El Acuerdo Transpacífico y nuestra libertad individual


Iván Andrés Santandreu

El Acuerdo Transpacífico (TPP) es un tratado que ha sido negociado en secreto y a espaldas de la opinión pública por cinco años entre doce países de la cuenca del Pacífico –exceptuando China- que supone mejorar las condiciones comerciales entre los países integrantes del acuerdo.

Se trata de una situación que excede lo que el mismo George Orwell imaginó en 1984, donde un poder omnímodo –representado por el Gran Hermano- decide el destino de las grandes masas. De esta forma, también aquí, a través del TPP, las grandes compañías multinacionales acrecentarán sus condiciones comerciales, ambientales y sociales por sobre millones de personas, situándose por encima de las cortes de justicia de los países integrantes y permitiendo demandar a los países integrantes del tratado si estos generan políticas públicas que perjudiquen sus intereses comerciales.

“El TPP es un verdadero perjuicio para la soberanía del país, que nos condiciona más aún a las grandes compañías multinacionales del planeta.”

A modo de ejemplo, todo el esfuerzo ciudadano de oposición a la Ley Monsanto, que permite la privatización de las semillas, quedará en nada, pues el tratado implica la aceptación del convenio internacional UPOV 91, que permite la aplicación de la Ley Monsanto en Chile. Peor aún, si el día de mañana el Estado de Chile decidiera prohibir o generar una moratoria a la producción e ingreso de transgénicos en el país, este podría ser demandado por las grandes corporaciones biotecnológicas, mediante un juicio arbitral sin posibilidad alguna de apelación.

En definitiva, se trata de una libertad individual y social en la medida que las grandes corporaciones multinacionales lo permitan. El TPP no es otra cosa que lo que ya señalaba Platón en el Mito de la Caverna –siglos atrás-, donde esclavos obligados a vivir en el fondo de una caverna son engañados por los administradores de la misma, haciéndoles creer que son libres. Incluso existían votaciones democráticas diversas, cuando la dura realidad es que vivían completamente supeditados a las decisiones de aquellos que verdaderamente gobernaban la caverna.

Lo peor de todo, al igual que los habitantes de la caverna de Platón, es que no nos damos cuenta de que somos esclavos. Este nuevo tratado, el TPP, es solo un símbolo de algo que ya sucede en nuestro interior, de nuestra propia condición.

La esclavitud es un estado personal, no una condición exterior. Nosotros elegimos ser esclavos de nuestras pasiones, prejuicios e ignorancia. Esa es la verdadera condición de esclavo y no una cadena al cuello. Véase a Epicteto, esclavo de Epafrodito durante el período de la Roma imperial, un verdadero sabio –y un hombre libre- siendo formalmente un esclavo.

La fórmula para la liberación individual fue señalada siglos atrás por Patanjali, a través del Yoga; es decir, la Unión con nuestro Yo superior y la liberación del espejismo y glamur del mundo. Platón también señala que es posible liberarse de la condición de esclavo de la caverna a través del esfuerzo individual.
El TPP es un verdadero perjuicio para la soberanía del país, que nos condiciona más aún a las grandes compañías multinacionales del planeta. La pregunta es: ¿hasta qué punto te condiciona a ti? ¿Hasta qué punto eres esclavo de una caverna manipulada por quienes verdaderamente gobiernan el mundo?

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