Las pantallas no solamente influyen decisivamente en la génesis de la hiperactividad y el déficit atencional de nuestros niños, sino que nos ponen frente a la disyuntiva de formar seres humanos que se encaminan hacia su libertad o a formar autómatas de la cultura imperante.

Carina Vaca Zeller, 2018-04-22

Lo que aquí se va exponer no pretende ser un mandato, sino simplemente la descripción de fenómenos que todos van a reconocer y los pensamientos al respecto (también se mencionan muchos estudios, que pueden encontrar citados en forma precisa en los textos originales de la bibliografía) y ya habiendo cumplido con la tarea de poner estas cosas en la consciencia, dejarlos en su libertad, con la pregunta ¿qué es lo que yo quiero para mis niños y su futuro?

 

Todo esto además con la consciencia de que lo que se pierde en estos años, lo que no se desarrolla, nunca más se puede recuperar con la misma intensidad y profundidad. Por eso los científicos hablan de ventanas que por un tiempo se mantienen abiertas para las influencias desde afuera y que después se cierran.

“Rudolf Steiner ya pronostica todo lo que hoy está pasando. Y no tiene ningún sentido oponerse a esto, pero si tiene que haber un desarrollo de los seres humanos, que vaya en paralelo que se ponga a la par de esto.” Claro que hay que tener presente la naturaleza del niño, cómo éste se desarrolla, cómo aprende y cuál es el efecto del uso de pantallas en cada etapa. Los niños no son pequeños adultos y de eso se trata este texto.

Estas son palabras de la Dra Michaela Gloeckler, ex-directora de la Sección Médica del Goetheanum (Centro mundial de la Antroposofía en Suiza): Una pedagogía de los medios…premia a los medios como un gran logro de la cultura de la humanidad por todo aquello en lo cual nos ayudan. Yo soy una entusiasta usuaria de internet. Si hay suficientes seres humanos libres, entonces internet es grandioso. Pero si hay puros dependientes, adictos a las pantallas, usuarios que dejan las escuelas, entonces internet es un peligro para la vida. Pero es un instrumento genial para el involucramiento de la sociedad civil, para la conciencia global. También sé la cantidad de tiempo que uno pierde en esto, pero yo creo que nuestro futuro cultural depende mucho de internet. Pero esta extensión inabarcable, tiene que ser compensada por la máxima profundización.

Si bien hay evidencias contundentes sobre el potencial carcinogénico de la exposición a los campos electromagnéticos, no me enfocaré en este daño, ya que considero que los temas escogidos son prioritarios en cuanto a los efectos de las pantallas sobre el ser humano global.

 

Exposición de los niños a las pantallas

Hoy en día, la tecnología es una herramienta imprescindible para la humanidad. Hemos llegado a un nivel de desarrollo que, sin la tecnología, no podría existir y subsistir. Pero es importante que nosotros la usemos a ella para lograr nuestros fines humanos más altos, que no nos esclavicemos de ella y pasemos a ser un mero engranaje en la política de libre mercado.

Los efectos de las pantallas sobre el pensar, sentir, y la voluntad.

 

Sobre el pensar

Está demostrado en muchísimos estudios que ver pantallas no favorece el desarrollo intelectual de los niños, ellos tienen peor rendimiento cognitivo en el colegio.

Cuando uno piensa, sin darse cuenta, forma una imagen interior pensante de aquello que tiene como contenido de su conciencia. Así es como comprendemos. Cuando un niño o adolescente está muy acostumbrado a recibir todo en forma de una imagen perfectamente lograda desde afuera, pierde la práctica de formar imágenes propias, por lo tanto no puede entender aunque pueda leer; no puede entender eso que lee sino tiene una imagen desde afuera. Por lo tanto se atrofia la capacidad de pensar. A esto se le llama analfabetismo funcional.

 Sobre el sentir

En las pantallas se nos hace sentir lo que los productores quieren hacernos sentir, a través de músicas, efectos especiales, zoom, distintos puntos de vista etc. En la medida que nos vamos acostumbrando a estas imágenes, cada vez nos insensibilizamos más, por lo tanto los estímulos deben ser más fuertes para despertar nuestra emoción. Con las pantallas por lo tanto, se atrofia la capacidad de sentir. Ya no se es capaz de sentir de una manera sutil porque el sentir suele estar embotado.

Cuando se escucha o se lee una historia, por ejemplo cuando aparece un ser malavado-horrible, uno se lo imagina tan horrible como es capaz de tolerarlo. En las imágenes de pantallas, se nos impone una imagen que muchas veces no somos capaces de tolerar – en el mejor de los casos nos tapamos los ojos- para que no nos dañe. Cuando es una imagen que no hemos sido capaces de “metabolizar”, ella “nos persigue” y no nos la podemos sacar de encima.

Sobre la voluntad

Al mirar una pantalla, no tenemos que hacer absolutamente nada. Ni siquiera tenemos que acomodar el ojo porque la distancia que nos separa de la pantalla es siempre igual, a pesar de un supuesto cambio en las profundidades que se mira. Está comprobado que las ondas del electroencefalograma al mirar pantallas son parecidas a las que se producen durante el estado de hipnotismo. Se gasta menos calorías viendo pantallas que durmiendo, esto comprueba el nivel de inactividad tan grande del que somos presos al mirar pantallas. Ya no hace falta esforzarse para nada, tocando la pantalla con un deslizamiento de dedo se logra lo que uno quiere, o al menos la ilusión de lograr lo que uno quiere. En la vida real uno tiene que esforzarse para lograr las cosas. Así se genera un alto nivel de inactividad y de comodidad. Esto está muy asociado a la alta tasa de obesidad que hay hoy en día. Está comprobado que a más horas de pantalla existe mayor índice de obesidad. Nuestra voluntad, nuestra capacidad de hacer, se atrofia claramente con el uso de las pantallas.

Esto además produce un alto índice de intolerancia a la frustración. Hoy en día los niños ya no están preparados para vencer los obstáculos y las dificultades de la vida real, donde no todo se resuelve deslizando el dedo. Por lo tanto los niños se frustran y ofuscan si algo no les resulta en el primer intento. Se sabe que una personalidad es más madura, mientras mejor tolere las frustraciones. Debemos preparar a nuestros niños para su vida.

La forzada falta de movimiento que se produce frente a la pantalla, con derecho se puede ver como violencia ejercida hacia los niños.

Con las pantallas, se reciben 24 imágenes por segundo. Todo eso se sumerge en el inconsciente y genera gran inquietud. Al apagar la pantalla, por el acostumbramiento a recibir ese tipo de estímulos, se quiere reproducir esta experiencia, pero sin las pantallas (además con una voluntad debilitada), se va de estímulo en estímulo sin poder profundizar en ninguno. Esto es lo que hoy en día llamamos déficit atencional con hiperactividad.

 

Visión y pantallas

El mirar es un proceso activo, en donde los músculos oculares fijan distintos puntos de la imagen total, es como que fueran tactando desde diferentes lados, para formar una imagen entera. Al mirar pantallas esto no se puede hacer, ya que los puntos de los que se forma una imagen van cambiando 24 veces por segundo y esto no permite que el observador palpe con sus ojos como lo hace habitualmente con otras imágenes que no se modifican tan velozmente. La imagen de la pantalla se genera sobre la retina sin activar los habituales movimientos oculares. La pupila se estrecha al mirar pantallas. La amplitud de la pupila no obstante, muestra el grado de actividad cerebral y de vigilia. Cuando se reduce la actividad ocular, está inmovilidad se vierte a todo el cuerpo. Este estancamiento en el movimiento se ve en los niños, que habitualmente muestran gran alegría por moverse, que pueden estar incluso horas inmóviles frente a la pantalla. Esto es lo que Patzlaf llama “la mirada congelada”.

Movimiento exterior e interior

“Se sabe que el movimiento, los movimientos físicos diestros son los que más estimulan al sistema nervioso. Imagínense lo que ocurre frente a la pantalla, en que se está todo el tiempo quieto. También es importante que haya movimiento anímico. Es decir una clase -por ejemplo- tiene que realmente interesar, entusiasmar, emocionar de distintas maneras a los niños. Tiene que producirles realmente movimientos anímicos, donde ellos estén profundamente involucrados en lo que se les enseña. Y lo que se aprende que nunca sea aburrido. Ese es el único remedio contra la dependencia a las pantallas.”

 

¡No es el contenido lo que más daña a los niños!

Para los adultos es obvio que un contenido agresivo, superficial y con características nefastas no sea beneficioso para los niños, pero lo que no es tan evidente es que lo más dañino no es el contenido sino la pantalla en sí. El dañar las tres facultades del alma, es decir el pensar, el sentir y la voluntad humanos es el daño más grande que se le puede hacer un ser humano.

En el electroencefalograma se ve que, mirando pantallas, las ondas beta de la atención y de la vigilia disminuyen y aumentan las ondas alfa, que son las que habitualmente aumentan en la oscuridad o con ojos cerrados. Además, se produce una inmovilidad de los movimientos oculares, disminuye el índice metabólico y disminuye la frecuencia cardíaca; por lo tanto, el observador es llevado a un estado de conciencia crepuscular. No es de sorprender que mirando pantallas se gasten menos calorías que sin hacer nada o durmiendo.  ¡Hay que imaginarse ese grado de inactividad! Pero para mantener la atención del observador se realizan distintos cortes en la imagen, iluminaciones exageradas o efectos especiales con la luz o el sonido, movimientos de la cámara, zooms, tomas desde distintos puntos de vista, en un intento por mantener despierto al espectador. La voluntad de mirar se entrega a la máquina y se imita a una marioneta, con la ilusión de que aquí uno mismo es activo. Las técnicas de cámara son instrumentos de manipulación, que no sólo generan estrés, sino que también pueden ser mal usados.

Cómo se produce el proceso de conocimiento el niño pequeño

El niño en la primera etapa no aprende con la cabeza sino con el cuerpo completo. El niño no se enfrenta al mundo en forma dualista, con la mente que piensa, registra y asimila. El niño se conecta físicamente con las cosas. El niño toma y capta en su consciencia sólo aquello, que anteriormente pudo tomar y tocar físicamente; él entiende recién después de haber aprendido a pararse y a caminar. Toda experiencia a esa edad es de los sentidos, concreta.

Todas las experiencias iniciales tienden a conformar nuestro cerebro y nuestra forma de conocer el mundo. Cuando uno conoce desde la experiencia, el pensar, el sentir y la voluntad suelen consonar. Cuando se conoce sólo desde la cabeza suele haber después una contradicción entre lo que se piensa y lo que se siente y lo que se hace por otro lado, ya que el conocimiento no ha permeado al ser humano entero. Éste es el problema más grande de los seres humanos en la actualidad: la falta de coherencia.

En los niños pequeños por ejemplo si están conociendo un vaso con agua adentro, lo pueden mirar por todos lados lo pueden tocar, pueden sentir su textura, su temperatura, pueden meter el dedo adentro del agua y mojarse, pueden olerlo etc. Cada una de estas experiencias activan vías nerviosas muy distintas. Todas ellas tienen que integrarse y desde allí se forma el concepto vaso con agua de una manera muy rica, desde la complejidad de la realidad con sus múltiples aspectos. Cuando uno conoce un vaso con agua a través de una pantalla sólo se usa un sentido, sólo se usa un punto de vista y todos los otros sentidos no son usados. Por lo tanto se usa sólo un circuito neuronal y el conocimiento adquirido de esta manera es muchísimo más pobre y plano. Así se va formando el cerebro de los niños de manera más rica, compleja y vívida o de una manera plana, pobre, monótona y no acorde a la realidad.

Hasta los tres años de vida, se producen sinapsis neuronales, que si se inhiben, no se pueden desarrollar más en una vida posterior. Hasta el cuarto año de vida se desarrolla la postura erguida, el caminar y la coordinación de las manos. Hasta el décimo año de vida se desarrolla la motricidad fina de las manos y de los miembros, que deben ser estimulados de múltiples maneras. Hasta el cuarto año de vida se desarrolla la agudeza visual y la capacidad espacial de percepción, pero el manejo de la musculatura del ojo para mirar recién está plenamente a disposición a los 18 años.

Los niños deben aprender no sólo con la cabeza, sino que tienen que experimentar algo con todo el cuerpo. El mirar una playa con palmeras, después una gran ciudad de noche, el niño no los puede entender. Su mundo es el espacio de la habitación en donde se encuentra la pantalla. Se produce una división patológica en el proceso de percepción que afecta al desarrollo de su cerebro.

El niño hasta los 6-7 años debe aprender imitando. Es decir, moviéndose. Él debe tener seres humanos con comportamientos dignos de ser imitados. El niño pequeño hace algo, porque lo hace, siente algo y porque siente, se genera un pensamiento al respecto. En el adulto es al revés (idealmente). El adulto comprende algo en su pensamiento, porque lo piensa, lo siente y porque lo siente lo hace. Por eso el tratar de enseñar desde la cabeza a un niño pequeño no es fisiológico y acorde con su desarrollo, más bien va en contra de él. ¡Los adultos tienen que enseñar con el ejemplo! La mejor educación de un niño pequeño, se logra mediante la autoeducación del adulto.

Los niños pequeños necesitan ver a adultos haciendo tareas con sentido. Para ellos, tareas con sentido no son estar frente a una pantalla, sino transformar materias, como cocinar, limpiar, trabajar en las plantas, hacer la cama etc…

Las imágenes de la pantalla no nos dan una percepción real

La pantalla con la tecnología de hoy, la tecnología oled, nos da percepciones ilusorias. Las tecnologías de pantallas han evolucionado en el tiempo: primero se usó en la TV el tubo de rayos catódicos, luego se produjeron las siguientes tecnologías para las pantallas: LCD, LED, Quantum Dot y ahora el OLED.

En cualquiera de las últimas tecnologías de pantallas, de lo que se trata es de píxeles, es decir de puntos sobre una superficie con colores que nos dan la ilusión de una imagen completa. Cuando vemos un movimiento en la pantalla, tanto mis ojos como mi cerebro están siendo engañados y se me da la ilusión de un movimiento.  En realidad lo que estoy viendo son muchas imágenes quietas un modo muy rápido una detrás de la otra. Se me muestra 24 imágenes por segundo. Para mis ojos es como si estuviera viendo un objeto en movimiento.

La segunda es la ilusión del color. En la tecnología oled cada pixel se divide en tres subpixeles de color rojo, verde y azul, que se prenden de manera independiente y se combinan con distintas intensidades entre sí. Cuando vemos blanco por ejemplo, en verdad cada pixel tiene al máximo prendido el color rojo, verde y azul.  Con la combinación de diferentes intensidades de cada uno de estos tres colores, se puede generar la ilusión de millones de colores.

Cómo relacionar a los niños a las pantallas para que no les haga tan mal

En general, los niños si se les ofrece una opción mejor que las pantallas, prefieren esa opción. Eso implica un poco de incomodidad para los padres o cuidadores. Les ruego: ¡No dejemos a nuestros niños como con un chupete electrónico frente a la pantalla! Sugiero que antes de los tres años los niños no estén en contacto con pantallas. Después hay que tener un contacto que sea lo más medido posible, ya que, si a los niños se los priva totalmente del contacto con las pantallas, cuando ven alguna, se quedan prendados de ella sin poder despegarse, ya que no han desarrollado herramientas propias para poder hacerlo. Si se los deja ver un poco, esto funciona al modo de vacuna. Además, los niños que ven un poco ya sienten que ven pantallas al igual que los otros niños y que no es un elemento prohibido misterioso, al que ellos no tienen ningún acceso y los otros niños sí, “lo cual a la larga puede llevar al niño a ver televisión escondidas, en forma extensa y descontrolada.”  Así ellos sienten que ven pantallas igual que otros niños, pero no les alcanza a hacer tan mal, porque es por poco tiempo.

Un acercamiento racional y natural al aparato objetiva el tema televisión para el niño y es al mismo tiempo una preparación para el uso responsable de este medio para la entrada a la adultez.

Mis sugerencias son (tomando en cuenta la suma del tiempo de todas las pantallas):

  • niños de 3 a 4 años, máximo 15 minutos por día
  • niños de 4 a 5 años, máximo 20 minutos por día
  • niños de 5 a 6 años, máximo 25 minutos por día
  • niños de 6 a 8 años, máximo 30 minutos por día
  • niños de 8 a 9 años, máximo 45 minutos por día
  • niños de 9 a 11 años, máximo una hora por día
  • niños mayores de 11 años, máximo una hora y media por día.

Esto funciona de tal modo que si un niño que puede ver 30 minutos máximo, un día vio una película que dura una hora, entonces se consumió el crédito del día siguiente y por lo tanto al día siguiente le toca no ver nada de pantallas. Si un día no ve pantallas, entonces mucho mejor. Esto no significa que se acumula permiso extra para el día siguiente.

“Los adultos debieran considerar su deber el acompañara el niño cuando este ve televisión, incluso cuando se trata de un programa netamente infantil. Un niño casi siempre tiene preguntas y observaciones que quiere comentar con un adulto. Esto debe ser posible para que las imágenes no lo abrumen, sino que haya una comprensión de lo visto. Los comentarios de lo que se ve, se van haciendo según la edad del niño. Con un niño de diez años o mayor se puede ver con él por ejemplo las noticias o una película y se puede llevar la atención a los trucos de los directores para alcanzar ciertos efectos, los sentimientos inconscientes a los cuales apela la propaganda, cómo se influencia al espectador con el movimiento de la cámara, una música determinada etc. Mientras más observaciones haga el adulto, más conscientemente aprende el niño mayor o adolescente a ver pantallas. Después de ver la programación, pueden conversar sobre lo que han visto juntos.

Nuestro cerebro, al igual que un músculo, si se lo utiliza se estimula su desarrollo; si no se utiliza, se atrofia. Las sinapsis se transforman continuamente según si se las utiliza o no se las utiliza. Cuanto más superficialmente se trate una materia, menor será el número de sinapsis que se activa en el cerebro, por lo tanto, se aprende menos. Por este motivo los medios digitales e Internet producen un efecto negativo en el aprendizaje. Todo es superficial como experiencia por medio de las pantallas. No hay una experiencia rica y profunda, que realmente deje una huella.

Los computadores procesan informaciones; las personas que aprenden, también (aunque de un modo más complejo). De ahí se deduce erróneamente que los ordenadores son estupendas herramientas para el aprendizaje. El aprendizaje presupone un trabajo intelectual autónomo. Cuanto más y sobre todo cuanto más profundamente trabajamos con la mente una materia, tanto mejor la aprendemos. Justamente porque los computadores nos quitan trabajo mental (entre otros), no sirven para un aprendizaje de mayor calidad.

Hay estudios que muestran un efecto comparativo del aprendizaje asistido por el computador versus el aprendizaje sin computador y se muestra que el aprendizaje asistido por computadora, produce un efecto negativo en el rendimiento.

Es fundamental que los momentos de despertar y de dormirse sean momentos muy cuidados y que no se vea pantalla apenas los niños despiertan o antes de dormir. Este hecho influirá decisivamente tanto en la cualidad de su día, como en la cualidad de su sueño.

Patzlaf: Una vez desarrolladas las capacidades de creatividad y actividad propia del niño, los padres pueden tomar con calma el hecho de que su hijo vea un poco de televisión en algunas ocasiones. Un niño fortalecido interiormente no se verá dañado por esto, sobre todo cuando el adulto lo dosifica bien.

Evidencias científicas de la relación de las pantallas con el TDAH

Según una revisión de la literatura científica disponible, la exposición en la infancia y adolescencia a la televisión se relaciona con un riesgo elevado de desarrollar problemas de atención, dificultades escolares, comprensión lectora deficiente y otros trastornos comunicativos, existiendo una relación directa entre el número de horas de exposición con el fracaso académico; además el trastorno por déficit de atención e hiperactividad sería un factor de riesgo de adicción a Internet y juegos, existiendo evidencia sobre la asociación entre adicción a videojuegos y TDAH.  Sólo un pequeño número de artículos desacreditaron la asociación entre la pantalla y los problemas de atención o trastorno de déficit de atención hiperactividad. Conclusiones: existe una particular relación entre el uso excesivo de pantallas y los problemas de atención y TDAH, considerándose un factor de riesgo para su desarrollo.

Cómo manejar el tema de las pantallas en los adolescentes

Según Patzlaf entre los 15-16 años debiera haber desarrollado el joven la capacidad de criticar lo suficiente, para usar el medio de las pantallas en forma responsable. Si la niñez fue rica en el juego, movimiento, música y fantasía, imágenes interiores y experiencias sensoriales, entonces los padres pueden confiar en que su hijo o hija encontrará su propio camino.

En la adolescencia en general se cosecha los frutos de lo que se sembró durante la educación en la niñez. Un adolescente sano debiera estar lleno de ideales, sumido en todo tipo de lecturas, con grandes intereses sociales por ayudar al otro y transformar el mundo; ojalá además supiera tocar bien un instrumento y usara gran parte de su tiempo libre en practicar música. Sería deseable que también gozase con la actividad física. Los adolescentes que ven mucho tiempo de pantalla por día, están muy desmotivados en general, nada les interesa mucho excepto la pantalla, ya no son capaces de leer un libro, les interesa más relacionarse con la gente a través de las redes sociales que a través de un contacto personal directo. Está demostrado que tienen peor rendimiento académico, que tienen mayor índice de depresión, de adicción a la pantalla entre otras, de trastornos severos del sueño y que tienen pocas habilidades sociales. Esto no es un estado transitorio, son las capacidades de la vida que estamos formando para cuando los jóvenes sean adultos y para toda su vida.

A los adolescentes les importa mucho su libertad. Cuando uno les hace ver que con el consumo excesivo de pantallas no están siendo libres, no están manejando a las pantallas de acuerdo a lo que ellos deciden, sino que están siendo dependientes de ellas y que por lo tanto están perdiendo su libertad, esto les causa repulsión y les produce un despertar.

Aprovechemos las grandes cualidades de la adolescencia: la creatividad, el idealismo, el afán generoso transformador hacia el bien y entreguémosles a nuestros adolescentes oportunidades para desarrollarse en este sentido, como seres humanos que se encaminan a ser seres productivos, en el mejor sentido de la palabra para este mundo, lo que antes se llamaba hombres de bien. No dejemos que un adolescente se pierda como ser humano y que el mundo pierda la posibilidad de tener un gran ser humano en él.

La cultura de las pantallas

Hoy todo es diferente a cómo era antes y es cierto que los tiempos cambian, pero debemos saber cuáles cambios son evolutivos y cuáles nos llevan al decaimiento como humanidad. Por ejemplo el sueño es indiscutiblemente un tesoro a cuidar, también lo son nuestras capacidades sociales.

Un estudio hecho con niños entre 8 y 12 años de edad, demostró que el consumo frecuente de redes sociales tiene un influjo desfavorable en las relaciones sociales exitosas. Aquellos que hablaban más directamente con otras personas, tienen más éxito en sus relaciones sociales.

Quien ve más vídeos, quien tiene su propio móvil, quien tiene una televisión en su propio cuarto, quien más frecuentemente está en línea, esa persona duerme menos. Por el contrario, quien tiene más amistades en el mundo real, duerme más. El hecho de que la utilización de los medios digitales esté vinculada a una menor cantidad de sueño da motivos para preocuparnos por la capacidad de rendimiento mental de la próxima generación. No sólo la cantidad, también la cualidad del sueño se afecta. A mayor consumo de pantallas se producen más terrores nocturnos, más pesadillas y sueño inquieto -no reparador-.

La melatonina es la hormona que regula el ciclo sueño-vigilia. La luz que emiten las pantallas es muy intensa y directa a los ojos, lo que posterga el inicio de la secreción de melatonina y genera un retraso en el comienzo del sueño y produce además un sueño de peor calidad.

Quien adquirió sus competencias sociales de una manera tradicional, cara a cara, apenas resultará perjudicado por las redes sociales y las utilizará cómo utiliza el teléfono o el correo electrónico personalizado. En cambio, quien apenas tuvo posibilidad de desarrollar una conducta social y de niño o adolescente realiza la mayor parte de sus contactos sociales en internet, posee las condiciones para que su conducta deje mucho que desear. Los estudios más recientes sugieren que las áreas del cerebro responsables de la conducta social, no se desarrollarán normalmente con el uso creciente de pantallas; además aumenta la soledad, la incapacidad de relacionarse con seres humanos en vivo y el índice de depresión.

 Adicción las pantallas

De la misma manera que ha disminuido el consumo de nicotina, alcohol y otras drogas, la adicción a las pantallas ha aumentado de una manera dramática. A su vez se muestra cada vez más, un gran aislamiento social. Las redes sociales digitales producen contactos de menor calidad y superficiales.

En Estados Unidos los adolescentes pasan más tiempo usando los medios digitales, aproximadamente siete horas y media al día, que durmiendo, según muestra un estudio llevado a cabo con más de 2000 niños y adolescentes entre los ocho y los 18 años. En Alemania los escolares pasan más tiempo consumiendo medios que en la escuela, casi cuatro horas.

En Corea del Sur, por ejemplo, el país con mayor densidad de medios digitales en las escuelas, en el año 2010 el 12% de los escolares eran adictos a internet.

La tecnología es tan estimulante que aumenta los niveles de dopamina, el más implicado neurotransmisor del placer en la dinámica de la adicción.

Este efecto adictivo es la razón por la que se ha llamado a las pantallas como “la cocaína electrónica”.

“Los cambios sorpresivos señalan un peligro posible, por eso el cuerpo reacciona activando sus fuerzas para una posible huida o movimiento para ponerse a salvo. Para tales efectos secreta cortisol y adrenalina.  Éste reflejo se usa por los productores, para que el espectador se mantenga siempre interesado. Ellas se activan delante de la pantalla en cuanto se produce un cambio inesperado en la conducción de la imagen y es más fuerte cuanto más fuerte sea el cambio.”  Uno se acostumbra a la sensación que deriva de estas hormonas y hay que subir la dosificación, es decir se aumenta la frecuencia de cambios de imágenes, se sorprende más frecuentemente al espectador. Entonces las hormonas cortisol y adenalina, solamente pensadas para circunstancias excepcionales, tienen efectos tóxicos y catabólicos (de desgaste) y producen en el cuerpo un estado permanente de estrés. El estrés se sabe hoy en día que es la causa principal de muchas enfermedades de la civilización moderna.

¿Qué hacer con el niño?

Como dice Patzlaf “no hay mejor inversión en el futuro de su hijo que leerle o contarle un cuento cada día, en vez de dejar ese papel a los medios, cantar con él, involucrarlo en las labores diarias, organizar pequeños juegos de movimiento o trabajos manuales, que el niño puede seguir por sí mismo. Sin embargo, el adulto no debe malinterpretar su papel como el del animador, que trata de mantener al niño entretenido a través de acciones sin pausa. De esa forma haría una especie de televisión en vivo y no estimularía para nada la actividad propia del niño. Se trata de despertar el impulso natural del niño a la actividad y llevarlo en la dirección correcta. Esto no le exige necesariamente al adulto mucho tiempo, sino un poco de sensibilidad e imaginación. Una vez en el camino, el niño sabe muy bien entretenerse solo”.

Mensaje a los papás

Los padres (salvo raras excepciones) quieren lo mejor para sus hijos, eso me consta por mi consulta diaria de pediatría. Pero a veces están mal informados con respecto a cómo pueden influir ciertos factores en el desarrollo de sus niños o lo saben a medias y no le dan el verdadero peso a las consecuencias que ello pudiera tener -hay una tendencia a pensar que si la mayoría lo hace no debe ser tan malo-. Al decir que las pantallas dañan el pensar, el sentir y la voluntad humana se está hablando de un daño de palabras mayores para el ser humano. Las pantallas no solamente influyen decisivamente en la génesis de la hiperactividad y el déficit atencional de nuestros niños, sino que nos ponen frente a la disyuntiva de formar seres humanos que se encaminan hacia su libertad o a formar autómatas de la cultura imperante.

Por supuesto que la tecnología ya es parte inherente a nuestra vida cotidiana y la necesitamos. Pero es muy diferente ser un adulto que la utiliza libremente a ser un niño aún no formado, al cual lo va formando cada experiencia que tiene. Debemos llegar a formar a nuestros niños como seres humanos capaces de ser libres, que hagan uso de la tecnología y no sean usados por ella. El pensamiento tan básico de que a un arbolito tierno hay que ponerle un tutor para que soporte las inclemencias del tiempo, lo tenemos para las plantas y no lo aplicamos a nosotros, seres humanos, que somos mucho más complejos y como seres vivos, somos los que requerimos de cuidados durante más tiempo hasta llegar a la madurez. Una vez que el árbol es fuerte, tiene una corteza dura, un tronco firme ya puede resistir inclemencias del tiempo muy duras. Mucho más debemos pensar así con nuestros niños.

Como adultos, tenemos una responsabilidad suprema para los seres humanos en cierne. El mayor desastre ecológico es formar seres humanos que no sean plenamente humanos. Los invito a realizar un acto supremo de amor por este mundo y nuestra evolución, ¡contribuyamos a que nuestros niños se desarrollen su humanidad plena!

Carina Vaca Zeller es médico pediatra de la Pontificia Universidad Católica, formada en medicina antroposófica.

https://carinavacazeller.wixsite.com


 

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