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Entrevista a Ximena Abogabir:
25 años de Trabajo Ambiental

Por Iván Andrés Santandreu

Testigo privilegiado de 25 años de transformaciones sociales, económicas y ambientales, Ximena Abogabir nos da cuenta de estos años de trabajo ambiental y de los desafíos pendientes para el país hacia el futuro.

Con motivo del aniversario de Casa de la Paz –institución sin fines de lucro, creada en 1983 y dedicada al tema ambiental- Ximena Abogabir, presidenta de la institución, nos entrega en esta entrevista su visión de años de trabajo abnegado, silencioso y honesto en pos del tema ambiental en Chile. Testigo privilegiado de 25 años de transformaciones sociales, económicas y ambientales, Ximena nos da cuenta de estos años de trabajo ambiental y de los desafíos pendientes para el país hacia el futuro.

¿Cuál es tu balance de estos 25 años de trabajo ambiental en Casa de la Paz?
La profunda satisfacción de mirar que en estos 25 años hemos plantado tantas semillas. Y de ahí el nombre del libro aniversario de Casa de la Paz (Sueños y Semillas), porque si hace 25 años, este grupo de visionarios hubiéramos pensado en plantar un bosque, ciertamente nos habríamos inhibido, habríamos encontrado que era poco probable, muy difícil, etc. Pero cuando tú propones plantar semillas durante 25 años, inevitablemente sale el bosque. Y para mí, cuando hoy en día recorro Chile y me encuentro con personas que fueron a talleres nuestros, que han usado nuestros manuales y que han seguido ellos plantando a su vez sus propias semillas, realmente pienso que valió la pena haber perseverado tanto.

¿Cuáles han sido nuestros principales logros como país durante ese período?
Pienso que el principal logro es el haber instalado el tema de la participación ciudadana y de la educación ambiental. En Casa de la Paz, claramente hemos sido pioneros en eso. Hemos producido infinidad de material educativo y hemos realizado muchos talleres, poniendo gran esfuerzo en esa línea. Sin embargo, al mismo tiempo, debemos reconocer un fracaso, porque si bien en la actualidad la conciencia ambiental está infinitamente más desarrollada que antes -en el sentido de que hoy se habla de contaminación, biodiversidad y la gente sabe de qué estás hablando- no hemos logrado incidir en el cambio de conducta de las personas. Al contrario, las personas saben que saben, pero se hacen los lesos. Y se hacen los lesos, porque dicen “para qué me voy a tomar la molestia si nadie más lo hace”, o “qué importa que yo bote este papelito en cualquier lado”. Es decir, hoy los problemas globales son muy complejos y las soluciones no son únicas, sino multifactoriales. El cambio del clima, la desertificación, la pérdida de biodiversidad significan que cada uno de nosotros cotidianamente, en la intimidad de su conciencia, tiene que tomarse pequeñas molestias, y se calcula que en el mundo la gente dispuesta a asumirlo es sólo de un 15% a un 20%. Y me parece que eso es un fracaso, un fracaso que hay que asumir.

¿Qué pasos podemos dar para poder revertir de alguna forma este fracaso que tú mencionas y que no nos ha llevado a un estilo de vida acorde con la conciencia de los problemas ambientales?
Yo pienso que perseverar en lo que venimos haciendo: más capacitación, más talleres, más de lo mismo, pero sin duda, más de lo mismo no basta. Creo que ahora, haciendo una autocrítica, algo que hemos hecho mal, o que hemos dejado de hacer, es incidir en políticas públicas. Lo que hemos reflexionado en torno a nuestro aniversario es que entendemos que las personas saben lo que tienen que hacer; sin embargo, dado que no somos perfectamente coherentes con nosotros mismos, entendemos que hay un lado de nosotros que nos boicotea, y para ese lado sombra es bueno que haya una coerción. Y esa coerción debe venir de las políticas públicas, a través de impuestos a los males ambientales y no a los bienes ambientales; a través de multas, de mayor fiscalización. Creo que claramente en eso hemos pecado.

Próximos Desafios

Tal vez otro tema que hemos analizado últimamente es que hemos estado hablando fundamentalmente de educación ambiental. Y ahora, de nuevo en torno a la reflexión y a la autocrítica, hemos evolucionado al concepto de educación para el desarrollo sustentable, que es mucho más complejo, porque lo ambiental es una parte, pero también está el tema de lo productivo, lo social y lo económico. Por lo tanto, ahora hemos cambiado nuestros programas para incluir esas variables.

¿Qué otros desafíos pendientes tenemos por delante en el tema ambiental?
Afortunadamente, el tema del calentamiento global ya no se discute. Lo que se está discutiendo son las soluciones y eso a mí me parece un tremendo paso, porque en todos los países el tema climático está produciendo problemas graves. Antes, nosotros hablábamos en futuro: “se derretirán los hielos, se desertificarán las tierras, se secarán los cursos de agua, cambiarán los regímenes de las lluvias”. ¡Y hoy ya lo vemos!, ¡se trata del presente, ya no hablamos en futuro! “Se desprenderán los bloques de los hielos polares”, ¡lo vemos!, “retrocederán los glaciares”, ¡lo vemos! Y eso me parece pavoroso, sobre todo si tú miras en nuestro vecindario. Un país como Haití, por ejemplo: tú te das cuenta de que hay un punto de no retorno. Hay un momento en que se produce un círculo vicioso entre depredación ambiental, degradación social, pobreza e ingobernabilidad. Y cuando ya estás ahí, el resto de la humanidad te declara país no viable. Entonces, lo que tenemos que entender es que no sabemos cuánto tiempo nos queda para reaccionar y no seguir, por ejemplo, con la farra del petróleo o no seguir quemando alegremente combustibles fósiles.

¿Qué opciones ves tú a este escenario como país frente al tema del calentamiento global y del agotamiento de los combustibles fósiles?
Pareciera que la humanidad, este 80% que no ha querido entender por las buenas, va a tener que entender por las malas. Y tendrá que estar dispuesto a cambiar su estilo de vida, porque no le va a quedar otra alternativa. Hoy en día estamos viendo, por ejemplo, cómo se encarecen los alimentos producto de que estamos desviando el maíz y el trigo para producir biocombustibles, y así seguir andando en auto y usando motitos de agua como diversión. A mí, eso me parece de una irresponsabilidad que me plantea la pregunta de qué le vamos a decir a nuestros nietos cuando nos pregunten: “¡cómo nos hicieron una cosa así a nosotros!, ¡miren lo que nos están dejando como humanidad!”. Entonces, yo creo que las personas que todavía estamos viendo una salida al problema tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para que ojalá podamos detener este proceso de destrucción antes de que sea demasiado tarde.

A pesar de que el tema ambiental hoy en día tiene mayor relevancia que hace 20 años, el movimiento ambiental sigue teniendo una imagen de marginalidad frente al grueso de la sociedad, ¿a qué se debe eso?
Siento que en parte, en Chile, hemos avanzado menos de lo que podríamos haber avanzado, por una ideologización del tema. Pienso que en el país, el tema ambiental se planteó como opuesto al desarrollo, opuesto al progreso y, por lo tanto, opuesto a los emprendimientos privados. Y me parece que ahí hay un error, porque necesitamos emprendimientos privados, sólo que éstos deben ser sustentables. Y desde ese punto de vista, toda esta discusión sobre la responsabilidad social empresarial me parece que abre un espacio de conversación con las empresas, y también con las comunidades y con los gobiernos locales. Y en eso hemos estado en los últimos años, encontrando esas conversaciones en las cuales a todos nos interese avanzar en la misma dirección.

¿Cuáles son, a tu juicio, los desafíos ambientales para Chile en los próximos 20 años?
Agregar valor a nuestros recursos naturales es un tremendo desafío, porque Chile sigue hoy dependiendo dramáticamente de sus recursos naturales y lo que está exportando muchas veces se va simplemente como materia prima. Ahí hay un tremendo desafío, para que nuestro país pueda crecer, desarrollarse, resolver los problemas de pobreza y de empleo que tenemos, pero que no sea a costillas de seguir destruyendo nuestro medio ambiente. Por otro lado, también está el desafío de poder evolucionar hacia una matriz energética que sea sustentable. A mí me preocupa el consumo del petróleo, porque evidentemente es un recurso que se va a acabar y que es tan valioso para tantos usos, no solamente para quemarlo. Me preocupa que se estén construyendo centrales a carbón, porque eso también atenta contra el cambio climático. Es decir, creo que tenemos que hacer un análisis mucho más profundo del diseño del futuro que queremos como país.

En Chile, tanto en los grupos ambientales como en el resto de la sociedad, el tema del cenit del petróleo –o peak oil- parece ser algo desconocido, centrando toda la atención en los desafíos del calentamiento global, ¿a qué se debe esta situación?
El costo de la energía está siendo en la actualidad tan relevante que a mí me parece que el país llegó tarde a esta crisis, a la crisis de la sequía, del gas con Argentina, de las emisiones del carbón y del petróleo. Sin embargo, la crisis obliga a enfrentar el tema, y en eso hay una oportunidad.

¿Alguna última reflexión que quisieras agregar?
Pienso que la pregunta que uno debiera hacerse no es qué pueden hacer los demás, porque eso no depende de nosotros, sino que la pregunta responsable es decir cómo me hago cargo yo de mi propio impacto en el planeta Tierra. Por cierto, impulsando políticas públicas adecuadas, por cierto aumentando la sensibilidad al tema en el resto de la población, pero yo, en la intimidad de mi vida, ¿de qué manera soy parte del problema? o ¿me sumo a la solución? Y creo que, sin duda, las políticas públicas hacen su parte. Sin embargo, el ejemplo de cada persona que usa responsablemente la energía, que separa los residuos para permitir su reciclabilidad, que utiliza el transporte público para evitar contaminar y congestionar las ciudades es la clave. La pregunta ¿qué puedo hacer yo? es, sin duda, la más interesante de todas.

Un Pretexto para Reflexionar:
Sueños y Semillas

Casa de la Paz está celebrando sus 25 años de existencia. Creada en el contexto de la Guerra Fría, su actual directorio consideró que era una buena oportunidad para resignificar el concepto “paz”. Por ello, a partir de mis recuerdos y documentos, junto con el testimonio de decenas de protagonistas, publicamos en marzo el libro Sueños y Semillas que da cuenta de la instalación del tema ambiental en Chile, así como de la evolución de la sociedad civil.

Resulta inevitable hacerse la pregunta sobre las diferencias entre los tiempos que motivaron la creación de la Casa de la Paz y los actuales. Comparto algunas que alcanzo a vislumbrar, con la intención de provocar que otras personas sigan completando la lista:

1. Antes la Solución era Más Fácil. Existía un problema (la Guerra Fría), un enemigo (el otro, a quien era preciso convencer o destruir), una solución (dos teléfonos), un muro (en Berlín) y cuatro protagonistas de la solución (Lech Walesa, el Papa, Ronald Reagan y Michail Gorbachov).

Hoy es mucho más difícil. Los problemas son diversos y complejos (la sequía, el SIDA, la delincuencia, la desertificación, la violencia doméstica, para nombrar sólo algunos), distintos enemigos (incluyendo esa parte de nosotros que ya sabe y se resiste a cambiar), distintas soluciones (más que la “bala de plata” de antaño con que el bueno eliminaba al bandido, hoy se requiere múltiples perdigones sostenidos en el tiempo en la forma de cambio de hábitos de la población).

2. Antes Hablábamos en Futuro: retrocederán los glaciares, escaseará el agua, colapsarán los bancos de pesca, se encarecerán los alimentos, lo que generará graves conflictos sociales…¡¡Y nos acusaban de apocalípticos!!

Hoy hablamos en presente: los cascos polares se están derritiendo; el cereal ha doblado su precio, en parte por su uso alternativo como combustible; las sequías se alternan con las inundaciones; la mayoría de los bancos de pesca están sobreexplotados; las ciudades están colapsando. Ello nos obliga a preguntarnos sobre el punto de NO retorno. ¿El actual deterioro de las condiciones que hacen posible la vida humana será irreversible? Actualmente es posible constatar las consecuencias en algunos países que no lograron detener a tiempo el proceso de destrucción, y que sufren las consecuencias del círculo vicioso de “pobreza –destrucción ambiental- ingobernabilidad”. En nuestro vecindario, es el caso de Haití, así como muchas otras naciones en África y Asia, declarados por la comunidad global como países “no viables”.

3. El “Sueño Americano” también sedujo a China y a India y, de paso, se convirtió en pesadilla. Ello significa, por una parte, que el impacto ambiental de la sociedad de consumo –la cultura de lo desechable, la hamburguerización de la dieta, el automóvil convertido en símbolo de triunfo personal- supera la capacidad de carga del ecosistema del Planeta, por lo que es ahora indispensable comenzar a incidir en las aspiraciones de estilo de vida de la humanidad. También implica que existe una cultura occidental que triunfó (las corrientes de emigrantes así lo confirman) y que las demás culturas resultaron “perdedoras”. Estas últimas tienen dos opciones: o la imitan con una mezcla de admiración y rencor; o la resisten con violencia, como diariamente constatamos a través de las noticias de Medio Oriente. Sus combatientes suicidas son un símbolo que tendríamos que atender y preguntarnos cuántos jóvenes occidentales están dispuestos a volar por los aires por defender sus convicciones.

De lo anterior, ha surgido un resultado inesperado: los jóvenes de hoy se parecen más entre sí que con sus abuelos, lo que constituye un signo de esperanza, porque ellos valoran la diversidad y entienden los límites de la naturaleza.

4. Antes Buscábamos las Respuestas a Nuestras Preocupaciones en los Líderes Políticos y Espirituales; ahora miramos a los ministros de Hacienda, ya que el mercado aparece como la única estrategia disponible y que la solución de todas nuestras preocupaciones pasa por generar condiciones de emprendimientos privados con un mínimo social consensuado. Ello conlleva serios inconvenientes. En primer lugar, es mala idea tener una sola herramienta para enfrentar los complejos problemas de la modernidad. Por otra parte, el mercado periódicamente sufre tempestades y su “efecto Dominó” arrastra a quienes pueden estar haciendo bien sus tareas, lo que genera una profunda sensación de desamparo al no poder controlar todas las variables.

5. Así Como Nunca Imaginamos lo Atrás que Quedó el Sector Gubernamental en conducir a la sociedad hacia mayores niveles de bienestar, tampoco imaginamos que el timón lo tomaría con tanta decisión el sector privado para definir el rumbo de la humanidad. Mucho menos sospechamos el poder que tomarían los ciudadanos. A través de las cámaras instaladas en los teléfonos celulares, YouTube e Internet, las denuncias llegan a toda la humanidad sólo con un clic. Ya no quedan lugares donde esconderse en el Planeta Tierra.
Si hace 25 años hablábamos en futuro de una eventual amenaza socioambiental, y hoy ya constatamos cómo ésta se comienza a manifestar, no queremos que llegue el día en que tengamos que hablar en pasado y debamos mirar a los ojos de nuestros nietos cuando nos pregunten ¿Cómo pudieron hacernos esto a nosotros?


Ximena Abogabir, periodista de profesión, es Presidenta de la Fundación Casa de la Paz. Ha coordinado campañas de participación ciudadana, tales como el Día de la Tierra; Santiago ¿Cómo Vamos?; Mi Compromiso con la Descontaminación, entre otras. Fue nominada Fellow de Ashoka, y seleccionada como "líder de la sociedad civil" por Fundación Avina, y entre las 100 Mujeres Líderes (2003-2005) por diario El Mercurio. www.casadelapaz.cl


 

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