Iluminación artificial: En la búsqueda de la mejor luz para nuestra vista y salud

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“La iluminación artificial, aunque se desconozca, tiene una importante incidencia en el estado de nuestra salud y de nuestra vista, pudiendo afectarlas negativamente cuando se utiliza sin los cuidados necesarios. Sin embargo, un uso correcto de los tipos de iluminación que existen puede minimizar los diferentes riesgos, por lo cual se debe tomar consciencia y elegir las ampolletas adecuadas frente a las distintas necesidades que nos demandan las actividades diarias.”

Alejandra Vidal de la Cerda

Día a día nos exponemos a la luz artificial ya sea porque estamos en invierno y la luz natural es más escasa, o porque nuestras actividades diarias nos obligan a mantener la luz encendida para así poder realizar todo lo que tenemos que hacer.

Sin embargo, la luz artificial carece de las ventajas que tiene la luz solar o natural, por lo cual a la hora de elegir cómo podemos iluminar nuestras actividades diarias, se hace necesario buscar las mejores alternativas para que nuestra vista y salud se dañen lo menos posible.

Las ampolletas incandescentes solían ser la mejor alternativa, pero por diversas razones dejaron de fabricarse. Entre estas razones estuvo la del ministerio de Energía de Chile, quien ordenó que a contar del segundo semestre de 2015 las bombillas de 25 watts o más tendrían que dejar de venderse para ser reemplazadas por ampolletas de ahorro de energía, más conocidas como lámparas fluorescentes compactas (LFC), luces LED y halógenas.

Mala noticia, ya que las lámparas de bajo consumo se fabrican con mercurio, lo cual es un riesgo si es que se llegasen a romper y, además, son muy contaminantes. Las lámparas halógenas en tanto emiten radiaciones mientras que las LED dañan la retina.

Por lo mismo, la luz solar o natural sigue siendo la mejor alternativa, frente a lo cual es importante considerar algunos aspectos para sacarle el máximo provecho. Uno de ellos es privilegiar construcciones con buena entrada de luz natural, sobre todo en los lugares en donde se está la mayor parte del tiempo.

“Las lámparas de bajo consumo se fabrican con mercurio, lo cual es un riesgo si es que se llegasen a romper y, además, son muy contaminantes. Las lámparas halógenas en tanto emiten radiaciones mientras que las LED dañan la retina.”

También se pueden elegir ventanas que no sean de vidrio común (las de cuarzo son buena opción), ya que éste impide el paso de los rayos ultravioleta A (UVA) debido al hierro que poseen, reduciendo nuestra exposición diaria a tal importantes rayos que cuando entran en contacto con nuestra piel permiten que nuestro organismo sintetice la Vitamina D, elemento necesario que cumple funciones como mantener niveles adecuados de calcio y fósforo –minerales necesarios en la formación del esqueleto y los dientes-, mantener en buenas condiciones la coagulación de la sangre y el sistema nervioso, entre otros.

Por último hay que darse el tiempo y tratar de buscar lugares de trabajo en donde la iluminación natural sea suficiente, evitando así tener que prender las ampolletas. Y cuando éstas deban ser usadas, no se debe mirar directamente a los focos para evitar el deslumbramiento y los consiguientes posibles daños a los ojos.

Esto no sólo nos ayudará en nuestra vista, sino que también en nuestra salud en general, ya que la carencia de la luz solar afecta negativamente a todos los sistemas biológicos de nuestro organismo, incluyendo la capacidad del cerebro para el manejo rápido de información.

Además de esto, privilegiar el uso de luz natural es positivo porque evita otra serie de riesgos a la salud que están asociados con el tipo de iluminación artificial, tales como problemas de concentración, estrés, dolores de cabeza, fatiga crónica, insomnio, depresión, falta de deseo sexual, impotencia, daño a la retina y problemas neurológicos, considerando que la luz artificial puede alterar la glándula pineal y los sistemas hormonales e inmunitarios.

Como siempre, los grupos de riesgo compuestos por niños, adultos mayores, embarazadas y enfermos, sobre todo aquellos inmuno deprimidos o que están afectados por hipersensibilidad ambiental, son los más sensibles a las alteraciones que puede producir la iluminación, por tanto se debe poner más ojo y analizar qué tipo de luz tienen en ambientes de trabajo, de estudio y en sus hogares.

Intensidad de la luz: ¿Cuánta necesitamos?

La luz es la parte de la radiación electromagnética que el ojo humano puede percibir, aunque en física el concepto incorpora todo el campo de radiación, siendo más conocido como espectro electromagnético, que no es más que la distribución energética del conjunto de todas las radiaciones con sus longitudes de onda, frecuencia e intensidad.

El espectro electromagnético va desde la radiación de menor longitud de onda, como por ejemplo los rayos gamma y los rayos X. Pasa por la luz ultravioleta, la luz visible y los rayos infrarrojos, para terminar en las ondas electromagnéticas de mayor longitud, donde a modo de ejemplo una de las más conocidas son las ondas de radio.

Pese a que el espectro electromagnético es mucho más amplio, el ojo humano tiene una gran capacidad de discriminación cromática, ya que es capaz de distinguir unos 10 millones de tonos de color, siendo un valor máximo de sensibilidad el 555 nm, o el amarillo verdoso, color que abunda en la naturaleza por lo cual el ojo de las personas son más sensibles a esa longitud de onda versus otras.

“Son mejores las lámparas fluorescentes que si logran un espectro lumínico completo, produciendo una iluminación de tono blanco puro. Las lámparas halógenas, en tanto, también tienen espectro completo.”

La cantidad de luz se mide en lux, medida que es igual a un “lumen por metro cuadrado”, expresando la cantidad de luz que incide en una superficie. Una luz brillante, por ejemplo, tiene una intensidad de entre 800 y 1000 lux, mientras que el mínimo de luz que necesitamos, usando como parámetro una iluminación que nos permita la lectura, va entre los 300 a 500 lux.

Ahora, para manejar adecuadamente la luz artificial en una casa por ejemplo, se recomienda mantener una lámpara de seguridad de 10 lux, una lámpara cálida que acompañe cuando se vea televisión de no más de 100 lux, una luz general de ambiente de entre 300 y 500 lux, una luz intensa para cuando se realizan actividades, como encuentros sociales, de 500 y 1.000 lux y, sólo en caso que sea necesario, una luz brillante de lectura de más de 1.000 lux.

Dicho esto, es necesario explicar las principales diferencias de las ampolletas. La luz fluorescente corriente, reconocible por los clásicos tubos de neón que utiliza, emite una luz fría con un perfil discontinuo y perjudican más la salud al ser su espectro muy limitado. Ciertamente las de tonalidades en blanco frío, blanco cálido y blanco de luxe mejoraron el impacto visual pero siguen sin tener el espectro completo. Por ello son mejores las lámparas fluorescentes que si logran un espectro completo, produciendo una iluminación de tono blanco puro. Las lámparas halógenas, en tanto, también tienen espectro completo.

Pero, ¿qué es el espectro completo? El espectro completo indica que la bombilla emite en idénticas frecuencias y en la misma proporción que la luz solar, incluyendo los rayos ultravioleta (UVA), permitiendo apreciar el tono real de los colores, algo vital para nuestras vidas diarias y para la actividad de fotosíntesis de plantas de interior y de invernaderos. Sin embargo, es importante mencionar que estas luces no logran ser igual de buenas y positivas que la luz natural.

Por lo mismo, hay que poner atención al contraste lumínico del ambiente en el cual la persona se encuentra, siendo mejor evitar la iluminación uniforme al igual que un entorno de trabajo en penumbra con demasiada luz en una mesa. Una recomendación adecuada es contar con un contraste lumínico en donde por ejemplo haya 900 lux en la zona más iluminada, como en una mesa, y 300 lux en la más oscura.

De igual forma, y como una manera de resguardar la salud, se debe evitar mirar directamente a los focos brillantes, como las luces halógenas y LED, ya que éstas producen deslumbramientos y posibles daños en los ojos. Por ello una luz siempre debe estar por detrás de la persona, y no por frente. Si no es posible contar con una luz detrás o ésta es muy débil, idealmente debe estar por encima y a una distancia adecuada de la persona.

Alternativas para la buena salud

Dado que la luz solar activa la glándula pineal que segrega serotonina y dopamina, junto con regular el sistema inmune, la pregunta que surge es qué ocurre con la salud de las personas que se encuentran en lugares en donde la luz natural escasea.

Afortunadamente existe la fototerapia, práctica que está siendo muy utilizada por las personas, sobre todo del hemisferio norte y sur, para estimular el organismo. Basta con exponerse, idealmente por la mañana, durante 15 minutos, o recibir una sesión de fototerapia de media hora con una lámpara de espectro total de 10.000 lux.
Quienes padecen alguna enfermedad crónica deben recibir fototerapia idealmente también en la tarde, y por media hora.

En paralelo, luminarias como las LED y halógenas trabajan en bajo voltaje que requieren transformadores para producir corriente continua, generándose campos electromagnéticos intensos, frente a los cual las personas deben distanciarse del origen de la luz al menos entre 50 cm y un metro, incluso si las bombillas están por sobre la cama.

Las lámparas fluorescentes son también otra amenaza para la salud, ya que por su frecuencia de parpadeo de 50 Hz impacta 50 veces por segundo en la retina, al igual que las pantallas de los computadores y de los televisores. Esto induce ondas cerebrales de estrés (ondas gamma >25 Hz) además de cansancio físico, dolores de cabeza y fatiga visual. Una alternativa son las reactancias electrónicas de alta frecuencia, que vibran a 20.000 Hz, eliminando la fatiga visual y el estrés, ya que evitan el parpadeo del tubo.

Si bien este tema y las diferencias pueden resultar un tanto agotadoras, es importante escoger adecuadamente la luz que utilizaremos diariamente y para qué actividad, ya que sólo así podremos cuidar de nuestra salud y no exponernos a deficiencias en nuestro organismo.

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