Homeopatía y flores de Bach: Una pareja bien avenida…


Hahnnemann y Bach nunca se conocieron, pero compartían ideales en común. En este artículo la autora nos cuenta cómo remedios homeopáticos y florales juntos pueden hacer más.

Bárbara Espeche

El Dr. Samuel Hahnnemann, nacido en Meissen el 10 de abril de 1755, es el padre de la Homeopatía. Esta disciplina, como método terapéutico, revolucionó el mundo médico de su época, y lo sigue haciendo en la actualidad, con mayor vigencia aún.

El Dr. Edward Bach, nacido en Gales el 25 de septiembre de 1886, inicialmente homeópata, es el “padre de la Terapia Floral”, que también ha aportado mucho para la terapéutica del hombre más holística.

Ambos compartían un deseo y un pensamiento en común: hacerle comprender a la humanidad que la enfermedad implica siempre al hombre como totalidad y que es una compañera de viaje ineludible, por medio de la cual aprendemos lo que desconocemos de nosotros mismos. “La vida es el camino de desengaños: al ser humano se le van quitando una a una todas las ilusiones, hasta que es capaz de soportar la verdad.”

Tanto para Hahnemann como para Bach, la curación con remedios naturales proporciona la búsqueda del equilibrio del organismo estimulando y controlando sus propias fuerzas sanadoras. De este modo, ambos pensaban que la medicina debía despertar los curadores internos de cada quien y no suprimir los síntomas.

Los remedios homeopáticos y florales

Los remedios homeopáticos se preparan con elementos de los tres reinos de la naturaleza (vegetal, mineral y animal) mientras que los florales lo hacen utilizando el reino vegetal.

Es interesante tener en cuenta que el 70% de los remedios homeopáticos son vegetales, y en su mayoría flores, como por ejemplo: árnica montana, caléndula, aloe vera, avena sativa, etc., y muchas de ellas también se preparan como esencias florales, como clematis, manzanilla, impatiens, genciana, pasionaria, para dar sólo algunos ejemplos.

Si bien ambas terapéuticas se rigen por leyes diferentes, ya que la homeopatía elige sus remedios según el principio de lo similar, mientras que las flores se seleccionan por la ley de los opuestos, tienen el mismo punto de coincidencia, que es encontrar el origen de las razones nos enferman.

Bach decía que había que tratar de convertir el defecto en virtud, que el odio no se cura con más odio sino con el desarrollo de la virtud opuesta, pero de algún modo esta idea viene a complementar la homeopática, no a contradecirla.

Otra diferencia es que en la Homeopatía existe la posibilidad de trabajar con distintas potencias, teniendo cada potencia propósitos específicos. Así, las altas potencias pueden llegar a niveles más sutiles y las más bajas al cuerpo físico.

Los dos tipos de remedios, por tener principios energéticos activos, pueden combinarse y complementarse en una sinergia poderosa, para un trabajo terapéutico profundo.

Si Bach y Hahnemann se hubieran conocido…

Si Bach y Hahnemann se hubieran conocido, seguramente habrían compartido sus conocimientos, disentido e investigado sus mutuos descubrimientos. Habrían dado lo mejor de sí en pos de la sanación, porque ambos coincidían en que en la naturaleza misma se encontraban los remedios para los males del hombre. En la modestia de sus personalidades habrían tenido la generosidad de no interferir en el crecimiento e investigación del otro, sino potenciar su trabajo para hallar mejores respuestas para ayudar a la salud de la humanidad.

Así como Bach dice que si Hahnemann hubiera seguido viviendo, seguramente habría desarrollado los postulados que sostienen la Terapia Floral, del mismo modo aquellos que practicamos esta última disciplina, debemos ser consecuentes con el espíritu abierto y renovador de Bach. Entonces, el nuevo desarrollo de remedios homeopáticos-florales no hace otra cosa que encarnar la perspectiva clínica que Hahnemann y Bach compartieron: el principio y el fin de la tarea terapéutica que es el hombre.

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