La crisis de la educación preescolar


Tras las primeras advertencias en los años 90 sobre las posibles desventajas de apresurar a los niños, ha pasado ya bastante tiempo como para evaluar los resultados. Los estudios han demostrado que no hay beneficio duradero en el hecho de proporcionar a los niños un desarrollo académico temprano.

Gesine Abraham

Durante el último medio siglo, los jardines infantiles han cambiado de manera radical. En sus inicios, el foco de los jardines infantiles estaba centrado en la socialización y en el juego activo e imaginativo en un ambiente sin presiones. Hoy en día, los jardines infantiles se han convertido en una extensión de la educación formal. Un programa académico en el marco de un jardín infantil es considerado como un prerrequisito capaz de proporcionar una ventaja en el camino del éxito escolar.  Muchos jardines infantiles están utilizando planes curriculares relacionados con nuevos estándares más exigentes y vinculados a pruebas estandarizadas de admisión.

El problema de la des educación y de la presión parental

A fin de preparar a los niños para las crecientes demandas de los jardines infantiles, muchos padres sienten que es necesario enviarlos a centros preescolares que les proporcionen actividades de aprendizaje. Hoy, el estilo de vida de muchos niños está lleno de agendas colmadas de actividades, de un exceso de “tiempo en pantalla”, y de la cuasi eliminación del juego. Educadores preocupados y especialistas en el desarrollo infantil se han referido a estas prácticas como el crecimiento “puertas adentro”, el apresuramiento, la presión parental y la des educación. El acelerado paso de la prisa ha llegado a ser tan extremo que ahora se nos advierte sobre los efectos dañinos atribuidos a la pérdida de niñez en sí misma.

Desde hace varias décadas, expertos en desarrollo infantil han venido advirtiendo sobre esta tendencia académico-materialista. El término de “súper bebé” (reminiscencia del de “súper mamá”) ha sido a aplicado a esos niños de quienes se espera hagan y aprendan de manera desmedida antes incluso de ingresar al jardín infantil.

Los niños están siendo “quemados” y se les crea animadversión a la escuela antes incluso de que alcancen la edad en que amerita un acercamiento académico apropiado.

A menudo, los padres perciben de manera profunda que el sentido de lo mágico, la capacidad de maravillarse y la felicidad son características intrínsecas de la niñez y que su papel más importante como padres es preservar y consolidar estas cualidades; los padres sienten que la niñez debe ser protegida. Desafortunadamente, los padres de hoy están sometidos a una gran presión que se opone a sus sensaciones. Durante el siglo XX, la educación estuvo enfocada bajo un lente que puso un énfasis unilateral sobre los valores mentales y materiales. Ello muy ligado al tono científico-materialista predominante en la cultura occidental.

Tras las primeras advertencias en los años 80 sobre las posibles desventajas de apresurar a los niños, ha pasado ya bastante tiempo como para evaluar los resultados. Los estudios han demostrado que no hay beneficio duradero en el hecho de proporcionar a los niños un desarrollo académico temprano.

El paradigma dominante detrás del problema

El siglo XX ha contribuido con una rica herencia a las bases filosóficas que sustentan la educación en la niñez temprana. Este legado, apoyado por la investigación contemporánea, proyectó las etapas de desarrollo social, emocional y cognoscitivo que revolucionaron nuestra comprensión de la niñez. Se ha establecido que los niños no sólo piensan de manera diferente a los adultos, sino que tienen también una visión del mundo diferente. Es decir, no son adultos pequeños.

Según Jean Piaget, el gran psicólogo y filósofo suizo, la inteligencia se desarrolla en una secuencia de etapas relacionadas con la edad. Cada etapa considera la elaboración de las nuevas capacidades mentales que establecen el límite y determinan el carácter de lo que puede ser aprendido durante ese período. Durante los años de preescolaridad y de jardín infantil, es decir, edades en el rango de dos a siete años, el modo de pensamiento del niño es preoperacional, precientífico y preracional. El niño tiene una visión mágica del mundo.

El conocimiento de las etapas de desarrollo ha provisto a educadores y padres de una herramienta inestimable a la hora de entender lo que se puede razonablemente esperar de las diferentes etapas del desarrollo de la niñez. Munidos de este conocimiento, es posible desarrollar programas que sean apropiados a este desarrollo. Desafortunadamente, la cultura oficial se ha empeñado más bien en tentativas de acelerar el proceso de desarrollo en el ámbito de la educación temprana.

¿Por qué este deseo de acelerar las cosas? En el marco de nuestro paradigma contemporáneo dominante, un intelecto bien provisto y una  identidad con un fuerte ego son tomados como la cúspide del desarrollo. Lo que se valora es pues el intelectualismo y un avance académico competitivo. Los prejuicios inherentes a este punto de vista llevan a la opinión de que el sentido mágico del niño es un error a ser corregido. Irónicamente, aunque los resultados científicos nos informan que los niños son precientíficos, la tendencia dominante consiste en apresurar a los niños hacia una perspectiva más “correcta”. Puede existir un aprecio sentimental de las calidades de la niñez pero las mismas no se consideran como poseedoras de ningún valor inherente. El juego, que es inherente a la niñez, es visto a través de los ojos de la complejidad como una pérdida de tiempo. El adulto proyecta su punto de vista y se equivoca al apreciar el significado de la conexión espiritual del niño.

Reformas que privaron a los niños de niñez y que crearon padres obsesionados con notas y profesores obsesionados con el desempeño sufre ahora una contrareforma en Estados Unidos y Europa.

Las actuales prácticas educativas predominantes necesitan ser reevaluadas. En lugar de buscar maneras más eficaces o menos dañinas de alcanzar los mismos objetivos (desarrollo intelectual), es necesario reexaminar los objetivos mismos. La pregunta es: ¿Queremos realmente colocar a nuestros niños en esta vía rápida para hacerlos competitivos en un mundo materialista? ¿Hay algo intrínsecamente valioso en la ingenuidad y el asombro de la niñez que necesitamos entender mejor? En el marco de una visión más amplia del potencial humano, vemos que, en lugar de un error a ser corregido, el brillo y el esplendor de la niñez son tesoros que deben ser incluidos con todo derecho en el proceso educativo. Se trata de un don capaz de restaurar el alimento espiritual a una cultura espiritualmente hambrienta.

 

El paradigma espiritual y práctico de Alice Bailey

Como se puntualiza en libro de Alice Bailey La educación en la Nueva Era, la educación hasta el presente ha sido “básicamente errónea… lo cual concierne principalmente sólo a la organización de la mente inferior… [y] a un amplio entrenamiento de la memoria”. Un factor especialmente desafortunado de esta tendencia es que el entrenamiento de la mente inferior es realizado de una forma inadecuada y a una edad inapropiada. Los tibetanos nos recuerdan un principio muy importante:

En primer lugar, para enseñar a niños de hasta catorce años de edad, es necesario corroborar que ellos están emocionalmente enfocados. Necesitan sentir, y de manera correcta, sentir belleza, fuerza y sabiduría. No debe esperarse que racionalicen antes de ese momento, incluso si muestran la posibilidad de hacerlo. Después de los catorce años y durante la adolescencia su respuesta mental a la verdad debe ser demorada y conducida para ocuparse de problemas que se les presentan. Incluso si los problemas no están allí, deberán hacer un esfuerzo por evocarlos. Ibid, p. 14

El siguiente paso en el desarrollo mental, evidenciado a través de los libros de Bailey, proporciona una descripción profunda y exhaustiva de una visión más amplia del potencial humano. Según Bailey, la humanidad ha alcanzado un punto culminante en el desarrollo de la mente concreta inferior. Hemos alcanzado una coyuntura crítica más allá de la cual no es posible un progreso mayor a menos que ampliemos nuestros horizontes. Hemos alcanzado el punto del hiperdesarrollo de lo concreto, materializando las facultades de la mente. La necesidad de este tiempo consiste en cambiar el foco de la mente hacia el mundo del significado y en construir un puente en la conciencia hacia los reinos de la supraconsciencia. Bailey define este trabajo de enlace como la ciencia del antahkarana. Ella se refiere al “modo de conectar en la conciencia del hombre el mundo de la experiencia humana ordinaria, el mundo triple del funcionamiento físico-emocional-mental, y los niveles más altos del llamado desarrollo espiritual referido al mundo de las ideas, de la percepción intuitiva, del discernimiento espiritual y de la comprensión” (Ibid., p. 2).

En el modelo de Bailey existe una etapa de desarrollo triple: instinto, intelecto e intuición. Otra manera de expresar esta trinidad sería hablar de la unidad inconsciente, la separación consciente, y la unidad consciente. Bailey define la intuición como:

…una extensión del principio de universalidad, y cuando está funcionando existe, momentáneamente al menos, una pérdida completa del sentido de separación. En su punto más alto, se la conoce como el Amor Universal el mismo que no tiene ninguna relación con el sentimiento o con el afecto sino más con la naturaleza de una identificación con todos los seres. Glamour: un problema mundial, pp. 3-4

Estamos aprendiendo que los niños necesitan ser niños, lo cual equivale a decir que necesitan menos actividades estructuradas y más tiempo para jugar, menos “tiempo en pantalla” y más tiempo activo, menos organización y más libertad.

El desarrollo de la intuición (la mente iluminada, en contraste con el principio del razonamiento de la mente concreta) corresponde a un cambio que parte de un sentido de aislación que corresponde a la identidad con el ego y va hacia un sentido de universalidad y conciencia grupal del Yo Superior o alma.

En el acercamiento a la psicología conocida como Psicosíntesis, fundada por Roberto Assagioli, el Yo espiritual o Yo Superior corresponde al Yo Transpersonal. El Yo Superior tiene una identificación tanto con la Vida universal como con el ser un individuo dentro de ella. Los términos prepersonal, personal, y transpersonal son utilizados para indicar las etapas de desarrollo en el marco de la psicología transpersonal.

 

Correspondencia entre dimensión transpersonal y conciencia mágica

De manera similar, la disposición amorosa de los niños fluye de forma incondicional hacia a la gente, los animales, las plantas, y los objetos en su medio, es decir, hacia el conjunto de la creación. Este amor posee una calidad arquetípica y universal. Estas cualidades de la niñez se derivan de la experiencia de unidad del niño. Los niños sienten profundamente el espíritu vivo de las piedras, de las plantas y de los animales y reconocen este espíritu como una fuerza que es idéntica a la vida que fluye dentro de ellos mismos. Un sentido inconsciente de unidad es la base del ser niño; él siente instintivamente la vitalidad, la maravilla y el asombro por la Vida que impregna toda la creación. Es algo así como un eclipsar angelical. Se relaciona con la actividad de la glándula pineal en el niño que se atrofia en el adulto en la medida en que el intelecto despierta. El animismo del “primitivo” y la magia de la niñez retroceden a medida en que comienza el desarrollo de la mente concreta inferior.

Desde un punto de vista más inclusivo, tenemos un respeto más profundo por la etapa de la niñez porque contiene en forma de semilla aquello qué florecerá más adelante. Bajo esta perspectiva, se aprecia en profundidad que la etapa de la niñez temprana tiene un valor intrínseco y un significado en el esquema global de cosas. Reconocemos que es mucho mejor trabajar y consolidar el brillo y el esplendor de la niñez más que erosionarla prematuramente. Esto proporciona una base para una vida más satisfactoria.

 

Nuevas direcciones

Por fortuna, la tendencia está cambiando, al menos en el Hemisferio Norte. La onda de reformas que privaron a los niños de niñez y que crearon padres obsesionados con grados y profesores obsesionados con el desempeño sufre ahora una contrareforma en Estados Unidos y Europa. Estamos aprendiendo que más tarde puede ser mejor que más pronto y que menos puede ser más. Estamos aprendiendo que los niños necesitan ser niños lo cual equivale a decir que necesitan menos actividades estructuradas y más tiempo para jugar, menos “tiempo en pantalla” y más tiempo activo, menos organización y más libertad, menos instrucción didáctica y una exploración más imaginativa.

La restauración del juego en los jardines infantiles se ha convertido en el principal foco de la contrareforma en Estados Unidos. A medida que el énfasis en la educación temprana cambia de un enfoque intelectual y prematuro otro más holístico, las habilidades fomentadas por el juego empiezan a apreciarse. Destacados educadores y profesionales de la salud señalan:

La investigación demuestra que los niños que participan en formas de juegos socio-dramáticos tienen mayores habilidades lingüísticas que aquellos que no lo hacen, mejores habilidades sociales, más empatía, más imaginación y una mayor capacidad de saber la importancia de los otros. Son menos agresivos y demuestran más autocontrol y niveles más elevados de pensamiento. –La crisis de la educación temprana, Alliance for Childhood.

El rápido y reciente crecimiento en la educación Waldorf en varias partes del mundo es una evidencia de que la contrareforma está alcanzando un momento crucial. La educación Waldorf fue fundada por Rudolf Steiner en 1919 en Stuttgart, Alemania. La educación Waldorf atrae a los padres no sólo porque prefieren los métodos integrados holísticos y artísticos, sino también porque aprecian sus valores subyacentes. Estos valores se hallan señalados de manera sucinta en la habitualmente citada meta de la educación Waldorf, “Recibir al niño con reverencia, educarlo con amor y dejarlo avanzar en libertad.”

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Resumen de artículo aparecido en The Beacon, vol LXIV (2): 20-24.

Gesine Abraham es profesora Wladorf del Emerson College de Inglaterra y ha dedicado más de 40 años de su vida a la enseñanza y al estudio de los niños. Su último libro publicado sobre el tema es Preschool Education, Keeping the Magic Alive.

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