El problema con las vacunas


Las vacunas aumentan la toxicidad de los productos químicos que se encuentran comúnmente en el medio ambiente, lo que nos coloca a todos en riesgo. Cuanto más vacunas nos pongamos, mayor será el riesgo.

Dr. Rusell L. Blaylock

La mayoría de los observadores científicos han atribuido la drástica caída de las enfermedades infecciosas a la aparición de las vacunaciones masivas, a pesar de la evidencia reciente de que este crédito es injustificado. Por ejemplo, una copiosa evidencia ha demostrado que el mejoramiento de las medidas públicas de salud y la nutrición –no las vacunas- han desempeñado el rol principal en la disminución repentina de la mayoría de las enfermedades infecciosas que han asolado la humanidad.

Asimismo, existe una creciente evidencia de que las vacunas no están entregando la protección que según su
promoción proporcionan.

Por ejemplo, todos los casos de polio ocurridos después de la introducción de la vacuna de la polio han sido relacionados con la misma vacuna. Otras vacunas, como la de la difteria y de la tos ferina, han mostrado altas tasas de fracaso.

Convencidos de que la victoria sobre las principales enfermedades infecciosas infantiles era menos importante
que los programas de vacunación, las autoridades de salud pública comenzaron a agregar más enfermedades a la lista de “vacunación obligada”. Los programas actuales de vacunación exponen a los niños a unas 24 inoculaciones antes de que ingresen al colegio. He aquí algunas de las más populares:
•Haemophilus influenza tipo b
•Hepatitis B
•Sarampión
•Paperas
•Varicela
•DTPa (Difteria, tétano y tos ferina)

Y atención, ¡hay muchas más en carpeta!

Tras gran parte de esta situación, se encuentran las ganancias que obtienen los fabricantes de vacunas y una
puerta giratoria entre los académicos universitarios médicos con un interés financiero en estas compañías y las autoridades de salud pública con el mismo interés.

Desafortunadamente, no existe una ciencia que apoye la seguridad de la vacunación ilimitada de los niños pequeños y de los adultos. La mayoría de los estudios de seguimiento de los niños vacunados no dura más de dos semanas luego de inoculada la vacuna, y muchos de los efectos de ésta en el desarrollo cerebral son pospuestos para tiempo después.

Además, la mayoría de estos estudios busca sólo daños evidentemente obvios y no cambios imperceptibles, que pueden producir futuras discapacidades graves.

La mayoría de la gente supone que ponerse una vacuna genera el mismo nivel de inmunidad que si se sufre la enfermedad. En la práctica, la ciencia ha probado lo contrario

La protección final es la infección

La mayoría de la gente supone que ponerse una vacuna genera el mismo nivel de inmunidad que si se sufre la enfermedad. En la práctica, la ciencia ha probado lo contrario.

Diversos estudios, bastante concluyentes, han demostrado que cuando se contrae una enfermedad de manera
natural –la varicela, por ejemplo- el sistema inmunológico se vuelve más activo, mata al virus y luego, rápidamente vuelve a un estado de reposo. Estos estudios muestran que las infecciones naturales proporcionan a la persona una inmunidad prolongada ante la enfermedad; no se requieren vacunas de refuerzo.

Inmunidad de por vida. Comparemos esto con las vacunas. Una creciente cantidad de estudios muestra que, para muchas de las vacunas, la duración de la inmunidad posterior a la vacuna no dura más de 2 a 10 años.

La inmunidad reforzada dura incluso por períodos más breves, razón por la cual se habla de la necesidad de refuerzos regulares.

Y aún peor, algunos estudios han demostrado que muchas de las vacunas, como la vacuna mixta contra el sarampión, la rubéola y las paperas (SRP) y la Haemophilus influenza tipo b (conocida como Hib) en la práctica suprimen la inmunidad.

Como resultado de esto, los niños se vuelven más susceptibles a la infección frente a una gran cantidad de virus y bacterias.

Por esta razón, a las madres se les advierte que mantengan a sus hijos recién vacunados de la Hib lejos de las guarderías infantiles, porque el riesgo que presentan de desarrollar una forma grave de meningitis es verdaderamente mayor durante varias semanas luego de recibir la vacuna que antes de ser vacunados.

Muchas vacunas, especialmente la del tétano y la DTPa, que consiste en tres vacunas mezcladas contra la difteria, la tos ferina y el tétano, aumentan el riesgo de que los niños desarrollen asma, eczema e incluso diabetes juvenil, las cuales constituyen enfermedades autoinmunes relacionadas.

Las tasas de asma continúan aumentando y logran alcanzar el número creciente de vacunas administradas a
los niños. De igual forma, se ha probado que el mercurio provoca enfermedades autoinmunes en personas genéticamente susceptibles.

Algunas vacunas -incluidas la SRP, la vacuna contra la viruela y la vacuna contra la varicela- contienen virus vivos. Los fabricantes debilitan el virus (por lo que son denominados virus “atenuados”), de manera que éste, en teoría, confiere inmunidad más que provocar la enfermedad.

Los partidarios de las vacunas aseguran al público que éstas son seguras. Los científicos actualmente han comenzado a cuestionar la seguridad por muchas razones:

••En algunas personas, el virus no muere. En su lugar, se incrusta permanentemente en sus órganos internos.
•• Los virus incrustados (con las vacunas) fueron altamente mutados, lo que constituye una gran preocupación.
Los virólogos han observado que estos virus mutados pueden ocasionar enfermedades totalmente diferentes
entre sí. En lugar de provocar el típico sarampión, por ejemplo, el virus mutado del sarampión puede provocar
esclerosis múltiple, dolores musculares, la enfermedad de Chron o degeneración cerebral.
••Al mezclar tres y, a veces, cuatro virus, el riesgo de desarrollar una infección viral de por vida (una infección viral persistente) aumenta enormemente.

Durante este período prolongado de inmunosupresión, tanto los adultos como los niños, tendrán mayores probabilidades de desarrollar otras infecciones.

Esto significa que su niño podría morir de meningitis o de varicela como resultado directo de la vacuna, y no porque no hubo suficientes personas que vacunaran a sus hijos, como querrían que usted pensara los partidarios de la vacuna.

Los adultos que reciben refuerzos con estas vacunas inmunosupresoras corren el riesgo de desarrollar infecciones extremadamente complicadas de bacterias patógenas, como neumococo, estreptococo y estafilococo. Es necesario recordar que la neumonía es una causa importante de muerte en casos de influenza grave.

Los ancianos crónicamente enfermos se encuentran en gran riesgo de contagiarse con los virus de niños vacunados con virus vivos hasta un mes después de establecido el contacto.

Algunos estudios han demostrado que muchas de las vacunas, como la vacuna mixta contra el sarampión, la rubéola y las paperas (SRP) y la Haemophilus influenza tipo b (conocida como Hib) en la práctica suprimen la inmunidad.

Existen pruebas concluyentes de que la vacuna con virus vivos fue la causante de todos los casos de polio después de 1965. La polio literalmente se propagó desde los niños vacunados a sus padres, compañeros de colegio y vecinos.

Las vacunas con virus vivos no debieran utilizarse, especialmente en niños inmunodeprimidos y en ancianos.
Algunos estudios han demostrado que los sistemas inmunodebilitados en niños son más comunes de lo que se pensaba anteriormente, y la mayoría de los doctores no logran reconocerlo.

Las autoridades médicas concuerdan en que las personas con inmunidad suprimida no debieran ser vacunadas
nunca. Actualmente, sabemos que las vacunas con virus
vivos son la principal causa de esta condición.

 

La vacunación puede empeorar las enfermedades graves.

Recientes estudios han demostrado que las vacunaciones pueden aumentar drásticamente la toxicidad de una
cierta cantidad de neurotoxinas en el cerebro, incluidos el mercurio y los pesticidas.

En un estudio, quedó demostrado que si se exponía a animales a concentraciones extremadamente bajas de la
toxina cerebral rotetona, no se observaba daño asociado a la enfermedad de Parkinson en las células cerebrales. Sin embargo, si se vacunaba primero al animal y luego se le exponía a dosis mínimas del insecticida, el animal experimentaba un extenso daño cerebral.

Lo que esto significa es que si uno ha sido vacunado recientemente (en un lapso de pocos meses) y luego es expuesto incluso a dosis muy bajas de estos insecticidas comunes, el riesgo de desarrollar el mal de Parkinson podría aumentar enormemente, en especial si uno es anciano y posee un historial familiar de esta enfermedad.

En la práctica, en todo el mundo estamos expuestos a bajos niveles de pesticidas, fungicidas y herbicidas, pero el problema se encuentra más generalizado en los países en donde hay gran o total adopción del modelo productivo agroindustrial con fertilizantes y pesticidas asociados.

Las personas nacidas con una susceptibilidad genética se encuentran en el mayor riesgo de desorden neurológico, como el Alzheimer, el Parkinson o la enfermedad de Lou Gehrig.

La mayoría de las personas supone que las vacunas son estériles y libres de contaminación.
Nada podría estar más lejos de la verdad.

En un boletín reciente, señalé que los estudios actuales demuestran que los desórdenes neurológicos degenerativos se están presentando a una tasa mayor de lo pensado previamente.

Lo peor de todo es que están ocurriendo a una edad más temprana. La mayor cantidad de vacunas que aplicamos a las personas podrían ser la causa.

Las vacunas aumentan la toxicidad de los productos químicos que se encuentran comúnmente en el medio ambiente, lo que nos coloca a todos en riesgo. Cuanto más vacunas nos pongamos, mayor será es riesgo.

 

Vacunas, contaminación y cáncer

La mayoría de las personas supone que las vacunas son estériles y libres de contaminación. Nada podría estar más lejos de la verdad.

Por ejemplo, pocas personas del público general están conscientes de que las vacunas contra la polio en los años 50 y 60 estaban contaminadas con un virus causante del cáncer llamado SV40. Se calcula que más de 100.000.000 de individuos en todo el mundo fueron infectados.

Al mezclar tres y, a veces, cuatro virus,el riesgo de desarrollar una infección viral de por vida
(una infección viral persistente) aumenta enormemente.

Los científicos dedicados a las vacunas se peleaban por ver si causaba cáncer en la gente. Empezaron a realizar
estudios a largo plazo en grandes poblaciones de vacunados para verificar si aparecían incidencias de cáncer.
Sin embargo, evaluaciones posteriores de estos mismos estudios demostraron que éstos habían sido diseñados para ocultar cualquier aumento. ¿Por qué? Porque el hecho de relacionar la vacuna con el cáncer habría devastado todo el programa de vacunación.

Cuando el hecho se hizo conocido en los años 60, los fabricantes de vacunas inicialmente aseguraron al público que el virus SV40 era inofensivo para los seres humanos. Sin embargo, ellos sabían –a raíz del trabajo de la Dra. Bernice Eddy, en el National Institute of Health- que este virus causaba cáncer en los primates. Hasta la fecha, los defensores de la vacuna declaran que no existen problemas con la contaminación del SV40.

No obstante, estudios realizados por el Dr. Michele Carbone han llegado a la conclusión de que este virus es responsable de una cierta cantidad de cánceres humanos, entre ellos, el mesotelioma y el cáncer óseo. Un estudio que consideraba a 58.000 mujeres descubrió una proporción de 13 veces más de probabilidades de riesgo de cáncer cerebral en mujeres inoculadas con la vacuna contaminada en comparación con aquellas no expuestas al virus.

La vacuna contra la polio también estaba contaminada con citomegalovirus, que está asociado con los derrames cerebrales.

Recientes análisis de las vacunas de varios fabricantes que proporcionan vacunas a los ciudadanos de los Estados Unidos permitieron detectar que estaban contaminadas.

En uno de los estudios, el 60 % de las ampollas estaba contaminado. Uno de los virus encontrados fue el
pestivirus, que está asociado a graves defectos de desarrollo del cerebro. Además, se encontraron fragmentos virales (como ADN viral, ARN y proteínas) en varias de las vacunas.

Los partidarios de las vacunas nos aseguran que no existe peligro, pero la ciencia dice lo contrario.

Diversos estudios han demostrado que los fragmentos virales y bacteriales pueden quedar incorporados en otros microorganismos, dando lugar a virus y bacterias completamente nuevos. Algunos terminan en demencia y degeneración del cerebro.

Se podría pensar que la esterilidad de las vacunas mejoraría con el tiempo; sin embargo, de hecho, ha empeorado. La razón principal es que los chinos comunistas ingresaron al mercado de la biotecnología. Actualmente, constituyen uno de los fabricantes más importantes del mundo, y producen 41 de las vacunas usadas en Estados Unidos. Muy pronto, ellos fabricarán la mayoría de las vacunas.

Abundante evidencia señala que la industria farmacéutica y la biotecnología en China, ambas controladas por el
Partido Comunista Chino, fabrican productos contaminados, que han tenido como resultado decenas de miles de muertes en todo el mundo e incluso en la misma China.

Una cantidad concluyente de investigación y de experiencia clínica confirma que la mejor forma de prevenir la muerte o el daño causado por las infecciones es mediante una buena nutrición.”

La FDA inspecciona la mayoría de las plantas farmacéuticas en los Estados Unidos que fabrican vacunas, pero un reciente informe reveló que inspecciona las instalaciones chinas sólo cada 13 años. Para empeorar las cosas, el gobierno de los Estados Unidos debe depender de las autoridades chinas locales para obtener la información y traducirla del chino al inglés. Los informes indican que la información traducida proporcionada por los chinos es de dudosa autenticidad.

Y aún peor es el hecho de que la FDA inspecciona sólo una pequeña fracción –1,8%- de las instalaciones farmacéuticas y biotecnológicas chinas.

 

 

Protéjase a sí mismo y a sus seres queridos.

Una cantidad concluyente de investigación y de experiencia clínica confirma que la mejor forma de prevenir la
muerte o el daño causado por las infecciones es mediante una buena nutrición.

De hecho, el mejoramiento de la nutrición fue el responsable de la drástica caída de las tasas de muerte en
todas las principales enfermedades infecciosas en el siglo XX. También sabemos que la disminución de inmunidad en los ancianos, en los diabéticos, y en quienes padecen de síndrome metabólico y varias otras enfermedades, está principalmente relacionada con la mala nutrición o factores que pueden corregirse mediante el cambio de dieta y el consumo de suplementos.

Los doctores, obsesionados con los tratamientos farmacéuticos y las vacunas, desconocen esto. Las complicaciones causadas por las vacunas se reducen dando a las madres suplementos vitamínicos prenatales, administrando vitaminas a los bebés y amamantando a los recién nacidos. Existen muchas cosas en la dieta occidental que aumentan el riesgo de infecciones y las complicaciones generadas por las vacunas.

Estas cosas incluyen una alta ingesta de grasas omega-6 (aceites de maíz, cártamo, maravilla, maní, poroto de soya y canola) y de alimentos con aditivos excitóxicos (glutamato monosódico, proteínas hidrolizadas, caseinato de calcio, proteínas de soya y enzimas de levadura), además de dietas altas en azúcar y carbohidratos refinados y un escaso consumo de vegetales frescos. Todo esto ha sido respaldado por las ciencias básicas. Por otra parte, hacer ejercicio regular, dormir las horas de sueño necesarias y evitar el estrés enervante también reducen el riesgo a contraer enfermedades.

Russell L. Blaylock es neurocirujano retirado y profesor de neurocirugía en la Universidad de Mississippi. Es autor de numerosos libros y papers los que incluyen Excitotoxins: The Taste That Kills
(1994), Health and Nutrition Secrets That Can Save Your Life (2002), y Natural Strategies for Cancer Patients (2003).www.russellblaylockmd.com

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