Fritjof Capra: la ciencia física es la base de una vida sostenible

“Se necesita el pensamiento sistémico, alfabetizarse ecológicamente para después usar los principios básicos de la ecología para rediseñar nuestras tecnologías”

Rosa Estades

Fritjof Capra es uno de los pensadores más influyentes de nuestro tiempo. Físico y teórico de sistemas, fundó y dirige el Center for Ecoliteracy en California donde trabaja para integrar la ecología en la educación. Es autor de libros clásicos como El Tao de la física y El punto crucial. Durante los últimos años ha estado investigando el trabajo de Leonardo Da Vinci. Su obra es una síntesis completa del pensamiento sistémico y sus ideas pueden ayudarnos a entender qué está sucediendo hoy en nuestras sociedades.

La crisis que estamos pasando se califica a menudo como una crisis sistémica. ¿Está Ud. de acuerdo con esta definición?

Estoy totalmente de acuerdo. Los grandes problemas de nuestro tiempo están todos interconectados. Ninguno se puede solucionar de forma aislada. Por ejemplo, la obsesión que tienen nuestros economistas con el crecimiento ilimitado de la economía, que hace a la gente consumir más y más porque la publicidad les dice que tienen que comprar cosas. Hay un consumo excesivo que agota los recursos y muchos de los problemas medioambientales vienen, como sabes, del uso de recursos y también causa contaminación por que usamos combustibles fósiles para esta producción. Tenemos los problemas de cambio climático global que afectan al suministro de agua. Provoca que se sequen los glaciares del Himalaya, que estén amenazadas las cosechas de arroz en China e India, que la seguridad alimentaria mundial esté amenazada y podría seguir y seguir. Así que todos los problemas están interconectados. Para resolverlos tenemos que cambiar todo el sistema.

Lo que están haciendo nuestros políticos en su mayoría y también nuestros empresarios es
resolver un problema simplemente moviéndolo hacia otro sitio; necesitamos reconocer que todos están interrelacionados.”

Y para cambiar todo el sistema definitivamente tenemos que empezar una transición. ¿Qué aspectos considera fundamentales para que ésta transición vaya en la dirección correcta?

Lo primero de todo sería ser conscientes de que los problemas son sistémicos. Lo que están haciendo nuestros políticos en su mayoría y también nuestros empresarios es resolver un problema simplemente moviéndolo hacia otro sitio. Empujan los problemas de un área a otra, necesitamos reconocer que todos están interrelacionados. Esto realmente requiere una nueva forma de pensar que en el mundo de la ciencia se llama pensamiento sistémico. Significa pensar en términos de relaciones, en términos de conectividad, en términos de contexto. Este creo que es el cambio principal que es necesario que pase.

En el pasado, por ejemplo en la crisis de 1929, el resultado fue una guerra mundial. ¿Cuáles cree que son nuestras opciones para evitar que se repita este patrón?

Creo que si mantenemos el actual sistema económico, las tecnologías e instituciones sociales vigentes entonces vamos a ir en esa dirección. Porque a medida que los recursos se hacen más escasos, la gente se va a revelar y luchar por esos recursos. De hecho ya podemos observarlo. Así que ya hay muchos conflictos emergiendo y hay mucha violencia. La respuesta es ciertamente encontrar una solución de diseño. Diseñar comunidades y sociedades que sean ecológicamente sostenibles. Significa diseñarlas de una manera que nuestros negocios, nuestras tecnologías, nuestras infraestructuras y nuestras instituciones sociales no interfieran con la habilidad de la naturaleza de sostener la vida. Por supuesto, para hacer esto, tenemos que entender cómo hace la naturaleza para sostener la vida. De nuevo se necesita el pensamiento sistémico, se necesita alfabetizarse ecológicamente para después usar el conocimiento y el entendimiento de los principios básicos de la ecología para rediseñar nuestras tecnologías, infraestructuras e instituciones sociales. De nuevo todo va junto.

En perspectiva ahora décadas más tarde. ¿Cómo ve el fenómeno del libro El Tao de la física que publicó?

Esto fue hace 35 años… Mirando atrás diría que estuve en el lugar adecuado en el momento adecuado. Cuando esa consciencia de paralelismos entre la física moderna y el misticismo oriental emergió, no fui el único que me di cuenta, hubo varios, pero yo fui el primero que pensó que eso era algo realmente importante y que hice una investigación sistemática de estos paralelismos entre la física moderna y misticismo y trabajé durante dos o tres años y publiqué El Tao de la física. Así que es el primer análisis de estos paralelismos hecho por un científico.

¿Y cuáles cree que fueron las consecuencias de este libro?

Las consecuencias fueron mucho más allá de mis expectativas. Yo pensaba que estaba en algo importante que
con el tiempo se convertiría en conocimiento común pero no esperaba tanto éxito del libro. Ahora ha sido traducido a muchas lenguas alrededor del mundo. Vivía en Londres cuando lo escribía, tenía amigos que eran escritores, yo no tenía nada de experiencia y les preguntaba: ¿qué es ser superventas? Ellos me decían si vendes 10.000 ejemplares te puedes considerar un superventas. Ahora se han vendido más de un millón de copias. Yo nunca esperé eso. Como consecuencia, no solo de El Tao de la física, pero de esa evolución de pensamiento que pasó en occidente alrededor de esos años 70, 80 y 90, ahora hay una generación completa de libros que tienen como patrón El Tao de la física. Hablar de misticismo y tradiciones espirituales en conexión con la ciencia ya no es algo escandaloso o que sea ridiculizado como cuando escribí el libro. Ahora hay más de una docena de autores, entre ellos físicos muy conocidos, que han escrito libros similares y de hecho hay una fundación en América, la fundación Templeton que da becas muy grandes a gente que investiga las relaciones entre la ciencia y la espiritualidad. A veces pienso que sin El Tao de la física esa fundación no existiría. Bueno, igual sí que existiría pero yo fui definitivamente el primero en esta tendencia.

Gran parte de su trabajo está orientado a trabajar impulsando la sostenibilidad en la educación en el Centre for Ecoliteracy. ¿Qué necesita la educación para poder tomar la dirección adecuada?

Si queremos rediseñar nuestra forma de vivir de manera que no interfiramos con la habilidad de la naturaleza de sostener la vida, primero tenemos que entender como hace la naturaleza para sostener la vida; eso es lo que yo
llamo estar alfabetizado ecológicamente. Por eso fundé hace 15 años con algunos compañeros el Centre for Ecoliteracy donde enseñamos ese conocimiento ecológico en escuelas. Preparamos a profesores para enseñar ecología y pensamiento sistémico. La educación hoy necesita tener la vida y el entendimiento de la vida y la ecología en el núcleo más profundo. Nosotros hacemos esto con un enfoque muy práctico, creando o ayudando a escuelas a crear ecoproyectos como huertos escolares o restauración de cauces de ríos. Los niños salen a la naturaleza y aprenden ecología plantando, recolectando y cocinando. Aprenden los ciclos de la vida, los ciclos de las estaciones, el clima, el metabolismo de las plantas… Puedes enseñar mucha ciencia avanzada en el huerto de una escuela.

La obsesión que tienen nuestros economistas con el crecimiento ilimitado de la economía,
hace a la gente consumir más y más porque la publicidad les dice que tienen que comprar cosas.”

¿Qué éxito atribuye a sus proyectos y cómo mide ese éxito?

Me siento feliz de poder decir que nuestro trabajo ha recibido una gran respuesta por parte de los educadores. Hay un intenso debate sobre los estándares y las reformas educativos, pero basado en la creencia de que el objetivo de la educación es preparar a los jóvenes sólo para competir en el entorno de la economía global. El hecho de que esta economía no sirve para preservar la vida sino para destruirla se ignora normalmente, y ahí el verdadero desafío educativo de nuestro tiempo: comprender el contexto ecológico de nuestras vidas, apreciar sus escalas y límites, reconocer los efectos de la acción humana y, sobre todo, “conectar los puntos”.

Nuestra pedagogía, “la educación para una vida sostenible” es experimental, sistémica y multidisciplinar. Convierte los colegios en comunidades de aprendizaje, a los jóvenes en ecológicamente cultos y les aporta una visión ética del mundo y de las posibilidades de vivir como personas completas.

De lo que usted conoce sobre educación a ambos lados del Atlántico, ¿cree que hay grandes diferencias entre los sistemas educativos y cree que pueden aprender unos de otros?

Los educadores que asisten a nuestros seminarios proceden de muchas partes del mundo. Las conversaciones
con ellos nos han permitido darnos cuenta de que, aunque nuestra pedagogía haya inspirado a gente de muchos
países (de Europa, Latinoamérica, África y Asia), no puede ser aplicada como modelo en dichas naciones de manera directa.

Los principios de la ecología son los mismos en todas partes, pero los ecosistemas en que se practica el aprendizaje experimental son distintos, así como los contextos culturales y políticos de la educación en los diversos países. Esto supone que la educación para la sostenibilidad necesita una reinvención continua.

¿Puede contribuir la física a la visión de la vida sostenible?

Absolutamente. La ecología es intrínsecamente multidisciplinar porque los ecosistemas conectan el mundo vivo con el inorgánico. La ecología, por tanto, no es propia sólo de la biología, sino también de otras muchas ciencias, incluyendo la termodinámica y otras ramas de la física.

El flujo energético, en particular, es un importante principio de la ecología, y el desafío de pasar de utilizar combustibles fósiles a fuentes de energías renovables es un campo en el que los físicos pueden hacer contribuciones muy significativas. No es casual que uno de los mayores expertos mundiales en energía, Amory Lovins, director del Rocky Mountain Institute, sea un físico.

Actualmente, usted trabaja en un nuevo libro sobre la ciencia de Leonardo da Vinci. En su seminario en el Festival de Ciencia de Génova usted explicó que lo que necesitamos hoy es exactamente el tipo de ciencia que Da Vinci anticipó. ¿Cómo cree que la física debe –o puede- evolucionar en el futuro? ¿Hay, en su opinión, un futuro para la física?

Bien, usted me pregunta varias cuestiones en una, todas ellas muy sustanciosas. No estoy seguro de si podré hacerles justicia de manera breve. Ciertamente, podemos aprender mucho de la ciencia de Leonardo. Dado que nuestras ciencias y tecnologías se han ido estrechando cada vez más en sus enfoques, no se pueden comprender los problemas de nuestro tiempo desde una perspectiva interdisciplinar, dominados como estamos por compañías con escaso interés por el bienestar de los seres humanos. Urgentemente, por tanto, necesitamos una ciencia que honre y respete la unidad de todas la formas de vida, reconozca la interdependencia fundamental entre todos los fenómenos humanos y nos reconecte con la Tierra viva. Ésta es exactamente la ciencia que Leonardo da Vinci anticipó y esbozó hace 500 años.

Los físicos tienen mucho que aportar al desarrollo de este nuevo paradigma científico. En la ciencia moderna, la interdependencia fundamental de todos los fenómenos naturales fue por primera vez reconocida en la teoría cuántica, y diversas ramas de la física resultan esenciales para la comprensión completa de la ecología.

Sin embargo, para contribuir significativamente al gran desafío de generar un futuro sostenible, los físicos necesitarán reconocer que su ciencia jamás dará lugar a una “teoría de todas las cosas”, sino que es tan sólo una de las muchas disciplinas científicas necesarias para comprender las dimensiones biológica, ecológica, cognitiva y social de la vida.

Schooling for Sustainability, –escuela para sostenibilidad- es un movimiento pedagógico iniciado en California,
desde el Center for Ecoliteracy de Berkeley, con el objetivo de que los niños obtengan los conocimientos, las habilidades y los valores esenciales para una vida sostenible, entendida como la satisfacción de las necesidades de nuestra comunidad sin comprometer el futuro de las generaciones futuras. Uno de sus fundadores es el pensador Fritjof Capra, doctor en Física por la Universidad de Viena y autor de libros tan reconocidos como El Tao de la Física, Sabiduría insólita, La red de la vida o Conexiones ocultas, obras que en
esencia bucean en la filosofía de la física. Tras toda una vida de investigación, Capra deviene un experto en teoría de sistemas, y aplica esta perspectiva sistémica a la enseñanza de la sostenibilidad.

“La sostenibilidad es un estilo de vida”, es su máxima. Desde esta perspectiva sistémica, una comunidad
sostenible es aquella cuyos modos de vida, empresas, estructuras físicas y tecnología no interfieren con la habilidad inherente de la naturaleza para sostener la vida. Precisamente, el Center for Ecoliteracy trabaja con los centros educativos en metodologías participativas y experimentales que formen a los niños en ese estilo de vida sostenible.

¿Y cuál es la conexión entre la sostenibilidad y la teoría de sistemas? Pues el conocimiento de que todo ser
vivo es en sí mismo un sistema viviente que a su vez forma parte de otro, y la toma de conciencia de que las propiedades de un sistema dependen en las relaciones establecidas. Cuanto más diversas son esas relaciones, mayor es la estabilidad del sistema y su resistencia.

En este contexto, Capra destaca la alimentación como la característica central de la vida, ya que representa el movimiento incesante de energía y materia que facilita la auto regeneración del sistema, lo que denomina “the
breath of life”. Enseñar esta conexión alimentos-vida es esencial en la educación de los niños, y un huerto en el colegio es la principal herramienta para conectarles con los fundamentos de la comida.

También a través del huerto se estudia el significado de las redes vivas y de los ciclos ecológicos, enseñando a los niños cómo los residuos son alimentos para la siguiente especie, la importancia del flujo continuo de energía solar, y, en definitiva, cómo la naturaleza crea y nutre las comunidades. “El huerto es un sitio mágico para los niños y es un fantástico ejemplo de trabajo cíclico”, afirma Fritjof.

El Center for Ecoliteracy lleva casi dos décadas usando este método pedagógico en la creación de comunidades
en las que han participado profesores, padres y alumnos, y ya son más de 20 los centros escolares implicados en casos de éxito. Algunos ejemplos son la organización de campamentos ecológicos, la creación de huertos
escolares, la instalación de sistemas de tratamientos de agua, escuelas de cocina ecológica, construcción de maquetas de edificios de bajo consumo energético, entre muchos otros. El reto que se plantea Ecoliteracy es el de la formación para la sostenibilidad. Los pequeños de hoy, en palabras del propio Capra “tienen el reto de construir comunidades ecológicamente sostenibles, diseñadas de tal modo que sus tecnologías y sus instituciones sociales –es decir, sus estructuras materiales y sociales– no interfieran la capacidad inherente a la naturaleza para mantener la vida”.


Ecoeducación: cómo los educadores pueden cultivar la inteligencia emocional, social y ecológica.
Daniel Goleman

Este libro revela como los educadores pueden alcanzar logros académicos, proteger la naturaleza de la que dependemos y aumentar la fortaleza, la esperanza y la resilencia de sus educandos.

Esperanzador, elocuente y sólido, Ecoliterate ofrece historias inspiradoras, guías prácticas y un excitante nuevo modelo educativo a construir a partir del aprendizaje exitoso social y emocional para tratar los temas ambientales. Ecoliterate (Ecoeducación) es el resultado del trabajo colaborativo entre Daniel Goleman –autor best seller de La inteligencia emocional e Inteligencia social- junto a Lisa Bennett y Zenobia Barlow del Center for Ecoliteracy.

El libro cuenta la historia de educadores pioneros, estudiantes y líderes comunitarios involucrados en temas relacionados a la alimentación, el agua, el petróleo y el carbón en comunidades desee los montes Apalaches hasta el Ártico; desde el desierto de Nuevo México hasta la costa de nueva Orleans, así como desde las calles de de Oakland en California.

El libro también presentas cinco pilares fundamentales para el involucramiento emocional y social con la ecoeducación y una guía para el desarrollo profesional.

Fritjof Capra, Ph.D., físico y teórico de sistemas, es director fundador del Center for Ecoliteracy en Berkeley, California y con frecuencia da seminarios de gestión para los altos ejecutivos. Es el autor de cinco bestsellers internacionales, El Tao de la física (1975), The turning point (1982), Uncommon wisdom (1988), The web of life (1996), y Las conexiones ocultas (2002).

www.fritjofcapra.net


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