sagitario

Sol en Sagitario

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“Veo la meta, alcanzo esa meta, y luego veo otra”.
Rayos y regentes:
IV, V, IV, 2, 3. Júpiter, Tierra, Marte.
Meditación: Martes 13 de Diciembre, 20:00 hrs.
Lugar: LUGAR DE REALIZACIÓN CANCELADO

Torkom Saraydarian

El Sol entra en el campo de la energía sagitariana el 22 de noviembre y permanece allí hasta el 22 de diciembre. Durante estos días, el Sol encauza la energía de Sagitario a través de los regentes de la constelación.

Es interesantísimo que Sagitario encauce las energías de los rayos cuarto, quinto y sexto, más el segundo rayo de su regente exotérico, Júpiter, y el tercer rayo de su regente esotérico, la Tierra. Este regente Jerárquico es Marte, que es un planeta del sexto rayo.

Todos los rayos se hallan en este signo, puesto que los rayos primero y séptimo, que faltan, expresan su influencia a través del regente Jerárquico, Marte.

El Cuarto Rayo de Armonía a través del Conflicto, se relaciona con las artes. Este es un campo que va a ser afectado en este período.

El segundo campo es la ciencia. El tercer campo es la religión. Júpiter, al ser un planeta sagrado, inspirará amor sabiduría en estos tres campos. La Tierra como el regente esotérico, acrecentará la “comunicación” entre estos tres campos, y Marte apresurará el fuego de la energía sagitariana dentro de la religión.

Hércules, el gran guerrero, tuvo que cumplir su trabajo en Sagitario.

Cuando Hércules estuvo dispuesto, se le apareció su Maestro y le dijo: Has de afrontar tu noveno trabajo: en Arcadia, hay pájaros antropófagos de aguzados talones y picos crueles, que se ocultan en densas malezas. Ellos comen a todos los que se les cruzan en el camino. Hércules: ¡Ve y extermínalos!”.

Hércules se dirigió a Arcadia y vigiló a los pájaros. Los había de a miles y le dijeron que, cuando todos revoloteaban a la vez por los aires, cubrían al Sol.

Algunos pájaros atacaron a Hércules, pero éste, con su garrote, los combatió y mató unos pocos. Procuró matar otros; con sus flechas, pero por doquier se escondieron en tupidos matorrales.

Mientras cavilaba sobre cómo exterminarlos, se le ocurrió la idea de emplear enormes címbalos para amedrentarlos y hacerlos salir de su refugio.

Reunió toda su energía y batió dos címbalos al mismo tiempo.

El sonido fue tan fuerte y penetrante que, de inmediato, todos los pájaros se echaron a volar. Tras tamaño acierto, Hércules montó de un salto su caballo alado y, tras elevarse del suelo, usó sus flechas para matar a los pájaros.

Este mito tiene un significado muy hermoso. En el mes de Sagitario, debemos actuar como Hércules. Debemos exterminar a los pájaros antropófagos que son los símbolos de nuestras ilusiones, de nuestros pensamientos dañinos, de nuestros espejismos e inercia, de nuestros prejuicios, supersticiones, emociones negativas e incontroladas, y de nuestra depresión o inercia que se oculta bajo muchas excusas. Todo esto deberá ser exterminado si un hombre ha de trasponer los portales de mayores expansiones de conciencia.

Hércules no pudo matar a los pájaros con su garrote que representa los medios de su personalidad. No pudo poner al descubierto y matar a los pájaros con sus flechas mientras estuvo en tierra, pues las que usó mientras allí estuvo fueron símbolos de los pensamientos que los intereses de la personalidad generan.

Los dos címbalos son la personalidad y la Divinidad interior. Estas dos deberán fusionarse para que el Sonido deje al descubierto todos los obstáculos que se ocultan dentro de nuestra naturaleza y los vuelva visibles para nuestros ojos. Todos estos obstáculos han estado oscureciendo a nuestro Sol interior durante muchos siglos.

El Fuego Eléctrico, que es el Sonido, se libera cuando se fusionan los dos polos de la naturaleza humana, cuando el espíritu y la forma se unen, y, en vez de flechas, emerge “la saeta de la Luz” y revela todo lo que está oculto en nuestra naturaleza. La “saeta de la Luz” son las flechas que Hércules empleó mientras estuvo montado en su caballo elevado sobre el suelo.

El Sonido es también la nota de la Chispa que está dentro de nosotros y sólo se libera cuando la personalidad alcanza una etapa de desarrollo en la que tiene su propia nota y está lista para fusionarse con la nota de la Chispa.

El caballo alado es Sagitario, el ardiente vehículo intuitivo desde el cual Hércules dispara la “saeta de la Luz” de la visión de su gran futuro.

La meta es alcanzar al Sol interior, aniquilando todo lo que oscurece al Sol. La “dirección” se empeña firmemente en dirigirse hacia el Sol, hacia el Yo interior, hacia el Yo Único.

Los pensamientos que se basen en intereses separativos o en crímenes, los pensamientos que están atados a la tierra, deberán ser eliminados en su totalidad antes de que podamos ver al Sol.

El lema del discípulo sagitariano es: “Veo la meta. Alcanzo la meta y veo otra.”

El máximo problema respecto de individuos, naciones y humanidad es hallar una meta y luego hallar una meta superior.

¿Para qué vivimos? ¿Cómo podremos hallar nuestra meta? ¿Es física, emocional, mental, espiritual? ¿Es personal, nacional, mundial? ¿Qué es?

Una persona mira a la meta a través de la selva de la vida de la personalidad, afectada por tradiciones, sociedad, hábitos, religiones, filosofías y amigos. A través de toda esta selva deberá efectuar una elección. ¿Cuál es su meta?

Una meta es parte del plan del Alma, o la síntesis de todas las mejores aspiraciones de una persona. El hombre promedio la encuentra de por vida, y está a la caza de otra en la próxima vida durante un breve intervalo, y luego la pierde. Un aspirante la encuentra de por vida, y está a la caza de otra en la próxima vida. Un discípulo la encuentra y crece con ella. Un iniciado es una meta viva en expansión.

El símbolo de Sagitario cambió a través de los siglos. En la época de la Atlántida, fue el centauro, una criatura mitad hombre y mitad caballo. En este símbolo, la naturaleza animal del hombre es el factor controlador.

En la civilización aria, el símbolo se transformó en un caballo blanco con un jinete. La naturaleza humana se aparta de la naturaleza animal, y de esta manera tiene la posibilidad de controlar los instintos animales.

En la Era de Acuario, el símbolo se transforma en una flecha que vuela hacia el sol. La flecha es la Chispa divina que regresa a su origen. Esta ha de ser la meta suprema de cada discípulo en la nueva era. La Chispa divina en movimiento se transforma en una flecha que se dirige hacia el Infinito, hacia su Yo verdadero. Este es el desafío de la nueva Era, inspirado por la energía de Sagitario.

Hay en Astrología Esotérica (pág. 140) un bello diálogo. El Maestro pregunta:

“¿Dónde está el animal, oh Lanú, y dónde el hombre?

Fundidos en uno, oh Amo de mi Vida. Los dos son uno. Pero ambos han desaparecido y nada queda sino el profundo fuego de mi deseo.”

“¿Dónde está el caballo, el blanco caballo del alma? ¿Dónde el jinete de ese caballo, oh Lanú?

Fueron hacia el portal, oh Amo de mi Vida. Pero algo pasa rápidamente ante los pilares de un portal abierto –algo que yo disparé.”

“¿Que te queda, oh sabio Lanú, ahora que los dos caballos te han abandonado y el jinete se ha liberado? ¿Qué resta?

Nada, sino mi arco y mi flecha, oh Amo de mi Vida; éstos me bastan y, cuando llegue el momento apropiado, yo, tu Lanú, me lanzaré rápidamente tras la flecha que disparé. Dejaré los caballos en este lado de la puerta, pues ya no los necesitaré. Entraré libre, recuperaré la flecha que disparé y aceleraré mi camino atravesando una puerta tras otra, y todas las veces la flecha irá rápidamente delante.”

La meta de nuestra vida sólo la podremos hallar si purificamos nuestra triple naturaleza para que las impresiones que se originan en el Guía interior lleguen a nosotros.

Las metas son de varias magnitudes. Pueden ser físicas, emocionales, mentales o espirituales. Son porciones del plan de nuestra vida a lo largo del sendero de nuestra evolución. Cada vez que vemos una parte del plan de nuestra vida, tenemos una meta mayor. Muy a me-nudo nos parece que no tenemos una meta, porque el plan de nuestra vida se oscurece detrás de nuestros espejismos, ilusiones e inercia.

Nuestras metas son como rayos de luz, proyectados desde el santuario interior. La primera iniciación se toma cuando un hombre es capaz de percibir uno de estos rayos que provienen de su santuario interior, derramando su luz en su sendero.

A medida que purificamos nuestra triple personalidad, la meta brilla más claramente, y organizamos nuestra vida de modo tal que todo lo que hacemos es adecuado a la meta. La purificación del cuerpo físico se lleva a cabo a través de la conducta y la acción correctas. La purificación del cuerpo emocional se lleva a cabo a través de la aspiración y la adoración.

La adoración es un acto de desarrollarse y llegar a ser lo que buscamos en los abismos de nuestro propio ser. En el sendero de la adoración, cae y desaparece todo lo que es feo en la vida emocional. La purificación del cuerpo mental sigue adelante cuando tratamos de pensar en la luz de la verdad y la realidad.

Muchas veces por día, la mente es tentada a escuchar los engaños, mentiras e historias deformadas de los demás y a repetirlas. Quien quiera purificar la mente deberá empeñarse en pensar a la luz de la verdad y la realidad. Tal esfuerzo purificará, a su tiempo, al vehículo mental, y permitirá a la persona que vea el plan de su vida. Una meta es una estación en el sendero de la vida de una persona, que conduce al Plan.

Es necesario que la purificación de los tres cuerpos se experimente simultáneamente, porque si la mente piensa con claridad, pero las emociones están llenas de espejismos, a su tiempo las emociones afectarán a la mente y la usarán para su propio beneficio.

La purificación de los vehículos de la personalidad hace que un hombre sea sensible a la dirección de su Guía interior. Cualquier contacto con el Guía interior revela una parte de la meta, el paso siguiente en el sendero. Nunca tendremos una meta real a menos que tomemos contacto con el Guía interior. Una persona puede pasar muchas vidas sólo para tener contacto con su Guía interior y ver con claridad cuál será el próximo paso. Una vez que se establece el contacto, el hombre nace con la conciencia de su meta que se manifiesta incluso en edad muy temprana. Muchos genios, talentos y dirigentes mundiales nacieron con el conocimiento de su meta y su misión.

Es interesantísimo que una vez que una persona toma contacto con su meta, no tiene otra opción. Puede ser que su meta le cause muchos sufrimientos, dolores y dificultades en su vida, pero eso no le impide que haga lo que quiere hacer. La meta aumenta el poder de la voluntad y esa persona se mantiene en marcha, sin importarle lo que ocurra en el mundo de su personalidad.

Cada sufrimiento y cada victoria en su sendero revela más claramente la meta, aumenta su poder de voluntad para bendecir los obstáculos, aumenta su júbilo y, a medida que avanza hacia la meta, se convierte a su tiempo en la encarnación de esa meta. Se convierte en un ideal para los que le miran como una luz guía. No trata de grabar en aquellos su imagen sino que les suscita empeño en procura de sus propias metas.

Los aspirantes del sendero se orientan instintivamente hacia su meta. Los discípulos conocen su meta y la realizan. Los iniciados se convierten en las metas. Durante el período de cinco días en que el Sol está en Sagitario, nuestra intención será tratar de hallar nuestra meta.

Es interesantísimo advertir que las metas de nuestra vida no están en mutuo conflicto. En realidad, cada meta que se proyecta desde el Guía interior hacia nuestro aparato mental es una pieza de un gran rompecabezas del universo. Toda la imagen o el cuadro todo se completará si encontramos todas las piezas –metas— y las colocamos en el sitio correcto del rompecabezas, o representamos nuestro verdadero papel en la vida. Una vida adecuada a la meta es la que ayudará a completar el cuadro. La energía sagitariana nos ayuda a ver nuestras metas y vivir la vida en consecuencia.

La energía de Sagitario inspira el idealismo. El idealismo es un impulso y una tendencia a ser uno con la meta. El sagitariano dice:

“Veo la meta. Alcanzo la meta y veo otra”.

Hay metas físicas, emocionales y mentales; luego, hay metas grupales, nacionales y mundiales. Cada meta es una octava más alta que la meta anterior. No deben contradecirse sino complementarse.

Se nos dice que la energía de Sagitario inspira o suscita idealismo y un sentido de dirección. El idealismo es una decisiva dirección de la vida para llegar a una meta más vasta. El idealismo es un impulso compulsivo a vivir según las normas de nuestro ideal.

La conciencia de un artista se enfoca en el plano mental abstracto, en el que aquél entra en contacto con impulsos espirituales que están en proceso de tomar forma como ideas en el plano mental. El idealismo puede hallarse en cualquiera de los siete rayos.

El sentido de la dirección es la aptitud para orientar y polarizar todo lo que tenemos, somos y hacemos en pos de la meta. Esto lo indica el simbolismo de la flecha, el hombre y el caballo. El caballo y el hombre deben seguir la dirección de la flecha, o el bien no podrá alcanzarse, lo cual significa que la personalidad –el caballo y el hombre—, (el discípulo empeñoso y la flecha), la percepción intuitiva, deberán moverse sincronizadamente si ha de llegarse a la meta.

El idealismo es el poder para contemplar la visión y dirigir nuestros pasos hacia ella con determinación y júbilo.

Sagitario suscita “el fuego del planeta que produce revelación al hombre purificado que está en la Luz”. Esta energía produce un sentido de dirección para guiar al caballo y disparar la flecha. La meta podrá hallarse en este signo de unidireccionalidad, aspiración, consagración, determinación, actitud enfocada e intuitiva, y poder para contemplar la visión.

El idealismo es la aptitud para mantener pura la visión y empeñarnos en armonizar nuestra vida.

La flecha simboliza la Chispa, cargada con el poder de la voluntad. El poder de la voluntad sólo podrá entenderse desarrollándolo y convirtiéndose en él.

En la Luna Llena de Sagitario, podremos tomar contacto con la fuerza de Shamballa. Shamballa es la Ciudad de la Paz, y el punto de apoyo de todos los rayos y energías. Una vez que un discípulo toma contacto con la fuerza de Shamballa, se pone en marcha un proceso de reorientación en lo profundo de su corazón.

Los discípulos de Sagitario son portadores del fuego. Transportan el fuego planetario. Brillan como antorchas en la humanidad para llevarla a su destino.

El signo sagitariano se llamó, en la antigüedad y en las escuelas de misterios, el signo del silencio. En los libros antiguos se mencionan tres importantísimos signos del silencio. El primero es la eliminación de las murmuraciones. Aprendemos a murmurar por nuestra radio, televisores y películas. Sagitario dice: “¡No murmurar!”, porque si hay murmuración, se pierde la meta. Hablemos algo bello. La meta sólo se podrá encontrar en el silencio.

El segundo es hablar acerca de nosotros; esto deberá eliminarse.

El tercer paso del silencio es no arrojar nuestras perlas, nuestra sabiduría y nuestras ideas frente a los que no están dispuestos a aceptarlas, porque las pisotearán, se volverán contra nosotros y nos devorarán.

Estas tres actividades de la expresión oral deberán custodiarse cuidadosamente. Los sagitarianos deberán poner especialmente fuerte énfasis sobre el silencio mental para que ni siquiera mentalmente se expresen de modo perjudicial.

Durante el mes de Sagitario, podremos ejercitar una severa disciplina de la palabra. A medida que aprendamos a guardar silencio y pronunciar las palabras correctas en el tiempo correcto y para la persona correcta, se desarrolla un sentido de dirección y se ve con más claridad lo que hacemos y adónde vamos.

Sinfonía del Zodíaco, pág. 215-220.

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