene la finalidad de construir nues­tra casa. Nuestra casa es nuestra aura en la que el Cristo brilla. Al inundarse nuestra aura con sustancia cada vez más elevada, se convierte en una rueda lumínica de doce rayos que provienen del cen­tro e irradian doce colores. Nuestra aura corresponde al nivel en el que estamos construyendo nuestra casa.

El signo de Cáncer permite a un hombre “que responda a los con­tactos provenientes de todos los puntos de la brújula, de todos los ángulos de la rueda zodiacal y tanto de lo que está dentro como de lo que está fuera”. 10

En el mes de Cáncer, somos sensibles a las energías de todos los signos zodiacales. El mes siguiente empezamos de nuevo, en el signo de Leo, a desarrollar nuestra conciencia individual.

Cáncer se relaciona con la personalidad y también con el Alma. Si se trata de un hombre promedio, influye en él su personalidad; si es un discípulo, en él influye su Alma. Quienes están en el nivel de la personalidad, usarán la energía para su instinto de conservación. Los que son discípulos usarán la energía para construir grandes formas de pensamiento que servirán para la elevación y la seguridad humanas.

Cáncer es parte de la Cruz Cardinal: Aries, Cáncer, Libra, Capri­cornio. El canceriano recibe energía directa de los otros cinco plane­tas. “El sujeto de cáncer se vuelve sensible a los usos del conflicto (Marte), al funcionamiento de la luz de la intuición (Mercurio) y a la atracción cósmica de Urano, más el intelecto de Venus y la presen­tación de la oportunidad (Saturno).” 11

Estas influencias no le llegan al hombre promedio, sino a los que vencieron a sus naturalezas física y emocional y ahora trabajan en sus mentes superiores.

La meta del discípulo en el mes de Cáncer será construir su casa de protección y contacto, y a su tiempo la convertirá en un instru­mento de servicio para las masas.

¿Cómo construimos nuestra casa? La construimos mediante nuestras acciones, reacciones emocionales, pensamientos, visiones, palabras y empeño en procura de servir y perfeccionarnos.

Los grandes iniciados construyen sus casas de modo tan refina­do que pueden combatir el mal cósmico y protegerse de los ponzo­ñosos dardos de los oscuros y destructivos pensamientos e ilusiones.

  1. Astrología Esotérica, Alice A. Bailey, pág. 488
  2. Agni Yoga Society, Hierarchy, párrafo 354
  3. Agni Yoga Society, Fiery World I, párrafo 351
  4. Juan 1:9
  5. Juan 1:9, Mateo 5:16
  6. Juan 1:4
  7. Juan 8:12
  8. Agni Yoga Society, Leaves of Morya´s Garden, 1, párrafo 73
  9. Gálatas, 2:20
  10. Astrología Esotérica, Alice A. Bailey, pág. 244.
  11. Astrología Esotérica, Alice. A. Bailey, pág. 244

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