Verónica Matus: cuando los niños aprenden jugando

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“Nuestro mayor empeño como educadores ha de ser el de desarrollar seres humanos libres, capaces por propia iniciativa de impartir sentido y dirección a sus vidas”. –Rudolf Steiner

Entrevista de Sergio Soliz

Aunque muchos hablan de la crisis en la educación en general, pocos se refieren a las dificultades específicas que existen en la educación a nivel preescolar. En esta entrevista, Verónica Matus, educadora Waldorf con más de 30 años de experiencia, nos habla de su recorrido y nos devela algunas de las claves que la han convertido en una referencia para sus pares y en palabra santa para los padres de familia que le confían la formación de sus hijos.

En su salón de clases, los niños gozan de una enorme libertad e inventan con sillas y mesas naves espaciales, botes de pesca y torres infranqueables. Sin embargo, más allá de ese dato que podría ser considerado como meramente anecdótico, reciben una educación basada en un cariño y en un respeto que van mucho más allá del cliché para convertirse en experiencia palpable y cotidiana.

¿Cómo llegaste a la educación Waldorf y cómo te anclaste tanto tiempo en ella?

Partí hace ya 30 años. Mi hija mayor debía entrar al colegio y en ese momento me parecía que ningún colegio de los que yo conocía era apto para lo que buscaba, un colegio que realmente pudiera entregarle esta formación integral y en el cual la consideraran realmente como una persona en su totalidad y no solamente como un ser pasivo al cual debían entregar un montón de datos que ella debía guardar en alguna parte. Un niño pasa muchas horas de su vida en la escuela y yo pensaba que se podía hacer una gran diferencia si esas eran horas enriquecedoras para el. Fue entonces que me enteré que se estaba formando el primer colegio Waldorf en Chile y me pareció que esta si era una opción interesante y a poco andar me di cuenta que era realmente lo que yo andaba buscando. Tenían una visión integral del hombre y propiciaban un tipo de educación muy distinta en la cual la preocupación central estaba no en el alto rendimiento sino en el niño, era realmente otro modo de enfocar las cosas. Ahí partió todo, comencé como mamá, como apoderada y paulatinamente fui entrando cada vez más en este mundo hasta llegar aquí.

¿Cómo es un niño Waldorf?

Yo creo que, porque se les ha permitido ser niños y porque se les ha acompañado correctamente en su desarrollo para que tengan un proceso sano y armónico en cada una de sus etapas, son niños creativos, sumamente inquietos en el sentido de querer saber más, de querer buscar más. Son niños que no se quedan tan tranquilos con lo primero que se les dice. Ellos quieren investigar, quieren entrar en distintos ámbitos de la vida escolar y es así que cuando ingresan a otros colegios, si fuera el caso, son en general muy bien recibidos porque movilizan al grupo, ellos van a estar siempre exigiéndole al profesor que explique las cosas en profundidad.

Pueden constituir un verdadero aporte para otros niños porque les muestran una otra forma de ver los estudios y
porque expresan libremente su forma particular de ser y ver la vida.

¿Cuáles son las necesidades de un niño en su primer septenio de vida?

Los primeros siete años constituyen la etapa más intensa y fundamental en la vida de cada individuo. Allí se establecen las bases de su vida futura y es el propio niño quien nos muestra qué es lo verdaderamente importante en esta etapa.

El niño del primer septenio se halla en un permanente percibir de todo lo que lo rodea, todo su cuerpo es un órgano de percepción extremadamente sensible y capaz de captar las impresiones más sutiles del ambiente, ya sea físico, natural, psicológico o moral. Completamente abierto y vulnerable, todo su mundo circundante lo impacta sin que el tenga la posibilidad de seleccionar entre lo bueno y lo malo. Todo moldea a un niño pequeño, desde una sonrisa, un gesto de amor, los colores y las formas hasta un gesto de impaciencia, un enojo o un entorno construido sin amor.

En esta edad el niño necesita también conquistar su mundo y su propia corporalidad a través del movimiento.
Entonces, es primordial respetar esta necesidad que tiene de moverse y es importante que le proporcionemos los elementos para que pueda hacerlo en forma libre escuchando la sabiduría propia de su cuerpo. Nuestro papel será el de velar amorosamente por su cuidado.

nino01En cada niño existe además la capacidad natural de imitarlo todo. Hay en él una confianza ilimitada en la bondad
del mundo. Esta será la llave de oro para la educación del pequeño. Nosotros debemos procurar, a la vez, ser hombres dignos de imitación. Cada conducta o impulso interno propio será imitado por el niño. Serán las acciones positivas y no los sermones los que guíen su actuar.

Característica también de esta etapa es la fantasía creadora que le es propia. Con ella, el niño se vincula con su propia dimensión cósmico espiritual, que es la misma que está presente en los cuentos de hadas tradicionales que serán un perfecto acompañamiento para esta edad.

Todo esto culmina en la actividad más representativa de este periodo: el juego. El niño aprende jugando. Rudolf
Steiner decía al respecto que las facultades que determinan nuestra inteligencia, nuestra experiencia vital y nuestra conducta social después de los 21 años son el resultado de que en la primera infancia nos hayan conducido a jugar apropiadamente.

¿Alvín Toffler escribía en la Tercera Ola que la educación en la ola industrial estaba basada en tres cosas que el denominaba como el programa encubierto: puntualidad, obediencia, trabajo repetitivo y mecánico. Esto tenía obviamente una correspondencia con el tipo de trabajador que necesitaban las fábricas. ¿Cuál crees que es el
tipo de ciudadano se precisa en este momento?

Estamos viviendo, creo yo, en un mundo de características muy singulares. Vivimos, por un lado, en un mundo en el cual tenemos que ser muy productivos, muy exitosos y útiles para el engranaje que hemos construido nosotros
mismos y, por el otro lado, vivimos en una etapa en la cual muchas cosas están en cuestionamiento. Aquí mismo, en Chile, es notable observar como hay tantos temas en crisis. En ese sentido, yo creo que hay que formar librepensadores, personas que de verdad pueden levantar desde sí mismas ciertos ideales, ciertas convicciones,
ciertos modos de hacer las cosas y que no simplemente vayan repitiendo lo ya hecho. Lo que se necesita ahora son hombres que puedan mirar los hechos y recrearlos, replantearse las cosas, proponer cosas nuevas y llevar
adelante los cambios que el mundo está pidiendo.

Existe una frase de Steiner que ilustra bien este modo de concebir la educación y es la que sigue: “Nuestro mayor empeño como educadores ha de ser el de desarrollar seres humanos libres, capaces por propia iniciativa de impartir sentido y dirección a sus vidas”.

Hay quienes asimilan esta dedicación e interés a los que haces referencia de la que hablas con una educación llena de concesiones ¿Se pueden marcar límites amorosamente?

Claro que se puede y esa es la manera de hacerlo. Los límites surgen de la confianza que tengo en ese niño y del respeto y la confianza creados. Cuidar con amor a un grupo de niños tiene que ver con eso, con la posibilidad de darles todos los elementos para que ellos puedan desarrollar sus capacidades y sus talentos porque yo confío en ellos pero entonces también les puedo exigir porque se que pueden dar mucho pero dar en el plano que corresponda a su realidad como individuo.

Volvemos aquí al tema de la imitación. Hay que educar con el ejemplo. No podemos pretender que nuestros hijos hagan o sean algo que nosotros no hacemos o no somos.

Yo trabajo con un grupo de niños del primer septenio y en esta etapa debe construirse una estructura muy firme. Cada uno de los niños sabe exactamente, qué es lo que se puede y que lo que no se puede hacer en este lugar que es de todos y que todos cuidamos. Ellos saben que nunca van a poder, por ejemplo, romper una planta o pisotear una flor pero saben también que tienen una libertad ilimitada para crear todo lo que imaginen y el niño
agradece eso tremendamente porque es su marco de referencia, es su estructura y sabe que esa estructura no va a cambiar, va a ser permanente y eso le da una gran tranquilidad, un gran reposo.

¿Cuál debería ser el rol de los padres en el marco de una educación más participativa que es la que tú promueves?

Vivimos en una época muy difícil y de grandes exigencias. Los padres se enfrentan a dosis cotidianas de estrés y en esas condiciones es cada vez más difícil que acompañen con tranquilidad y paz los procesos de sus hijos.
No me cabe duda que tienen la mejor intención del mundo pero están profundamente cansados, sobreexigidos,
estresados y este es un problema también para las educadoras.

Creo que hay que dar a los niños todos los momentos que podamos desvinculados de verdad de nuestras preocupaciones de adultos. Ir a caminar con un hijo de la mano mientras se habla por un celular no es realmente
pasear con el hijo, no es dedicar honestamente un tiempo a ellos. Es tan poco el tiempo que podemos darles que hay que compensar esa escasez de tiempo ofreciendo calidad y cercanía. Solo a través de este tipo de acercamiento es posible saber lo que nuestro niño necesita profundamente.

Soy conciente, como dije, de lo difícil de la situación actual y trato de ser comprensiva con eso pero cuando somos padres tenemos que saber que hemos elegido serlo y que esa es una responsabilidad tremenda. Buena parte del desarrollo de un niño se juega en sus primeros años de la vida y ese es un hecho incuestionable y lo que haya recibido o no haya recibido, el vínculo que haya podido hacer o no con sus padres y la calidad de ese vínculo es decidor para el resto de la vida.

¿Qué respondes a quienes dicen que la educación debe ser más realista y menos mágica para así prepararlos para el mundo competitivo en el que deben desenvolverse?

Voy a tomar la palabra mágica como un sinónimo de fantasía y, en ese sentido, es verdad que la fantasía es un elemento siempre presente en este tipo de educación. Se trata sin embargo de una fantasía creadora que, dependiendo de la etapa en la cual se encuentre el niño, va a tener distintos matices. Esta fantasía, cultivada a la larga se convierte en creatividad, una creatividad interna que permite descubrir las posibilidades que una situación dada me presenta. Creo, por lo demás, que la creatividad es una de las grandes claves para moverse
en el cambiante mundo de hoy. Si yo tengo una mente muy estrecha y si mi visión del mundo es muy estrecha se me van a ocurrir una o dos posibilidades pero si tengo una mente plástica, dinámica, elástica, las posibilidades que se me abran serán mucho mayores.

Si yo al niño le abro un espacio cotidiano para que pueda resolver desde su creatividad distintas situaciones día a día, minuto a minuto y que ponga en práctica las soluciones que el mismo va descubriendo, estoy logrando que se que construya internamente ese hombre que de adulto va ser creativo y propositivo frente a cualquier problemática que pueda tener.

Cada vez que el niño tiene que enfrentar un conflicto con un otro, cada vez que uno niño tiene que resolver cualquier tipo de problema por su cuenta, ese niño tiene que recurrir a un ejercicio de prueba y ensayo de mil
posibilidades hasta lograr hacer aquello que pretendía hacer y ese conocimiento que se logra, esa experiencia que se tiene, no se olvida porque queda guardada en su interior y aflorará en la adultez cuando se le presenten problemáticas que le toquen enfrentar.

¿Qué aconsejarías a los papás de niños pequeños en términos de horas de televisión, alimentación, horas de sueño?

La alimentación debería ser lo más natural posible y lo menos sofisticada posible, ojalá el consumo de productos
orgánicos, ojalá no colorantes, ojalá poca azúcar, pocos aliños incluso, una alimentación bastante simple. El niño no requiere de tantas variaciones y por el contrario necesita una suerte de rutina. Todo lo que sea rítmico y repetitivo para un niño que se halle en el primer septenio es algo que contribuye a su salud. En cuanto al sueño, un niño debiera dormir un poquito como lo guía la luz del sol, es decir, acostarse cuando empieza a obscurecer y dormir todas las horas que le sean necesarias, unas 10 horas en términos generales. En cuanto a la televisión, creo que se trata de un medio buenísimo para muchas cosas pero no para la vida de los niños y aquí no hablamos solo de contenidos. La televisión en sí misma maneja una forma que no tiene nada que ver con la realidad del niño ni con el mundo del niño y a eso me refería al principio cuando hablábamos de conocer al niño para saber cómo acercarme a el. La televisión tiene un ritmo, tiene un sonido, tiene una velocidad que no tiene nada que ver con el niño y que por el contrario es muy dañina para ellos. La televisión imprime a los niños imágenes en el alma que pueden ser muy perturbadoras y muy intranquilizadoras. El niño no pude digerir todo lo que la televisión le entrega.

Según tu experiencia, ¿en qué debería fijarse un padre a la hora de elegir un establecimiento educativo para su hijo?

En términos generales diría que los padres deben elegir el colegio que esté en acuerdo con sus propias convicciones relativas a la educación. Hay que elegir el colegio que esté en acuerdo con el tipo de vida que llevo y que aspiro. Si elijo un colegio, por muy bueno que sea, y ese colegio no está en acuerdo con mi propia vida y mis aspiraciones, los niños viven una gran contradicción.

vmatusVerónica Matus Broekman es profesora Waldorf de kinder y huerto en colegios Waldorf, fundadora y profesora de Casa Kinder Madre Tierra y presidenta fundadora de la corporación Cultiva, organización que trabaja reforestando Santiago con estudiantes y empresas. Actualmente dicta un seminario de pedagogía Waldorf en La Serena junto con la agrupación Aurora, impulsando allí la formación de un kindergarten Waldorf.

www.kindermadretierra.cl

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