Por siglos ha habido grupos religiosos del Asia, de Europa y de América que han usado cierta clase de hongos, peyote, mescalina, marihuana, alcohol, opio y otros elementos para “expandir” la consciencia. ¿Realmente estas sustancias “expanden” la conciencia o es solo una ilusión de los sentidos?

Torkom Saraydarian

La gente percibió, a lo largo de los siglos, que dentro del hombre y dentro de la naturaleza hay algo más profundo de lo que nuestra consciencia vigil normal puede captar. Y esa gente supo, intuitivamente, que había algo más con lo que ella podía de algún modo tomar contacto, y de lo que podía extraer más luz, más alegría y más serenidad. Fue así como, durante siglos, los seres humanos anhelaron encontrar a ese Ser más profundo. En las religiones de la antigüedad, a este Ser interior, o más profundo, se lo llamaba el alma, el espíritu, el Buddha, el Cristo interior, la esperanza de gloria. También se lo llamaba el centro de la libertad, el Guardián Silencioso, la Presencia, el Yo real, o el Padre.

 

A fin de encontrar a ese centro interior, las personas sinceras crearon varios auxilios, como lo son las ceremonias, los rituales y los yogas; se recluyeron; ayunaron; desarrollaron meditaciones especiales, plegarias, contemplaciones y samadhi. Estos diversos auxilios, junto con un deseo de manejarse con justicia, amor y misericordia, y de comportarse con humildad, capacitaron a los hombres para que se trascendieran.

Fue a partir de esto que nacieron las distintas religiones. La religión es, esencialmente, una senda que guía hacia el significado interior, hacia la fuente interior existente en el hombre y en la naturaleza.

El propósito de toda la vida es expandir la consciencia hacia niveles cada vez más elevados del pensamiento, del sentimiento y de la acción, para que podamos tener vida más abundantemente. En Oriente, la aproximación hacia el hombre más profundo es a través de la meditación y del yoga. En Occidente, esto ocurre a través de la contemplación filosófica, del psicoanálisis y de las artes.

Drogas para expandir la conciencia

Para “expandir” la consciencia del hombre se ha usado otra técnica, que es tan antigua como la religión misma. Muchas personas han usado hierbas, flores o semillas especiales. Esto fue practicado y todavía es practicado por algunos grupos religiosos del Asia, de Europa y de América. El uso de drogas era popular en Asia, en Egipto y en América del Sur. Hay constancias en las que hallamos enunciada cierta clase de hongos, peyote, mescalina, té fermentado, marihuana, alcohol, opio, inciensos especiales, ungüentos, hachís y otros elementos menos conocidos.

Toda adicción surge de una negativa inconsciente a enfrentar el dolor y salir de él. Toda adicción comienza con dolor. No importa a qué sustancia sea usted adicto: alcohol, comida, drogas legales o ilegales o una persona. Usted está usando algo o a alguien para ocultar su dolor.

Es interesante señalar que, desde 1900, ambas técnicas suscitaron la atención del público. Por un lado, tenemos el prolongado y arduo sendero de la disciplina, la meditación, la contemplación y el logro real de estados superiores de consciencia. Por el otro, tenemos las drogas que, bajo diversas formas, “expanden” la consciencia mecánicamente para lograr experiencias “superiores”.

Drogas de poder: el ladrón por la ventana

Jesús contó una parábola que se relaciona con este tema, cuando dijo:

“Algunos entran en la casa por las ventanas, y son ladrones”.
Un ladrón no habita en la casa, sino que entra en ésta, roba, y, al final, recibe un castigo.

Las drogas abren, en el mejor de los casos, una ventana hacia el plano astral. Rompen la pared etérica, y fuerzan a la consciencia, a través de esta abertura, penetrando en el mundo astral, que es un mundo lleno de colores y formas atractivos e ilusorios. Ninguna droga puede elevar a la consciencia por encima del mundo astral. Sabemos que el plano astral es el plano del engaño, y quien sea atrapado en él no podrá regresar fácilmente a la luz de la realidad.

Algunos dicen que se volvieron creativos después de haber usado drogas. Afirman que reciben una inspiración y un coraje nuevos para expresar su creatividad, pero no saben de qué plano ni de qué fuentes proviene esa inspiración.

Las drogas no expanden la consciencia. Por el contrario, la limitan, la vuelven difusa, la sacan de foco y la embotan considerablemente.

Un hombre puede ser poseído por algunos pensamientos que flotan en el espacio y los puede expresar como lo hace un médium. Puede volverse sensible hacia las ideas de algunos habitantes del mundo astral que quieren comunicarse con nuestro mundo sensorio a través de él. Las drogas le dan ocasión para que hagan esto, y la persona engañada piensa que se volvió creativa debido a las drogas que usó.

Algunos usuarios de drogas dicen que ven hermosas formas y colores que no pueden expresarse en palabras. Esto es cierto; ven formas y colores “inexplicables”, porque allí la consciencia no está aún preparada para funcionar en el plano en el que penetraron.

Las drogas no desarrollan la consciencia

Un hombre es igual a su consciencia. El hombre está donde está su consciencia. Es cierto que entrará en contacto con una dimensión diferente, con un mundo diferente, pero esto no le da, per se, las herramientas necesarias para que traduzca e interprete allí sus experiencias.

Aquí debatimos dos cosas diferentes: la consciencia y el mecanismo. La droga no desarrolla la consciencia, sino que afecta al mecanismo (a la mente y al cerebro) y abre una grieta entre el plano astral y el cerebro. La oscurecida consciencia mira, a través de esta grieta, dentro de un mundo enteramente nuevo.

 

Cuando un ebrio ve una ecuación matemática, desde luego su consciencia recibe algún grado de impresión, pero la nueva experiencia no la expande porque la expansión de la consciencia tiene lugar cuando aumenta su aptitud para comprender. Comprender significa unificarse conscientemente con la forma, con la cualidad, con el propósito y con la causa de un sujeto dado.

El hombre no cambia ni se eleva por el hecho de penetrar en planos superiores mediante el uso de drogas; como, por ejemplo, no cambia su consciencia si de repente se transporta desde el nivel del mar a una elevación de 600 metros. Todas las experiencias de un hombre en el plano astral son la respuesta mecánica a sus sueños, deseos, anhelos, aspiraciones, devociones, sentimientos y emociones que él conoce o no. Todo esto se pone en circulación y halla su realización total en el mundo emocional.

Supongamos que un niño compra un texto de matemática avanzada y lo lleva a su casa. El solo hecho de que lo posea no le enseña a resolver complicados problemas matemáticos. Sólo después de años de estudios matemáticos. estará preparado para ese libro. Esto significa que deberá expandir su consciencia, aprender muchas reglas y fórmulas, y usarlas para captar más el tema que escogió. No podremos volar seguros por el aire sin conocer primero qué clase de reglas, leyes, fuerzas u otras condiciones deberemos observar.

Quienes entran en los niveles superiores a través de la meditación correcta y del servicio son conocidos por sus realizaciones reales. Se tornan más creativos, más tolerantes, expresan un mayor sentido de unidad, un amor, una devoción y una inofensividad más hondos, un mayor sentido de responsabilidad, aptitud para organizar, más vigoroso liderazgo, mayor servicio, sufrimiento consciente en favor de los demás, voluntad, libertad, desinterés, paz, valentía, persistencia, lealtad, sinceridad, fidelidad, gratitud… todos estos son los patrones de medición por los que pueden ser reconocidos quienes siguen el sendero de la mano derecha. La diferencia entre la meditación y la experiencia con drogas es como la que existe entre un espejismo y la realidad.

¿Cuál es el plano o mundo astral?

Es la región del universo inmediata al plano físico, si puede emplearse la palabra “inmediata” en este sentido, porque los planos del universo no son unas zonas o capas concéntricas superpuestas, sino más bien esferas concéntricas que se compenetran mutuamente, sin estar separadas unas de otras más que por la diferencia de su constitución respectiva. En este plano, la vida es más activa, y la forma es más plástica que en el físico. La materia astral es mucho más sutil que la del plano físico, de suerte que penetra fácilmente todo cuerpo de nuestro plano terrestre. Los objetos astrales son combinaciones de materia astral, de igual modo que los objetos físicos son combinaciones de materia física. Debido a su extraordinaria ductilidad, las entidades astrales pueden modificar rápidamente su aspecto, porque la materia astral de que están compuestas toma forma bajo cada impulso del pensamiento. (A. Besant, Sabiduría Antigua).

Meditación vs. drogas de poder

En la meditación, depuramos los cuerpos, elevamos sus vibraciones, los conectamos con los niveles superiores y desarrollamos una consciencia nueva; nos acercamos a la Vida Central. Mediante el uso de drogas, inducimos una comunicación artificial con los planos superiores, para los cuales nuestra consciencia no está preparada todavía.

Las drogas acrecientan las fascinaciones (o hechizos) y las ilusiones, y someten a quien las usa a un estado en el que pierde el control de su instrumento de análisis, razonamiento y síntesis. Se pierde la brújula. Un hombre puede entrar en una clase sobre astronomía y ver todos los símbolos, formas y ecuaciones, pero no comprender nada de eso. Antes de entrar en tierra extraña es necesario comprender… Una fórmula matemática que no se entienda no tiene existencia real para una persona; sólo cuando la entiende, la fórmula llega a tener significado para esa persona. Eso se aplica a todos los niveles o planos superiores de la existencia.

El hombre debe aprender a alcanzar los niveles superiores conscientemente, paso a paso. Debe controlar cada movimiento y pagar el precio por cada avance. De este modo, tendrá un puente bajo sus pies durante todo el trayecto, y podrá avanzar y regresar según sus necesidades. A medida que viaja hacia el Yo Real, construye los puentes e integra su mecanismo séptuple, construyéndolo con su esfuerzo y su trabajo.

Las drogas no expanden la consciencia. Por el contrario, la limitan, la vuelven difusa, la sacan de foco y la embotan considerablemente.

Esto ocurre porque las drogas dañan al mecanismo de la consciencia que es la mente, el cerebro y las tres glándulas endocrinas dentro de la cabeza; perjudican a la salud del cuerpo humano en su conjunto; cristalizan una porción de la mente, creando pautas habituales y, de esta manera, deforman la racionalidad del hombre. Con el uso de drogas, la gente ve lo que le gusta o lo que no le gusta ver. No ve las cosas cómo realmente existen, como son en realidad. Se trata de un mecanismo de autoengaño.
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Extracto de La ciencia de ser uno mismo.

Torkom Saraydarian (1917-1997), fue un profesor, escritor, conferencista y compositor de música. Su legado está compuesto por más de 170 libros –de los cuales sólo la mitad de ellos han sido publicados; su mayor logro en sus escritos fue sintetizar y hacer comprensible en lenguaje común el enorme y complejo cuerpo de conocimientos de la Sabiduría Ancestral.
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