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Manfred Max-Neff: Una Economía a Escala Humana

Por Redacción Mundo Nuevo

La “economía a escala humana” representa un retorno a la sensatez y al sentido común. Es la economía que reconoce que el desarrollo tiene que ver con las personas y no con objetos; se reconoce como subsistema de un sistema mayor, que es la biosfera sin cuyos servicios ninguna economía sería posible. Es una economía que no confunde el crecimiento con el desarrollo y sin ser espectacular, apunta a la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales.

Ganador del Premio Nobel Alternativo de Economía, Manfred Max Neef llama la atención por su propuesta que combina ecologismo, teoría del desarrollo “a escala humana”, una formación como músico y una larga experiencia académica y de asesoramiento de organismos interna-cionales. Como resultado de su propia trayectoria, Max Neef elaboró la tesis de que es necesaria una nueva perspectiva que él denomina “economía descalza” y que la relata con un lenguaje llano y pedagógico. Confiesa haberla inventado “con los pies en el barro”, bastantes años después de haber abandonado un cargo ejecutivo en la multinacional Shell, donde había ingresado –a mediados de los ’50- después de terminar su carrera universitaria.

¿Qué le hizo abandonar su carrera en la multinacional Shell para dedicarse a estudiar los problemas de los países pobres?
Para responder a la pregunta debo aclarar en primer lugar que, además de economista soy músico. Hago esta aclaración porque, como se verá, la responsabilidad de mi drástico cambio de vida recae en Brahms. Recién graduado de la Universidad de Chile, a los 21 años de edad, recibí una oferta de trabajo de la Shell. Me sentí legítimamente orgulloso de ser contratado por una de las mayores empresas del mundo. Hice muy buena carrera en unos pocos años, convirtiéndome en un muy joven y exitoso ejecutivo. Pasados cuatro años me encontré una noche solo en mi sala de estar, escuchando la Primera Sinfonía de Brahms. Al llegar el segundo movimiento tuve la súbita sensación de que Brahms me preguntaba: “¿Qué haces con tu vida?” Fue una sensación tan intensa que comencé a imaginar visiones de mi futuro como ejecutivo a nivel mundial, realizando grandes negocios petroleros, en medio de connotados magnates. De pronto tuve la certeza de que ese personaje no encajaba conmigo. No logré reconocerme a gusto en esas imágenes. Una semana después renuncié sin revelar, por cierto, las verdaderas razones “brahmsianas”. Regresé a la Universidad a completar mis estudios de postgrado. Adquirí así con Brahms una deuda de gratitud de por vida.

Usted habla de que es posible una economía a escala humana. ¿Cómo se puede poner esto en práctica?
La economía surgió como hija de la filosofía moral y, por tanto, como disciplina preocupada por el bienestar humano. Con el correr del tiempo, especialmente a partir del neo-clasicismo, comienza a deshumanizarse sistemáticamente. La economía neoliberal dominante hoy en día es una disciplina “desmadrada” (que se olvidó de su madre). Hemos llegado a un punto en que en lugar de que la economía esté al servicio de las personas, son las personas las que deben estar al servicio de la economía. Es el mundo al revés, el mundo patas arriba en términos de prioridades.

La Escala Humana

La “economía a escala humana” representa por así decirlo, un retorno a la sensatez y al sentido común. Es la economía que se fortalece a niveles locales y regionales, donde la gente realmente está, sin caer en el deslumbramiento con el gigantismo y con lo macro como fines supremos. Es la economía de la diversidad, de la interdependencia, y de la solidaridad. Es la economía que reconoce que el desarrollo tiene que ver con las personas y no con objetos. Es la economía que se reconoce como subsistema de un sistema mayor, que es la biosfera sin cuyos servicios ninguna economía sería posible. Es una economía que no confunde el crecimiento con el desarrollo. Es una economía que sin ser espectacular, apunta a la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales. Es una economía orientada por valores, y en la que caben el afecto y la belleza.

¿Cómo surge lo que llama “la economía descalza”?
El concepto surgió hace muchos años, a partir de mi experiencia personal de trabajo en distintas áreas pobres de América Latina, tanto en la selva y la sierra como en sectores urbanos. En el fondo es algo alegórico, metafórico. Lo que me ocurrió lo describo de la siguiente manera: estaba en un sector de gente pobre, con los pies en el barro, y delante de mí estaba un tal José López, también hundido en el barro, flaco, con cinco hijos y sin empleo. Nos estábamos mirando a la cara y yo como estupendo economista pensé: “¿Qué le digo: Mira, José, alégrate porque el PIB está creciendo a un 6 por ciento?”. Súbitamente, en esas experiencias me di cuenta de que a pesar de todo mi bagaje como economista yo no tenía un lenguaje capaz de decirle algo coherente a gente que estaba en esas condi-ciones.

Aquello me confirmaba que la pobreza siempre se trabaja desde la oficina de un ministerio, por gente que nunca ha tenido relación con ella y que intenta resolverla por medio de estadísticas. Es decir, que se conforma con anunciar que la pobreza o la indigencia disminuyó un punto o dos. Es el lenguaje de la estadística. Por mi parte, después de años de trabajar sobre todo en comunidades indígenas y campesinas, tuve que inventar un nuevo lenguaje. Y, además, darme cuenta de que respecto de la pobreza de ninguna manera se pueden hacer cosas “por” los pobres, sino “con” los pobres.

¿Qué diferencia encuentra entre ambas formas?
Normalmente, lo que se tiende a hacer son proyectos generadores de ingresos porque la pobreza, según la entiende mucha gente, se reduce exclusivamente a una cuestión de ingresos. Y esas cosas no funcionan. Se llega a situaciones absurdas porque se cree que todo se resuelve con nuevos cursos de capacitación. Entonces, por ejemplo, sucede que en la zona de Lota, a los ex mineros del carbón desocupados se los intentó capacitar y reconvertir como peluqueros. Son ideas totalmente descontextualizadas y que vienen de afuera, como si la gente no supiera cuáles son sus problemas. Está implícito que sólo el economista universitario que llega con sus saberes especializados es capaz de pensar una respuesta a esas situaciones. Pero ésta es una concepción absurda y perversa, incluso cuando se hace con la mejor de las intenciones.

¿Qué papel desempeñan facultades de economía en la reproducción del modelo de globalización actual?
Salvo muy raras excepciones, hoy se enseña una versión de la economía neoclásica que poco o nada tiene que ver con la realidad. Se insiste en la enseñanza de una economía obsesionada con cuantificar y matematizar todo, desvinculada tanto de las necesidades humanas, como de la naturaleza, y del conocimiento de las leyes físicas. Es una especie de cuarto cerrado, que no tiene conexión con ningún otro sistema del mundo. En consecuencia, la economía se ha transformado en una disciplina incompetente, incapaz de resolver los problemas que le conciernen. De ahí la necesidad de un cambio profundo en su comprensión y enseñanza, más si se tiene en cuenta que, quienes tienen el poder para tomar decisiones, a mi juicio, han aprendido una economía que les han enseñado mal.

En ese sentido ¿una economía basada en formas de asociación o cooperativas, podría jugar un papel más destacado en el desarrollo social?
Sin duda. Lo que pasa es que entre la mayoría de los economistas aún existe la creencia de que lo más eficiente es la competencia. Algún día se comprenderá que la solidaridad es mejor negocio, pues la competencia no solo implica un acto de destrucción de otro, sino que su fin último es eliminar la competencia misma. Vale decir que es un sistema que funciona cuando se destruye a sí mismo, y esto no corresponde a ninguna ley natural, en cambio la cooperación, en la medida que se aplica, crece. En tal sentido, las cooperativas u otras formas asociativas son positivas. El problema es que carecen de apoyo, y no hay una masa suficiente de gente que oriente su trabajo en este aspecto. En consecuencia, muchas veces los proyectos y los esfuerzos así concebidos fracasan.

¿Cómo llega usted a conclusiones tan “diferentes” a lo establecido y tan sencillas que –sin duda- podrían cambiar el mundo?
Si se tienen las ideas claras, se pueden explicar de manera simple. Los lenguajes complicados son un refugio para las mentes confusas e inseguras. Siempre he admirado lo simple, porque está más cerca de la belleza, y la belleza está más cerca de la verdad.

Usted ha sostenido que el desarrollo social no siempre necesita de crecimiento económico.
Primero, hay que entender que debemos pensar en términos de una economía ecológica, por que todo está relacionado con todo, como lo enseña la física cuántica. Ahora, yo he hecho estudios con otros colegas en varias partes del mundo y hemos podido demostrar lo que llamé “la hipótesis de umbral”, según la cual, en toda sociedad hay un periodo en el cual el crecimiento económico conlleva a un mejoramiento de la calidad de vida, pero solo hasta cierto punto, el punto umbral. Cruzado éste, si hay más crecimiento se comienza a deteriorar la calidad de vida. Esto lo hemos podido comprobar en no menos de trece países que estudiamos entre 1950 y 2005. En esos países ricos hubo una correlación directa entre crecimiento y mejoramiento de la calidad de vida hasta, más o menos 1975 y 1983. A partir de esas fechas continúa el crecimiento económico y se comienza a deteriorar el desarrollo social.

La Micro-Escala

Sin embargo la economía de Chile es exitosa, gracias al crecimiento…
En términos macroeconómicos, es indudable que la economía chilena ha sido exitosa. Vale decir cuantitativamente, con las cifras que le interesan al Banco Mundial y a las universidades. Sin embargo, en términos cualitativos, mantiene una pésima distribución del ingreso, la concentración de la riqueza es enorme y la brecha entre los sectores de población altos y bajos se sigue ampliando. Pero estas son las cosas que una tasa de crecimiento no revela. Porque si a usted le hablan de un 5% de crecimiento nadie la dice en qué se basó. Pudo haber sido como producto de sobrexplotar recursos o personas, y esa parte de la historia no se cuenta.

Definitivamente lo suyo es una economía de micro-escala.
Los grandes problemas no se resuelven con grandes soluciones, sino con muchas soluciones pequeñas. Por eso hablamos de economía a escala humana: las cosas funcionan donde tú eres sujeto y tienes presencia y no cuando te consideran desde la abstracción de un número estadístico. La cuestión es reproducir estas experiencias locales y crear una base más amplia. En Australia se hizo para recuperar la economía de muchas ciudades pequeñas en decadencia por el cierre de fábricas. Para mí es claro que la economía verdadera se fortalece a niveles locales y regionales.

¿Para usted es una forma de enfrentar el universalismo del libre mercado?
El neoliberalismo logra conquistar el mundo entero porque tiene un lenguaje pseudo-religioso y ofrece el paraíso. La razón de su éxito se debe a que es simplista y dogmático y a la vez utiliza un lenguaje atemorizador. Es así que se proclama como verdad universal que no reconoce alternativas: quienes no aceptan la revelación están condenados. Tiene sus templos en las universidades donde la única economía que se enseña es la neoclásica. Y tiene su propia santísima trinidad: el crecimiento económico, el libre comercio y la globalización. Además obedece al Vaticano: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio, y que como Vaticano que se precia es infalible, sabe mucho mejor que todos lo que es bueno para nosotros y en aras de nuestra salvación “generosamente” nos lo impone, ese es el esquema en que estamos. Yo creo que en estos nuevos tiempos religiosos, hay que volver a ser un hereje.

¿El neoliberalismo estará en sus estertores y colapsará más temprano que tarde?
El mercado no tiene nada de malo, pero el mercado es bueno para lo que es bueno, no es bueno para todo. En el neoliberalismo que es una seudo religión todo se resuelve con el mercado y con el crecimiento. Eso está en una ruta de colisión; cuándo vaya ocurrir no lo podemos predecir, pero las causas fundamentalmente van a ser dos: una, por razones financieras porque el nivel de especulación a que ha llegado el mundo es absolutamente astronómico; la especulación cambiaria es de más de un trillón de dólares al día, que equivale a 50 veces más que la economía real de intercambio de bienes y servicios, lo que es una cosa demencial que nadie puede controlar; y dos, por razones de la naturaleza, el grado y la velocidad con que estamos generando destrucciones irreversibles como el caso del agua que va a ser el mayor problema del siglo XXI, puede ser la otra causa del colapso. Ahora, lo que tendría que venir luego del colapso en mi opinión sería algo mejor, una coexistencia más justa entre la trinidad de la supervivencia que es la relación armónica entre naturaleza, seres humanos y tecnología. mn


Manfred Max-Neef es economista chileno, ganador del Right Livelihood Award en 1983. Sus obras más destacadas son dos tesis que denominó Economía Descalza y Economía a Escala Humana, las que definen una matriz que abarca diez necesidades humanas básicas. En la década de los 90 formuló la hipótesis del Umbral, la idea de que a partir de determinado punto del desarrollo económico, la calidad de vida comienza a disminuir. Max-Neef fue miembro del Consejo Asesor de los Gobiernos de Canadá y Suecia para el Desarrollo Sustentable, y candidato independiente a la Presidencia de la República de Chile en 1993.


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