La ilusión del crecimiento infinito


Cada día tenemos más evidencia de que los límites que nuestro planeta es capaz de soportar, se han sobrepasado. Y no solo se han sobrepasado a nivel medio ambiental, sino que a nivel social y a nivel personal también. Estamos actualmente en un estado de sobrecarga confirmado y en aumento. Tres de las causas más relevantes tienen que ver con una profunda desconexión en esas tres dimensiones: la desconexión con el mundo natural, la desconexión social o con el otro y la desconexión personal o del ser. Estas desconexiones tienen que ver con una crisis de percepción, de la manera como vemos el mundo, de los modelos mentales limitantes que hemos sobre desarrollado y que hemos transformado en creencias esenciales.

Ronald Sistek G.

Hace 3.800 millones de años, una serie de fenómenos generó las condiciones de lo que llamamos vida en nuestro planeta. Hoy vemos que esas condiciones están en serio riesgo.

Desde que el ser humano comenzó a generar impacto sobre nuestro ecosistema mayor, la Tierra, se dice que hemos pasado de la era geológica del holoceno ha pasado a la del antropoceno. Algunos comparten el comienzo del antropoceno con el desarrollo de las primeras embarcaciones en Portugal cerca del año 1385, con la revolución industrial, con la pérdida de biodiversidad, o con el desarrollo de los isótopos radiactivos de la década del ‘40 y ‘50, gesto que modificó el devenir del comportamiento humano.

Lo cierto es que hay mucha evidencia respecto al comienzo de una era ego-céntrica donde hemos jugado con los límites de nuestro nicho como especie. El momento actual requiere de una modificación profunda de los modelos mentales y paradigmas que nos han llevado hasta este punto crucial.

El cambio sería desde una sociedad de crecimiento industrial hacia una sociedad que sostenga la vida, como diría Joanna Macy; desde un entendimiento del ego disociado del eco hacia una integración del ego y eco o la integración de la mente, cuerpo y biósfera, como propone Ken Wilber; desde una mirada cartesiana hacia una mirada ecológica que nos integra horizontalmente con todos los seres vivos, como plantea Fritjof Capra; de un mundo creado por el privilegio a un mundo creado por la comunidad, como sugiere Paul Hawken; desde un paradigma mecanicista hacia un paradigma holístico como evoca Morris Berman; desde un sistema basado en el Ego hacia un sistema basado en el Eco, como lo expresa Otto Scharmer.

Así lo describen filósofos, físicos, economistas, sociólogos y tantos otros. El ‘Gran Cambio’, como acuño el activista norteamericano David Korten. Esta es la naturaleza del cambio que estamos experimentando: paradigmas que emergen y paradigmas que se disuelven permanentemente.

De todos los paradigmas que van dejando obsoletos a los anteriores, el presente Gran Cambio es meta paradigmático, para representar el tamaño y profundidad de éste. Estamos en una transición para ver si logramos generar un habitar sostenible en el tiempo y regenerar el daño multidimensional que hemos producido como especie a nuestro ecosistema mayor. Es el desafío más grande que la civilización humana haya experimentado, dado que toda especie sobrevive en un nicho y, por primera vez, hay cierto acuerdo de que ese nicho es el planeta en su totalidad.

Los desafíos humanos van desde dónde nos movemos para escuchar y decir lo que decimos, comprendiendo el poder de las palabras, incluyendo la apertura a la vulnerabilidad, hasta la co-creación de un nuevo sistema económico y político. Aunque, quizás el mayor de los desafíos sea despertar de este agónico umbral de una crisis terminal para el ser humano, producto de unos 5.500 años de herencia de jerarquías, supresión de lo femenino, racismo, violencia, depredación y sobrecarga ambiental, injusticia económica y desconexión con nuestras raíces y con nuestra naturaleza.

Desde que los astronautas del Apolo 8 en su camino hacia la luna se tomaron el tiempo de dar vuelta la cámara y mirar la Tierra desde el espacio por primera vez, una nueva percepción del mundo se profundizó en nuestra especie. El efecto panorámico fue clave en el entendimiento de que viajamos a través del espacio en una nave que llamamos Tierra, donde se encuentran todos los que hemos amado en nuestras vidas, donde han vivido todos los que conocemos y de los que nos han hablado. La Hipótesis Gaia, del planeta viviente, adquiere nuevas dimensiones con este hecho y con las observaciones de una atmósfera muy delgada y vulnerable que se autorregula.

Cada día tenemos más evidencia de que los límites que nuestro planeta es capaz de soportar, se han sobrepasado. Y no solo se han sobrepasado a nivel medio ambiental, sino que a nivel social y a nivel personal también. Estamos actualmente en un estado de sobrecarga confirmado y en aumento. Tres de las causas más relevantes tienen que ver con una profunda desconexión en esas tres dimensiones: la desconexión con el mundo natural, la desconexión social o con el otro y la desconexión personal o del ser. Estas desconexiones tienen que ver con una crisis de percepción, de la manera como vemos el mundo, de los modelos mentales limitantes que hemos sobre desarrollado y que hemos transformado en creencias esenciales.

Los sistemas vivos crecen hasta un punto y luego se desarrollan. Un árbol no crece infinitamente. Un ecosistema tampoco. No se puede crecer infinitamente en un planeta finito y es nuestra percepción de separación la que nos impulsa a creer en esto. La economía insiste en subsidiar las externalidades a través de las futuras generaciones, los marginados y la naturaleza. La separación es una ilusión. La innovación debe comenzar ahí: desde el entendimiento de la profunda interconexión e interdependencia de todo fenómeno. El bienestar del planeta es una condición fundamental para el bienestar de cualquiera de los miembros de la comunidad planetaria.

En un mundo con volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad en aumento, el principio de la no separación, el principio de la reciprocidad y el principio del ritmo pueden ser un hilo conductor para el Gran Desenredo que nos toca realizar como especie si pretendemos que las futuras generaciones disfruten de esta nave en que recorremos el universo.


 

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