Los peligros que esconden las denominadas drogas de poder


Por siglos, personas de todos los continentes han consumido plantas para poder realizar viajes astrales o, supuestamente, para mejorar el trabajo espiritual y de ascensión que se está realizando.  Sin embargo, estas “drogas naturales” no solo exponen a quienes las consumen al riesgo de adicción y de un daño físico emocional, sino que también provocan una deformación espiritual.

Alejandra Vidal De la Cerda, 2018-05-01

Ya sea en mayor o en menor grado, por conflictos o por enfermedad, las personas suelen sentir por al menos una vez en la vida la necesidad de crecer interiormente o, simplemente, que hay algo que no encaja, lo cual los lleva a comenzar una búsqueda que muchas veces puede presentar grandes sorpresas en el camino, como también muchos riesgos.

Uno de los riesgos más evidente son las drogas naturales o “drogas de poder”, plantas que tienen supuestos efectos de expansión de conciencia y que prometen ayudar a las personas en su proceso de introspección.

Sin embargo, y tal como suele suceder cuando buscamos una reconexión o sanación personal en otras personas, en un trabajo o en aspectos externos, el camino se ve pausado o interrumpido cuando se utilizan drogas, incluso si son naturales, pues en definitiva las respuestas residen en el Yo, y todo el resto son distractores que por un momento nos darán la ilusión de estar en paz, pero que nos alejan de un trabajo real y personal.

Al respecto, Carlos Augusto Salazar, alumno y profesor de Raja Yoga por 24 años en Brahma Kumaris – Chile y “Mensajero de Paz” nombrado por UNESCO desde el año 2000, explica que “bajo la perspectiva de la ciencia espiritual, cada ser humano es un alma, un espíritu viviente o consciente, que experimenta en el mundo de la materia a través de un cuerpo físico. Es decir, yo el alma, el ser consciente, originalmente no necesito elemento alguno que intoxique o distorsione mi percepción del entorno y de los demás, percepción que realizo a través de los órganos de los sentidos. Toda intoxicación o distorsión me va a producir una percepción errada de los “datos” aportados por el cerebro, que es el “ordenador central”, el cual también se verá afectado. Entonces, yo el alma, el ser verdadero, estaré siendo presa de percepciones alteradas, que obviamente conducirán mi propia mente a producir emociones, ideas, pensamientos, sentimientos y todo tipo de conclusiones alejadas de la verdad: virtudes originales, valores universales y poderes verdaderos y naturales del alma y de la naturaleza divina que nos sostiene”.

Pese a esto, muchas personas suelen recurrir a drogas como la ayahuasca, la marihuana, el cactus de San Pedro y el peyote, algunas de las sustancias de origen natural más conocidas en el mundo entero y que comenzaron a ser utilizadas por los pueblos originarios bajo la promesa de elevar la conciencia y posibilitar experiencias místicas, que hoy se siguen ocupando para lograr el mismo objetivo.

En definitiva, ya sea consciente o inconscientemente, muchos de los consumidores de este tipo de drogas buscan reconectarse con una parte de sí mismos, o encontrar “aquello” que les hace falta; sin embargo, al pretender encontrar las respuestas en el exterior, solo logran amplificar el vacío.

Si bien existen numerosas drogas que son utilizadas a nivel mundial con el fin de “expandir” la conciencia, la marihuana se ha transformado en una de las más populares debido a la facilidad que conlleva su cultivo y la posterior comercialización y adquisición.

Tal como comenta Carlos Salazar, cualquier elemento intoxicante y distorsionador de los sentidos físicos y del cerebro afectará paulatinamente nuestra percepción de la realidad y, lo más delicado desde la perspectiva de la ciencia espiritual, nuestra conciencia, pues según sea la calidad del estado de conciencia del individuo, así será la calidad de la percepción que tendrá del entorno y de los demás.

“De hecho, el expandir es de un beneficio relativo, puesto que más bien tiende a sacarnos de nuestro verdadero centro y nos lleva fácilmente a entrar en percepciones falsas de toda clase de intereses, tanto de nuestro propio ego, el que ahora se aleja y se esconde del “control de calidad de la conciencia verdadera”, como también de intereses ajenos de calidad aparente, pero desconocida e inmanejable. Cuando se ha doblegado la voluntad de permanecer limpios de conciencia, ya se torna fácil entrar en la espiral de complacencia y de adicción, porque la naturaleza de lo intoxicante y enajenante es justamente brindar experiencias gratificantes al comienzo, carentes del sano esfuerzo de una verdadera purificación. Entonces, es fácil caer en el engaño del éxito aparente; éxito que después se convierte en una gran carga de dolor, engaño y cuentas pendientes. Ante esto, al estar ya contaminados, la tendencia será ahondar más y más en esos recursos de peligros ilimitados”, añade.

Efectos de las drogas de poder

Si bien existen numerosas drogas que son utilizadas a nivel mundial con el fin de “expandir” la conciencia, la marihuana se ha transformado en una de las más populares debido a la facilidad que conlleva su cultivo y la posterior comercialización y adquisición.

Se quiera o no, la marihuana (o cannabis) genera adicción y, al igual que otras drogas, la persona que la consume puede rehabilitarse mediante una disminución paulatina de la dosis.

El tema está en que quien consume marihuana con fines espirituales, además de entorpecer el proceso, puede caer en adicciones, sobre todo psicológicas. Lo anterior se debe a que la marihuana, al ayudar a dormir y a bajar la ansiedad e irritabilidad, entre otros atributos que se le han otorgado, genera una dependencia en la persona que busca luchar contra estos problemas. Su efecto es tal que las personas que sufren de depresión y consumen la droga pueden empeorar sus síntomas y desarrollar, incluso, psicosis, alucinaciones auditivas y visuales, paranoia, delirio y brotes de esquizofrenia.

Entre los daños fisiológicos, la marihuana provoca deterioro cognitivo a largo plazo, incluidas la pérdida de memoria, de atención y de concentración y la pérdida de la capacidad de organización, consecuencias que empeoran a medida que se prolonga su consumo.

Esto se produce porque hay ingredientes activos de la cannabis que afectan los astrocitos, células del sistema nervioso central que forman el esqueleto de la mente y mantienen las células nerviosas. El daño a los astrocitos causa la pérdida de la sinapsis (conexión entre las células nerviosas), lo que provoca trastornos en la transmisión de señales eléctricas. El impacto es tal que en pruebas científicas realizadas a jóvenes adictos a la marihuana se descubrieron cambios en el cerebro que, por lo general, se encuentran en personas mayores con arteriosclerosis y  Alzheimer, entre otras.

El Hospital de Niños de Filadelfia  que los jóvenes que consumen marihuana tienden a sufrir problemas de desarrollo cerebral, específicamente en la memoria, la atención, la toma de decisiones, el lenguaje y las habilidades ejecutivas.

Se ha documentado que quienes consumen estas sustancias sufren retrasos en el crecimiento y en la madurez de su cuerpo emocional, lo que les implica mantenerse en estados de desequilibrio o de inmadurez durante años o, incluso, durante el resto de sus vidas.

Los resultados del estudio, realizado con hombres de 19 años en promedio, que consumieron cannabis de forma regular durante la adolescencia, arrojaron que el hecho de comenzar a consumir marihuana a una edad temprana altera el desarrollo de los circuitos de materia blanca, especialmente el de las conexiones entre las regiones frontal, parietal y temporal del cerebro, lo que afecta las funciones cognitivas.

Los efectos de la marihuana preocupan aún más, sobre todo si consideramos que de acuerdo con los resultados del Duodécimo Estudio Nacional de Drogas en Población General (2017, Senda), un 14,5 % de los encuestados reconoció haber consumido marihuana el último año, lo que representa 1,4 millones de personas aproximadamente, con una prevalencia del consumo en hombres y mujeres entre los 19 y 34 años. Es decir, el grupo de personas que consume marihuana frecuentemente es justo el que por su etapa de la vida sufre más daños, ya que sus órganos, sobre todo el cerebro, aún se encuentra en desarrollo.

Pero más allá de las alteraciones que se producen en el cuerpo y en el cerebro, las llamadas drogas naturales o drogas de poder afectan también el cuerpo emocional, el alma y el campo áurico.

En cuanto al aspecto emocional, se ha documentado que quienes consumen estas sustancias sufren retrasos en el crecimiento y en la madurez de su cuerpo emocional, lo que les implica mantenerse en estados de desequilibrio o de inmadurez durante años o, incluso, durante el resto de sus vidas.

Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Colorado, Estados Unidos, referente a cómo afecta la marihuana la capacidad del cerebro para procesar las emociones humanas, se descubrió que la cannabis afecta significativamente la capacidad de reconocer, procesar y empatizar con emociones como la felicidad, la tristeza o la ira.

En el estudio publicado en la revista científica “PLOS ONE ”, la investigadora Lucy Troup señaló que llevaron a cabo diferentes experimentos con el electroencefalograma para medir las actividades cerebrales de unos 70 voluntarios, entre los que había consumidores moderados o crónicos de cannabis y no consumidores. Habiendo conectado previamente a los participantes al elecroencefalograma, se les pidió que vieran una serie de rostros asociados a la alegría, miedo, enfado o una expresión neutra. Los consumidores de marihuana mostraron una mayor respuesta a las caras asociadas a lo negativo, especialmente molestia, y una menor respuesta a las  expresiones positivas.

Además, se solicitó a los participantes que se centraran en el sexo de la cara y que luego identificaran la emoción, lo cual arrojó que los consumidores de cannabis obtuvieron una puntuación mucho más baja que los no consumidores, lo que hacía alusión a una menor capacidad para identificar “implícitamente” las emociones.

El alma es otro de los aspectos que sufre frente a las drogas, pues tal como se ha descrito en textos como En la luz de la verdad, mensaje del Grial (Abd-ru-shin),  etéricamente las sustancias que se consumen de forma habitual y por un tiempo prolongado derriban las capas protectoras del alma,  conocidas como cuerpos sutiles. Por ejemplo, quien ha consumido mucha marihuana podría costarle de 3 a 5 vidas o más el hecho de retroceder hacia donde se encontraba en primer lugar.

Junto a esto, la persona que consume se vuelve susceptible al ingreso de energías negativas asociadas a las emociones falsas que se producen bajo los efectos de esta y otras drogas.

Entre los daños fisiológicos, la marihuana provoca deterioro cognitivo a largo plazo, incluidas la pérdida de memoria, de atención y de concentración y la pérdida de la capacidad de organización, consecuencias que empeoran a medida que se prolonga su consumo.

Por esta razón, el consumo de drogas y un proceso de desarrollo espiritual profundo y serio no van de la mano, ya que este último requiere un estado de conciencia permanente, de libre albedrío y de desapego.

Según Carlos Salazar, un trabajo espiritual debería realizarse mediante una limpieza mental, con el conocimiento espiritual de la anatomía del alma, el corazón limpio, un método de meditación periódica y constante, bueno y bien informado, y la conciencia conectada con Dios como fuente de la verdad y de la sabiduría.

“Y, desde esta perspectiva, es importante usar el talento personal, el conocimiento profesional, el oficio desarrollado, la experiencia adquirida, o la posición o las posesiones que tengamos  para nuestro legítimo sustento, con el fin de ayudar y beneficiar a los demás. En suma, un esfuerzo espiritual debe permanecer desconectado de toda influencia del cuerpo físico. Se trata justamente del cambio de paradigma que la humanidad entera está precisando con urgencia: somos almas, espíritus vivientes, que experimentamos en el escenario físico del mundo; por lo tanto, necesitamos con la misma urgencia liberarnos del viejo paradigma de creer que somos un cuerpo con alma. De esta manera, se puede entender con facilidad que todo recurso “natural”, o no, que intervenga en nuestro estado de conciencia original, como sería el intoxicar el cuerpo y el cerebro, complica y retrasa peligrosamente el alcanzar un nivel sanador, lúcido y espiritualmente correcto de conciencia: un estado de conciencia verdaderamente liberador del pesar y del engaño actual de la materia”, concluye.

Los riesgos que conllevan las variedades de la marihuana

Con un aumento en el consumo de la marihuana, han comenzado a proliferar variaciones de la misma, siendo una de ellas la variedad creepy, cripy o gourmet, marihuana que en definitiva es transgénica y que con la alteración se busca que los efectos en el cuerpo sean más intensos y prolongados.
El peligro de esta droga reside en que este tipo de marihuana es más adictiva, ya que la manipulación genética la hace más potente que otros tipos debido al grado de concentración de sus componentes, donde –según un estudio de la Coordinación Nacional de la Política de Drogas (Suecia) y el apoyo del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (OEDT)- los niveles de THC (Tetrahidrocannabinol), el componente psicoactivo más importante de la cannabis, pasó del 5 % aproximadamente, a superar el 20 %, es decir, cinco veces más que la marihuana común.

Esta variedad se obtendría debido a las nuevas tecnologías desarrolladas por empresas tabacaleras de Estados Unidos, que se aplicarían en Colombia a siembras ilegales para hacer los efectos de esta planta más fuertes y con mayor resistencia.

De la misma forma, tanto los efectos placenteros como los negativos también se incrementan, al igual que los riesgos de intoxicación y de adicción y los efectos sobre el sistema nervioso central, con los consiguientes ataques de pánico o de paranoia, por ejemplo.

A grandes rasgos, la marihuana creepy ocasiona desórdenes mentales severos, precipita los ataques de esquizofrenia, distorsiona la percepción, retarda los tiempos de reacción, por lo que propicia la pérdida de la coordinación, daña el sistema cardiovascular y el respiratorio, desarrolla el síndrome amotivacional, la pérdida de la memoria y de la concentración, entre otros múltiples efectos sobre la salud física y mental de la persona que consume esta variante.


 

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