Dra. Rima Laibow: “Si las vacunas son riesgosas y causan daños, debe existir la opción de elegir”


A nivel mundial, las vacunas se han consolidado como la solución perfecta para prevenir enfermedades, siendo promovidas por políticas públicas de salud. Este es el caso de la vacuna contra la influenza, cuya entrega es gratuita en Chile y la invitación a vacunarse es ampliamente difundida. Pero, ¿qué puede ocurrir con los bebés, niños y adultos cuando se vacunan? Los riesgos suelen ser desconocidos, pese a que los daños que causa esta vacuna van en aumento.

Alejandra Vidal de La Cerda / Fotografías: José Miguel Rojas.

Como todos los años, el Ministerio de Salud de Chile hace un llamado a vacunarse contra la influenza, enfermedad viral también conocida como gripe, en donde el contagio se produce a través de las secreciones respiratorias, es decir, mediante estornudos, besos, tos y por no mantener una adecuada higiene de las manos.

Si bien esta campaña va dirigida a la población en general, su foco está puesto en los grupos en donde la influenza puede causar más daños, siendo algunos de ellos las embarazadas desde las 13 semanas de gestación, los niños entre los 6 meses y los 5 años y los adultos sobre los 65 años. Esto se debe justamente a que son estos segmentos en donde existe mayor susceptabilidad de que se agrave la influenza.

Debido a los síntomas, la influenza puede confundirse con un resfrío fuerte, por lo cual sólo puede confirmarse mediante un examen de secreción nasofaríngea. Y si bien la persona que contrae la influenza puede sufrir fuertes malestares, el tratamiento es sencillo. Basta con hacer reposo y tomar más líquido de lo común. Si hay fiebre y
malestar general, se puede recetar paracetamol o, en algunos casos, antivirales.

Dicho esto, el panorama queda bastante claro. Sin embargo, en el último tiempo, la influenza se ha vuelto más conocida debido a la vacuna que busca prevenirla, ya que al igual que el resto de este tipo de medidas de salud, han sido numerosos los daños que se han documentado al vacunarse.

“El Cochrane Database of Systematic Reviews señala que no existen ensayos clínicos a largo
plazo en poblaciones sanas, ni en los grupos de riesgo, ni en niños, ni en adultos, y por ello se desconocen los beneficios y daños de la vacuna contra la influenza.”

Desde enfermedades hasta la muerte

La vacuna contra la influenza, al igual que cualquier otro tipo de vacuna, es un producto biológico que busca que el cuerpo reaccione defendiéndose ante los organismos que buscan dañarlo. En términos sencillos, a través de las vacunas se introducen organismos causantes de la enfermedad, debilitados o muertos, para que así el sistema inmune los ataque y destruya. Por lo mismo, muchas personas tras la vacunación suelen presentar los mismos síntomas de la enfermedad.

Pero, ¿qué tan segura y efectiva es la vacuna contra la influenza?

Para aclarar esta situación, conversamos con Rima E. Laibow, médico psiquiatra y directora médica de la Fundación Soluciones Naturales (Natural Solutions Foundation).

“Las vacunas no son probadas como lo exigen las leyes de Estados Unidos y de otros países, básicamente porque los expertos suponen qué virus de la influenza será el que se presente la próxima temporada, considerando que el virus de la influenza va cambiando. Así, en mayo, avisan a los fabricantes qué tipo de virus habrá y en octubre los fabricantes la tienen lista. Por ello, ¿cómo se puede determinar la seguridad de una vacuna para un virus que aún
no existe? ¿Cómo la pruebas en personas que han tenido la enfermedad y en aquellos que nunca la han tenido, cuando en realidad nadie la ha tenido, porque el virus ya es distinto? Y así, sin embargo, se continúa con la ficción de que las vacunas son efectivas, cuando no lo son. Lo que sí sabemos es que la exposición repetida a proteínas exógenas y otras sustancias tóxicas causa enfermedades autoinmunes, inmunidad a las vacunas y quién sabe
qué más. Hay ingredientes en las vacunas contra la influenza, incluidos preservantes que contienen mercurio (timerosal), células fetales abortadas, ADN viral, polisorbato 60 y 80 y muchos más ingredientes potencialmente tóxicos, que no han sido evaluados por completo frente a los posibles efectos genotóxicos adversos sobre el feto en desarrollo en el útero. Cualquiera de estos ingredientes y contaminantes por sí solos pueden afectar
negativamente la salud después del nacimiento”.

“ La pregunta que debemos hacernos es: ¿Cómo se justifican las vacunas contra la influenza cuando no hay prácticamente ningún beneficio, ni siquiera la muy citada y dudosa inmunidad de grupo, y con casos de daños graves documentados?”

Luego, Rima E. Laibow explica que la vacuna contra la influenza está dentro de las categorías de drogas B o C, lo que significa que nunca ha sido probada en el embarazo, y por tanto no se puede dar certeza de que sea segura y efectiva para el feto y para la futura capacidad reproductiva de la madre, información que además figura en el empaque de las vacunas. Además, “las vacunas contra la influenza están asociadas a un 4250% de incremento de abortos espontáneos”, señala la doctora Kelly Brogan en su sitio web. 1

Según Laibow, estos y otros riesgos son conocidos por los gobiernos y por distintas ONG, citando como ejemplo la infertilidad y abortos que causó la vacuna contra el tétano en las mujeres de Filipinas, en 1994. Al respecto, la publicación Discovery Salud 2 recogió estos antecedentes, sumando a la situación de Filipinas las ocurridas en Kenia (2014), y en México y Nicaragua (1993), en donde las vacunas administradas –auspiciadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef- contenían una concentración excesiva de hormonas Beta–HCG, la cual provoca esterilidad y abortos, situación denunciada por la Asociación de Médicos Católicos y la Conferencia de Obispos Católicos.

Los riesgos de las vacunas no se pueden desconocer. Incluso, los daños han llegado a ser compensados en países como Estados Unidos, donde existe el Programa Nacional de Compensación por Daños Derivados de
Vacunas (National Vaccine Injury Compensation Program, VICP), el cual se encarga de indemnizar a las personas y sus familias que han sufrido consecuencias graves a raíz de la colocación de vacunas. Este programa se inició en 1988 y ya ha compensado a más de 2.319 personas.

Según la Dra. Rima E. Laibow, el Departamento de Justicia de Estados Unidos informó al Sistema para Reportar Reacciones Adversas a las Vacunas (Vaccine Adverse Event Reporting System, VAERS) que entre mayo y agosto
de 2015, se compensaron 86 casos con este programa, debido a que hubo graves consecuencias por la colocación de vacunas. De estos casos, tres personas murieron y 65 sufrieron consecuencias graves a causa de la vacuna de la influenza, presentando por ejemplo casos de Guillain-Barré, parálisis y retrasos.3

En cuanto a la efectividad, el Centro de Prevención y Control de Enfermedades de EEUU (Center of Disease Control
and Prevention, CDC), señaló que durante la época de influenza de los años 2012 y 2013, la efectividad de la vacuna contra la influenza fue sólo de un 56% entre los grupos estudiados, mientras que el porcentaje de efectividad fue sólo de un 9% sobre los 65 años.4

El mismo organismo analizó la efectividad de la vacuna durante la temporada invernal de 2014 y 2015, obteniendo
sólo un 18% de efectividad, como señala el Dr. Joseph Mercola en su sitio web.5

El Cochrane Database of Systematic Reviews, organización sin fines de lucro e independiente de los laboratorios farmacéuticos, ha realizado al menos cinco revisiones sistemáticas de la documentación existente entre 2006 y 2014. En ninguna de ellas se encontraron evidencias de que las vacunas contra la gripe sean el método de prevención más eficaz.

Las conclusiones de estas revisiones se pueden resumir en que ninguna vacuna antigripal evita las complicaciones (no disminuyen las neumonías, por ejemplo) en los adultos sanos, ninguna vacuna evita las hospitalizaciones, tampoco evitan el ausentismo laboral ni disminuyen la transmisión de la enfermedad entre humanos.6

En los niños sanos menores de dos años, la vacuna contra la gripe es inútil7,8, lo mismo sucede con la población mayor de 65 años9. En niños mayores de dos años, pero bajo los 16, su efectividad respecto de los síntomas puede llegar a ser del 33%, como mucho10.

La vacunación en niños no previene las hospitalizaciones por gripe ni sus complicaciones, y los resultados sobre su efecto “protector” respecto de la transmisión de gripe en su grupo etario son inconsistentes y escasos11.

Peor aún, el Cochrane Database of Systematic Reviews señala que no existen ensayos clínicos a largo plazo en poblaciones sanas, ni en los grupos de riesgo, ni en niños, ni en adultos, y por ello se desconocen los beneficios y daños de la vacuna contra la influenza, pues también faltan estudios acerca de su seguridad.

Consultado el Ministerio de Salud sobre la seguridad y efectividad de las vacunas, no se obtuvo respuesta. Sin embargo, en su sitio web, se afirma que las vacunas son seguras y efectivas. Es importante señalar que para el ciudadano común es imposible obtener la Información sobre la composición completa de las vacunas que se administran en Chile, toda vez que las fichas técnicas de éstas se encuentran incompletas en la base de datos del ISP, presentándose a la población solo los principios activos.

¿Qué enfermedades se generan con la aplicación de la vacuna de la influenza?

Según Rima E. Laibow, en el caso de la vacuna de la influenza, una de las reacciones que puede presentar una
persona tras vacunarse es el síndrome de Guillain-Barré, trastorno en donde el sistema inmunitario ataca al sistema nervioso, causando debilidad muscular y parálisis, entre otros síntomas, que incluso pueden terminar en la muerte.

“En Chile, por cada millón de personas vacunadas, 1,7 personas desarrollan la enfermedad. La cifra es mucho mayor, pero esa es la estadística oficial. En Estados Unidos, con una población de 310 millones de habitantes, 18 personas murieron de influenza el año pasado, lo que contrasta con los casi 200 casos de personas que recibieron la vacuna y que desarrollaron Guillain-Barré”.

Webinar: La verdad sobre las vacunas
Para obtener mayor información sobre las vacunas, la Fundación Soluciones Naturales realizará un seminario en línea el sábado 12 de marzo, de 9.30 a 17.30, el cual contará con traducción simultánea al español. Para acceder, se deberá ingresar al sitio web www.larealverdad.com, con un costo de 20 USD (veinte dólares).

¿Es cierto que las vacunas han eliminado las enfermedades?

En la edición 105 de esta revista, se publicó el reportaje La historia olvidada de las vacunas12, basado en la investigación histórica de la Dra. Suzanne Humphries13 sobre la vacunación, que muestra cómo han sido
otras las causas que han acabado con las enfermedades que atacan las vacunas, y no las vacunaciones masivas.

“Tomemos el caso de la tos ferina, por ejemplo. En 1979, Suecia dejó de administrar la vacuna DTP sobre la base de que no era eficaz y posiblemente peligrosa. El temor era que, con unas tasas de vacunación más bajas, aumentase la tasa de mortalidad. ¿Fue esto lo que sucedió? En una carta de 1995, Victoria Romanus, del Instituto Sueco de Control de Enfermedades Infecciosas, decía que las muertes por tos ferina se mantuvieron muy cerca de cero. La población sueca era de 8.294.000 habitantes en 1979 y de 8.831.000 en 1995. De 1981 a 1993, se registraron ocho fallecimientos de niños en los que la causa resulta ser la tos ferina. Esto da una tasa de mortalidad por tos ferina de 0,6 niños al año. Las cifras muestran que las probabilidades de morir por tos ferina en Suecia son de 1 por 13 millones, incluso sin que haya ningún programa nacional de vacunación de tos ferina”, señala el reportaje.

Al respecto, la Dra. Rima E. Laibow explica que los factores de reducción de enfermedades han sido la higiene, el agua limpia y una mejora en la dieta, resguardando que los alimentos, el agua y el aire sean, en lo posible, de la mejor calidad y libre de químicos.

Según la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, las enfermedades infantiles decrecieron un 90% entre 1850 y 1940, en paralelo con las mejores condiciones sanitarias, mucho antes que cualquier programa de vacunación obligatoria. Las muertes por enfermedades infantiles en EE.UU. e Inglaterra disminuyeron un 80% antes de la vacunación. En Gran Bretaña, el punto epidémico álgido de polio fue en 1950 y había declinado
un 82% al momento en que se introdujo la vacuna en 1956”.14

¿Cómo se puede prevenir la influenza?

“Con Vitamina D3 durante todo el año (el promedio de los niveles en la sangre de Vitamina D3 debiesen ser de 50-70 ng/ml). La exposición al sol es, sin duda alguna, la mejor manera de optimizar los niveles de vitamina D. La vitamina D de la luz solar actúa como una prohormona, convertida rápidamente en la piel en 25-hidroxivitamina D, o vitamina D3. Tanto los niños como los adultos se beneficiarían enormemente y, en el caso de los niños, deben
tomar 1.200 IU de esta vitamina por día, lo que baja las probabilidades de quedar propensos a contraer influenza en un 42%. Además, los niños deben consumir probióticos. En un estudio realizado a menores de entre 3 y 5 años que consumieron probióticos 2 veces al día, por 6 meses, se logró reducir la fiebre y la tos, entre otros”. 15

De igual forma, la Dra. Laibow recomienda mantener una buena higiene de las manos y, por supuesto, evitar estar con algún enfermo de influenza.

Negarse a la vacunas

Una de las principales formas de negarse a las vacunas es citar la Constitución, específicamente el artículo 19, en donde se establece que la persona tiene derecho a la salud física, psicológica y derecho a la legítima defensa de la persona en cuestión y de su familia. En los colegios, en tanto, se puede presentar la ley orgánica nº 18.962, artículo 6 bis, que establece que la salud es responsabilidad de los tutores legales y no del establecimiento educacional.

Además, la Convención de Ginebra, a través del Código de Nuremberg, establece que las personas tienen la capacidad legal para elegir libremente. Y todo esto porque “si hay un riesgo, debe haber una opción”, establece
la Dra. Laibow.

Por otro lado, la ley Nº 20.584, artículo 1416, señala que “toda persona tiene derecho a otorgar o denegar su voluntad para someterse a cualquier procedimiento o tratamiento vinculado a su atención de salud, con
las limitaciones establecidas en el artículo 16. Este derecho debe ser ejercido en forma libre, voluntaria, expresa e informada, para lo cual será necesario que el profesional tratante entregue información adecuada, suficiente y comprensible, según lo establecido en el artículo 10”. Sin embargo, el artículo 15 establece que no se requerirá la manifestación de voluntad “en el caso de que la falta de aplicación de los procedimientos, tratamientos o intervenciones señalados en el artículo anterior supongan un riesgo para la salud pública, de conformidad con lo dispuesto en la ley, debiendo dejarse constancia de ello en la ficha clínica de la persona”.

Ante esto último, muchos defensores de las vacunas apelan a la inmunidad de grupo, lo que en la práctica implicaría que el 95% de la población debiera recibir la vacuna para controlar la enfermedad. Recordemos que en ninguna de las revisione sistemáticas de la literatura del Cochrane Reviews se encontró evidencia alguna de que la vacuna de la influenza prevenga la transmisión viral, por lo que el efecto de inmunidad de grupo carece de asidero.

Por último, se puede presentar una declaración de objeción de conciencia o consentimiento informado para evitarlas. Para ello, la Fundación Soluciones Naturales, en su sitio web drrimatruthreports.com/advancevaccinedirective vende una tarjeta en inglés y en español que sirve como consentimiento informado.
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Referencias:

[1] http://kellybroganmd.com/rejecting-flu-vaccine-in-pregnancy

[2] http://www.dsalud.com/reportajes/la-oms-y-unicef-acusadas-de-amparar-vacunas-para-controlar-el-crecimiento-poblacional

[3] http://www.healthnutnews.com/flu-shot-remains-dangerous-vaccine-based-injuries-deaths-compensated-government

[4] http://www.cdc.gov/mmwr/preview/mmwrhtml/mm6207a2.htm

[5] http://articles.mercola.com/sites/articles/archive/2015/12/01/another-flu-vaccine-flop.aspx

[6] Jefferson T, Di Pietrantonj, Rivertti A, Bawazeer GA, Al-Ansari LA, Ferronic E. Vaccines for preventing influenza in healthy adults. The Cochrane Library, 2010.

[7] http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16437500

[8] http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/18425905

[9] http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20166072

[10] http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/14651858.CD004879.pub4/abstract

[11] http://www.eurosurveillance.org/ViewArticle.aspx?ArticleId=2605

[12] http://www.mundonuevo.cl/noticia/150/la-historia-olvidada-de-las-vacunas

bio-rima2Rima E. Laibow es directora médica de Natural
Solutions Foundation. Graduada de la Albert
Einstein College of Medicine, se especializó en
psiquiatría en Estados Unidos.
La Dra. Laibow ha sido una figura prominente en el movimiento anti-Codex alimentarius. Su trabajo como activista y médico la ha llevado alrededor del mundo dictando seminarios y conferencias.
naturalsolutionsfoundation.org

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