Hacia un nuevo arte de curar

Para la nueva medicina, el campo de energía e información será tan importante como el de la materia. Ambos serán variedades de un campo unificado de conciencia, y éste será el campo relacional establecido entre el alma y la personalidad.

Jorge Carvajal

Para la nueva medicina, el campo de energía e información será tan importante como el de la materia. Ambos serán variedades de un campo unificado de conciencia, y éste será el campo relacional establecido entre el alma y la personalidad.

Por la época de la revolución francesa, Galvani descubría la corriente directa en los tejidos vivos. Debieron transcurrir dos siglos para que comprendiéramos la importancia de la corriente directa a través del perineuro en los procesos de regeneración ósea, que han originado nuevas tecnologías para mejorar la calidad de los procesos de consolidación de fracturas. Erasístrato de la Escuela de Alejandría describió quince siglos antes de nosotros la anatomía del sistema circulatorio, hechos negados por la autoridad de Galeno, razón por la cual tuvimos que vivir condenados a la ignorancia con sus funestas consecuencias.

Como una sombra, los dogmas, el principio de autoridad, los monopolios de todo tipo, hacen que en algunos ámbitos de la medicina sólo se permitan unas pocas voces autorizadas y las de sus discípulos. Todo ello nos plantea una gran contradicción. Son los grandes laboratorios los que hoy deciden quién dónde, cuándo y cómo se hace la investigación. Todo está viciado desde su misma partida; el que pone el dinero pone los temas, los médicos, las condiciones. Y, ¿podríamos saber que, de forma indirecta, también las conclusiones se producen hoy al servicio de las multinacionales?

Aunque como médico me sea doloroso decirlo, está grave la medicina. Su enfermedad es miopía, pues ha perdido el horizonte de la vida que decía cuidar. Los sistemas de salud son sistemas de enfermedad. Los sistemas de atención no pueden prestar atención.”

A pesar toda la propaganda, de las nuevas técnicas, de los avances en biología molecular y de la capacidad logística para luchar contra muchas enfermedades, no hemos ganado casi ninguna guerra. La de las antiguas venéreas sigue como una preocupación de salud pública. La de la tuberculosis está ahora más cruda que nunca. La de la violencia es una epidemia. Otras enfermedades van surgiendo y otras contaminaciones. La contaminación atmosférica, el deterioro climático, la polución de la petroquímica, la contaminación electromagnética.

¿Estamos mejor hoy porque tenemos más cantidad de vida, más electricidad y tecnología, más coches y programas de televisión? No se trata de regresar a la edad media. Pero en la vida cotidiana mucha gente está deprimida porque los campos electromagnéticos pueden bajar los niveles de serotonina y dopamina. Muchos asegurados en todas partes tienen de todo menos seguridad. Cada vez más precoces las enfermedades degenerativas. Cada vez más cáncer. Pero ¿dónde estamos, por Dios, los médicos todos, los de todas las escuelas? ¿Dónde está nuestra medicina? Anclados al paradigma molecular, ¿qué hacemos hoy con el campo, con la energía, con la información, con la conciencia misma? ¿Dónde está nuestra noción de la vida? ¿En qué se ha convertido nuestra medicina? Aunque como médico me sea doloroso decirlo, está grave la medicina. Su enfermedad es miopía, pues ha perdido el horizonte de la vida que decía cuidar. Los sistemas de salud son sistemas de enfermedad. Los sistemas de atención no pueden prestar atención. Cuidamos el cuerpo, si, pero ¿es la vida el cuerpo? ¡Aún creemos que ser humano es una emergencia del mundo molecular! ¡Que la vida es algo así como una memoria pasada cuidadosamente resguardada del cambio!

En nuestros días, las mismas escuelas médicas tienen criterios científicos y protocolos totalmente diferentes respecto al mismo tipo de enfermedades. El porcentaje de cesáreas e intervenciones coronarias en diferentes países occidentales es tan diferente, que ya se hace evidente que no sólo son criterios científicos, sino códigos de lectura e intereses diferentes, lo que hace que frente a la misma situación, y desde la misma ciencia, se propongan soluciones radicalmente diferentes y, con frecuencia, contradictorias.

La que llamamos ciencia médica, es realizada por hombres, para seres humanos. El modelo científico de la vida es hijo de nuestra visión del mundo. Y ésta es la de un mundo que se contempla bajo el lente de la objetividad. Esta es la única vigente autoridad, pero está matizada por muchos bemoles. Para que un hecho sea científico debe obedecer a ciertos criterios que lo ubiquen dentro de un cierto uso de razón que es la lógica. Si se sale de la lógica científica, no es científico. Pero, ante todo, seguirá siendo un hecho.

El que alguien levite no obedece a ninguna explicación que la ciencia actual pueda ofrecer, pero aunque no sea
científico no va contra la naturaleza. Los milagros no van contra la naturaleza, no contradicen esa naturaleza, sólo nos dicen que nuestro conocimiento es aún insuficiente para darles explicación. La ciencia de hoy es una verdad parcial sobre la que, en muchos temas, estamos totalmente alejados de la unanimidad. No es la ciencia la que puede decidir qué es real y qué no lo es, pues la realidad como tal trasciende el marco de la ciencia.

Mientras la física avanzó a la concepción del campo, la medicina se quedó estancada en una visión molecular, que ahora se afirma en la ilusión de pretender que el conocimiento del genoma
será la solución a nuestros problemas de la salud.”

El mundo de lo virtual, el de lo simbólico, el mundo de lo humano, el de la cultura, está lejos de ser definido en términos científicos. Y sin embargo es nuestro mundo. Tantas variables están incluidas en un pequeño capítulo de la medicina, que el más grande especialista del mundo apenas si logrará conocer una minúscula porción de su especialidad. ¿Sería entonces necesario regresar a los atlantes y a los incas, o regresar a la edad de los demonios y los exorcismos? De ninguna manera. La ciencia ocupa un lugar en el concierto de las cosas, siempre y cuando no la convirtamos en un nuevo dogma, o en un código de lectura excluyente, que haga de ella una nueva religión.

Para la medicina oficial, hasta hace poco, no existía más mecanismo de transmisión de información que la conducción iónica. Más allá de la química todo era negado como una especie de metafísica vitalista, y el santuario mecanicista fue la única visión de la vida posible en nuestra medicina. Todos los estímulos eléctricos o magnéticos fueron perseguidos por no obedecer a las normas de la santa ciencia, y el método científico se consagró a imponer con exclusividad el paradigma químico. Mientras la física avanzó a la concepción del campo, la medicina se quedó estancada en una visión molecular, que ahora se afirma en la ilusión de pretender que el conocimiento del genoma será la solución a nuestros problemas de la salud. Pero, así como los físicos
abandonaron pronto el estudio exclusivo de las partículas y vislumbraron en ellas complejos patrones de relaciones, asímismo, la ciencia moderna empieza a reconocer el de la salud como un campo de relaciones, y el de la medicina como el estudio de patrones relacionales complejos, tanto de índole molecular y electromagnética, como emocional y mental.

Para la nueva medicina, el campo de energía e información será tan importante como el de la materia. Ambos
serán variedades de un campo unificado de conciencia, y éste será el campo relacional establecido entre el alma y la personalidad. El estudio del carácter y los motivos, la ciencia del servicio, la alineación a través de la coherencia, la transparencia y la honestidad, la ciencia de la respiración como la del ritmo, la atención, la concentración, la meditación, serán otros capítulos de una nueva ciencia médica con conciencia. Será una medicina con alma para una nueva humanidad, donde el compartir y la hermandad serán más relevantes que la necesidad de destacar sobre los demás y la competencia.
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Fuente: Amor, vida y medicina. Anahata Ediciones

Jorge Carvajal es médico de la universidad de Antioquia, pionero de la medicina bioenergética en Hispanoamérica y creador de la sintergética. Es el creador de Via Vida, plataforma para la expansión mundial de esta nueva forma de ver la medicina. Entre sus publicaciones destacan: Contextos de sintergética y Láser y sintergética, dirigidos a médicos; Por los caminos de la bioenergética, Por los senderos del alma y sus recopilaciones de poemas El fuego del amor y Agua y cielo en el sendero.

www.davida-red.org

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