“Los recursos son escasos para todos nuestros deseos”


En entrevista con Revista Mundo Nuevo el economista Felipe Correa Mautz se refirió a una nueva forma de hacer economía, donde las comunidades pequeñas marquen la pauta y en donde el Estado haga su contribución para que los grandes poderes económicos no interfieran con la voluntad de las comunidades locales.

Entrevista de Iván Andres Santandreu

Gran parte del problema de la economía es la falta de economistas cultos, señalaba Manfred Max Neef tiempo atrás en una entrevista concedida a Amy Goodman, de DemocracyNow.org. Se requieren economistas “que sepan historia, que sepan de dónde vienen, cómo se originaron las ideas, quién hizo qué y así sucesivamente”, “que entiendan que la economía es un subsistema de un sistema finito más grande: la biosfera”, “son totalmente ignorantes respecto a estos temas”, remataba. Pues bien, este joven economista de la Universidad de Chile e investigador de la Cepal es todo lo contrario de la descripción amarga de los economistas que menciona Max Neef, y es un agrado y estímulo constante conversar con él. De inteligencia lúcida y amplia cultura, aquí ofrecemos el resumen de una conversación de una mañana de diciembre en las oficinas de Revista Mundo Nuevo, un resumen también de muchas conversaciones que ambos hemos sostenido con un café –y él con un té- en la Ecoferia de La Reina.

¿Qué es para ti la economía?

Para responder esa pregunta, podría ser relevante empezar contando una anécdota. Cuando estudiaba economía en la U. de Chile, tuve dos cursos similares durante el mismo semestre. En un momento, me llamó la atención que ambos profesores decían exactamente lo opuesto el uno del otro. Esa situación me confirmó lo que yo venía sospechando y observando hacía un tiempo, y era que la economía no era realmente una ciencia exacta como quizás nos querían hacer ver, sino una ciencia social que tiene un componente normativo muy fuerte. Después pude saber que ese componente normativo proviene de las preferencias políticas que tiene cada persona, de los principios, de la jerarquía de valores, de las opciones éticas y de las concepciones metafísicas de la realidad y de la vida. Para mí, la economía está ligada a las concepciones éticas y a la filosofía que son finalmente una elección personal y muy subjetiva.

¿Estás de acuerdo entonces con Humberto Maturana, quien plantea que todo el pensamiento racional tiene como base lo que creemos, sentimos y anhelamos, que detrás de la racionalidad hay un factor emocional que conduce a estas teorías?

De todas maneras. De hecho, la economía es en buena parte un cúmulo de creencias; por ejemplo, la creencia de la economía estándar de que el ser humano es egoísta por naturaleza, lo que es algo instalado en la teoría económica. Hay una economía alternativa que quiere cambiar estas creencias, pero hay que decir que las creencias siempre están en ambos lados.

¿En qué consiste la economía del bien común?

La economía del bien común dice básicamente que las constituciones de los países son una opción ética que se plasma y transmite al sistema político, pero que esa transmisión no llega al sistema económico. Así, los valores de la democracia pareciera que están al margen de la economía. La economía del bien común busca básicamente que los valores éticos que decidimos rijan nuestra convivencia política, pero que también rijan nuestra convivencia económica. Antes, las religiones dictaban la ley, y esa ley regía la economía. Hoy, la ley religiosa ha sido reemplazada por la ley del derecho, de la democracia. Pero el derecho y la democracia aun no llegan a la economía, entonces la economía del bien común busca justamente eso, una economía democrática.

El problema que veo hoy en el sistema económico es que el principio de la competencia está por sobre el principio de la colaboración.

En ese sentido, ¿la economía del bien común busca la colaboración más que la competencia?

La colaboración y la competencia son principios que siempre están presentes, a veces uno más que el otro. Las tradiciones espirituales antiguas hacen hincapié en el equilibrio y en la interdependencia entre ambos principios. El problema que veo hoy en el sistema económico es que el principio de la competencia está por sobre el principio de la colaboración. Es como la idea que sostiene Claudio Naranjo sobre la mente patriarcal como principio que domina a la mente matriarcal y a la filial. Una nueva economía se relaciona con cómo jerarquizas y reordenas estos principios, poniendo la colaboración por sobre la competencia. Y llegas de esta manera a una competencia que es sana, no dañina, que es básicamente la competencia que uno tiene con uno mismo, en el sentido de ser mejor, de superarse. Ya no es ‘colaboración para ser competitivo’, como hacen las empresas cuando se coluden, sino ‘competencia para ser colaborativo’, es decir, esforzarse por ser un mejor aporte a la sociedad.

¿Por qué se siguen enseñando teorías neoclásicas u ortodoxas en las universidades y sigue siendo este el pensamiento dominante, y no vertientes que puedan expresar un sistema de esta naturaleza?

El problema de la enseñanza de la economía es mundial y en buena parte es el causante de que el mundo esté al borde del colapso. La economía cumple un rol súper importante, lo que a veces ni siquiera es percibido por los estudiantes ni los economistas. Veo que el problema hoy pasa porque existe una relación muy estrecha entre el mundo de la economía y los que concentran el ejercicio del poder. Si uno observa las dinámicas de la disciplina de la economía, se dará cuenta de que los economistas trabajan muy cerca tanto del poder político como del poder económico –los grandes empresarios- y que muchos dependen de ellos para mantenerse donde están; eso por un lado. Por el otro, existe un adoctrinamiento muy fuerte de los profesores y los investigadores, los que muchas veces no se dan cuenta de que han sido educados bajo un paradigma que sirve a intereses muy específicos y que a veces, por comodidad o reputación, les cuesta salirse de eso. Hace poco uno de los economistas jefes del Banco Mundial decía que la economía se había transformado en una especie de religión, donde la palabra de los que estaban en la cúspide de la pirámide no podía ser cuestionada. Uno diría que la economía es hoy como un semidios, o que el dinero es un semidios, como dicen algunos teólogos de la Iglesia Católica. Y cuando se dan dinámicas religiosas de ese tipo, es difícil salirse.

Sin embargo, lo que tenemos que entender quienes estamos en esto es que la economía tiene que ver no solo con los círculos de los economistas, sino con la gente, con todos, con la democracia; que no es una materia solo de expertos. Hoy en día la gente está votando en sistemas democráticos por representantes políticos que repiten ideas económicas ideadas por economistas que son como gurúes. Y es la misma gente la que está creando este sistema económico al seguir indiferente y en la misma dinámica. No es que el pueblo sea la víctima, porque son los mismos ciudadanos los que le dan el poder a los que ahora lo tienen. Es verdad que mucha gente nunca se entera de que hay alternativas, otras propuestas, como la economía solidaria o la economía del bien común, pero incluso hay algunos que aun sabiendo, deciden mantener formas de pensar y de actuar que ya no son sostenibles. En todo esto hay que decir también que los medios de comunicación juegan un rol muy importante.

Recursos escasos, deseos ilimitados

La economía reconoce que los recursos son limitados, lo que es verdad, y es justamente por eso que es imposible el crecimiento económico infinito en un mundo donde los recursos son limitados. Básicamente, no podemos seguir aumentando nuestro consumo de forma ilimitada si queremos seguir manteniendo los equilibrios ecológicos del planeta. Pero la economía va más allá, al señalar que los recursos no solo son limitados, sino que también son escasos, lo que es un concepto relativo, pues quiere decir que los recursos nunca alcanzan.

Si queremos satisfacer todos nuestros deseos, este planeta no nos va alcanzar, porque los deseos pueden ser prácticamente ilimitados.

Pero resulta que en la naturaleza todo es abundancia. Hay un equilibro para todas las especies.

Sobre lo que dices hay algo bien interesante. Lo primero y bien anecdótico es cuando el Papa Francisco habla del cuidado de la casa común; ahí veo un acercamiento o una preocupación de las religiones por el estado de la economía. Y no solo el catolicismo, pues en otras religiones sucede lo mismo. Lo otro es el tema de la escasez.

¿Por qué anecdótico? Cuando el Papa habla y se le ve más conectado con el mundo, da la impresión de que hay una señal ahí. Y cuando Schumacher habla de la economía budista y sus principios, también se deja entrever una tendencia moderna de rescatar estas tradiciones y plantearlas al mundo.

Es muy incipiente todavía. Podríamos pensar que la única forma de resignificar la economía es uniendo la economía y los sistemas sociales, a la filosofía y a la religión, entendiendo esta última como la espiritualidad. Pero la verdad es que no soy tan optimista. Es como en el yoga, que ha crecido mucho en Chile. Muchos lo practican, pero cuando vas a ver la filosofía del yoga, te das cuenta de que uno de sus principios, el aparigraha, habla de la no acumulación, o el no acaparamiento. Y ves a la gente que hace yoga llenos de cosas que no necesitan y que no usan, con una cuenta tremenda en el banco y con tres autos. Es como el ‘van y vienen de la Iglesia y olvidan los mandamientos’ de la Violeta Parra, pero en versión moderna. Entonces, hay que volver a las raíces de las tradiciones espirituales, que es básicamente volver a la ética.

Volviendo a la escasez y a lo limitado, dices que los recursos son escasos.

La escasez es relativa. Gandhi decía que en el mundo hay suficientes recursos para satisfacer la necesidad de todos, pero no para satisfacer la codicia de todos. Ese es el problema. No sabemos separar nuestras necesidades de nuestros deseos. La línea no está clara entre lo que necesitamos y lo que deseamos. Nuestras necesidades son finitas, pero si queremos satisfacer nuestros deseos, este planeta no nos va alcanzar, porque los deseos pueden ser prácticamente ilimitados. El concepto de escasez es de hecho parte de la definición de economía de Lionel Robbins, quien señala que economía es la forma en que las personas se organizan para satisfacer sus necesidades con recursos escasos, que tienen usos alternativos.

Pero más allá de las definiciones, a lo mejor tiene que ver con que el 1 % de los habitantes del mundo tiene mucho más que el otro 99 %.

Exacto. Se refiere a que lo que hay está mal distribuido. Hay una cifra que es peor, y dice que hay solo ocho personas en el mundo que tienen la mitad de la riqueza mundial.

Los recursos son escasos para nuestros deseos, pero no para nuestras necesidades. Ese es el desafío, saber cuáles son deseos y cuáles son necesidades. Y ahí volvemos a muchas corrientes espirituales. Fíjate que en la religiosidad mapuche, se considera que el propietario de la naturaleza y de todo lo que existe es su Dios, y que ellos son solo administradores de esta riqueza. Es lo mismo que señala el hinduismo cuando se dice que no hay que creerse propietario de nada en este mundo. Y en ese sentido, nuestro desafío estaría en cómo ser buenos administradores de los recursos que en realidad no nos pertenecen. Cuando tenemos grandes zonas de pobreza, desnutrición por un lado y obesidad por el otro, significa que no estamos desempeñando adecuadamente nuestro papel de administradores.

Hoy las libertades individuales están por sobre el bienestar social, ¿dónde se podría situar esta vertiente de economía más comunitaria?

La experiencia socialista no ha dejado muy bien parado el concepto de lo común, mientras que la experiencia neoliberal tampoco ha dejado bien parado el concepto de individuo. Creo que el medio correcto son las comunidades pequeñas y a mediana escala; no los grandes Estados, sino las comunidades donde el tamaño, por así decirlo, permita que cada uno pese lo mismo que el otro. En términos económicos, se trata de comunidades o ciudades donde las grandes empresas no sean las que determinen la dinámica de la economía, sino que sean las pequeñas empresas y las comunidades locales las que lo hagan. Esto implica rescatar el sentido del empresario, del emprendedor, pero con un sentido superior, no egoísta, entendiendo que trabajo en mi empresa como un servicio a los demás, y no con un afán de codicia, de egoísmo o de acumulación. Eso se puede realizar a pequeña escala, con comunidades donde la gente se conoce; con políticos que son electos porque la gente los conoce y los respeta, y no porque han hecho una buena campaña de marketing para engañar a unos electores que son vistos como clientes del “mercado de la democracia”. Se trata de un lugar en donde las personas votan para ser representados. Entonces, hablamos de bajar la escala de funcionamiento, que es la idea que tiene Max-Neef de economía a escala humana.

Gandhi también tenía las ideas de las aldeas. Platón hablaba de la República, que son pequeñas organizaciones. Es la idea de Tomás Moro y de Alexis de Tocqueville, incluso de Rudolf Steiner con su concepto de las asociaciones en la triformación social. Las ideas del socialismo y del anarquismo también confluyen con las ideas de las comunas. De hecho, el comunismo asimismo toma su ejemplo inicial en estas ideas. El hecho de que la idea inicial del comunismo se haya deformado en lo que ha sido el estatismo es otra cosa, pero la idea original del comunismo son las comunidades autónomas.

¿Y eso sería la solución a las grandes multinacionales que capturan la economía mundial?, porque a ciertas escalas comienzan a surgir las deformidades económicas.

Exactamente, pero también hay un problema con eso, porque muchas veces las comunidades locales no tienen la capacidad para imponerse sobre el poder de las grandes empresas. Creo al respecto que el Estado juega un rol importante, pero que no es de vanguardia, no es de construir. El Estado puede contribuir a que los grandes poderes económicos no interfieran con la voluntad de las comunidades.

En un mundo ideal, si fueran puras localidades autosuficientes…

El gran desafío es cómo transitamos de lo que tenemos hoy a este mundo deseable y posible. El desafío es avanzar en democracia tanto a nivel macro (a nivel de Estados), como a nivel micro (a nivel de comunidades). En ambos lugares hay un desafío. Y es una simbiosis, uno sin el otro no deja la posibilidad de que se avance.

Felipe Correa Mautz es economista, Licenciado en Ciencias Económicas y Magíster en Análisis Económico de la Universidad de Chile. Miembro de la Red de Estudios Nueva Economía. Actualmente se desempeña como Asistente de Investigación en temas de desarrollo económico para América Latina y el Caribe, en la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe).

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