Habitar la casa del alma


Podríamos decir que es posible ver la tarea que Dios nos encargó a partir de nuestra apariencia, y hallar allí significado y sentido. 

Rudiger Dahlke

En el ingreso al antiguo templo griego una inscripción decía: “Conócete a ti mismo”, y al parecer la frase se completaba en el interior con las palabras “para que descubras a Dios”: Ver a Dios en sí mismo quizás pueda parecer algo inaudito, pero también el cristianismo nos transmitió, tal como dice la Biblia, que el Reino de Dios está en nosotros. La tarea inicial radica entonces en mirarse a uno mismo con toda sinceridad y estar dispuesto a aceptarse, para poder descubrir la obra de Dios (o del destino) en la propia figura.

Expresado en otros términos, podríamos decir que es posible ver la tarea que Dios nos encargó a partir de nuestra apariencia, y hallar allí significado y sentido. Una vez logrado esto, el paso siguiente será descubrir a las personas por medio de su apariencia y entender así el proyecto que Dios tiene en ellos. Así podremos ser más justos, tanto con nosotros como con ellos, y vivir de manera más armónica y afectuosa en la Tierra. El término “proyecto” adquiere aquí un doble significado. Dios dirige su palabra hacia nosotros y en este sentido él nos ha designado un proyecto. La tarea de toda persona que posee algún tipo de orientación espiritual o religiosa es la de ajustar su vida a él.

Esta visión no se limita en modo alguno a nuestro ámbito cultural: también los budistas consideran al cuerpo como un gran regalo, y buscan regir su vida ética según la gran ley cósmica (dharma). Esta postura descarta de plano todo juicio y valoración, así como cualquier grado de prejuicios y condenas.

Aproximarse a esta clase de terrenos silenciosos y respetuosos posee efectos sanadores para nuestro modo de interpretación; no provocará heridas, sino que incluso las sanará. Esta es la meta más alta. Quien logre vivir más satisfecho con su cuerpo y perciba todo con mayor transparencia, que es el fin para el que ha sido hecho, habrá alcanzado esa meta y un mayor grado de realización.

Pero el alma es aún más importante que el cuerpo, al igual que los habitantes son más importantes que la casa. El cuerpo merece nuestra atención, pero él no permanecerá. Solo el alma posee la prerrogativa de la inmortalidad. Pero si vemos en nuestro cuerpo la oportunidad que nos permite saber más acerca del alma y sus funciones, favoreceremos el desarrollo de ambos, y le daremos al cuerpo el valor que merece, sin sobreestimarlo. Si le permitimos al cuerpo ser este cuerpo particular, experimentar su jerarquía y el debido respeto —en el sentido de la gran oportunidad que él tiene sobre la Tierra—, el provecho será magnífico.

“Descubrir el cuerpo como casa del alma, y como la única disponible, modificará dramáticamente la vida en esa casa, sin que ella misma cambie.”

Ver con los ojos del amor

Quien alcance a descubrir las posibilidades de desarrollo que habitan en la propia casa corporal, podrá ver belleza incluso donde algo parezca a primera vista problemático. La propia tarea puede ser entonces aceptada con amor. Incluso las “zonas problema” pasan a ser aceptadas o incluso amadas.

Este punto de vista puede parecer difícil cuando la realidad, las posibilidades y los deseos están muy alejados los unos de los otros. Pero también en ese caso la mejor opción sigue siendo aceptar con amor las tareas, por muy grandes y difíciles: que sean. Amar significa siempre abrirse y hacer lugar para lo otro, para lo extraño
En la medida en que una persona se sincera consigo misma, llega hasta sí y se vuelve una consigo, se encuentra y descubre su ritmo, que luego percibe como movilizante y bello. Y así, las personas sinceras son realmente atractivas independientemente de su figura exterior. El poeta Christian Morgenstern lo expresa con las siguientes palabras: “La belleza es ritmo percibido. Ritmo de las ondas a través de las cuales se nos transmite todo lo exterior”. Y sigue: “Bello es todo lo que contemplamos con amor. Cuanto más ama alguien al mundo, tanto más bello lo hallará”. Y tanto más bello se volverá él mismo, pues amar el mundo exterior y el mundo corporal propio embellece. Para esto no es menester modificarlos en nada, basta con quererlos y todo se logrará más fácilmente.
La verdadera belleza proviene del interior. El primer paso que nos conduce hasta allí consiste en reconocer sinceramente aquello que es; aceptarlo; abrirse a ello y contemplarlo con los ojos del amor. Estos deben permanecer bien abiertos a las oportunidades de la situación. Lo que a primera vista es bello puede gozarse de inmediato; en cambio, lo que parece feo a primera vista, podrá reconocerse en un segundo momento como oportunidad y, a través del proceso de aprendizaje que se desencadena, percibirse como bello e (incondicionalmente) aceptado. Este marco es mucho más útil para nuestro desarrollo. Esto es comparable al amor por un niño dificil o discapacitado, que exige de la madre mucho más, pero que a la vez pone en marcha un desarrollo mayor.

Hallar el propio camino

La irrupción en este nuevo campo de la contemplación del cuerpo es tanto más sencilla si logramos tomar las interpretaciones con una cierta cuota de autoironía y humor. Junto con el amor, el humor constituye una receta probada, pues el término mismo apunta a lo que fluye. Basta recordar la antigua patología humoral o teoría de los humores que atribuía los cuadros clínicos a la incorrecta mezcla y comportamiento de los fluidos corporales. Independientemente del hecho de que muchas tareas sean tan difíciles que solo puedan tolerarse y resolverse correctamente con una actitud de fluida ligereza, cada cual debería intentar reúne un poco de los problemas que trae consigo o recibe. Si esto se logra, no solo surgen rápidamente soluciones para los propios problemas sino que se vuelve además más llevadera la confrontación con las tareas que se vislumbran detrás de las interpretaciones.

Será muy útil para esta empresa el pensamiento contenido en diferentes filosofías orientales, según el cual las almas que desean encarnarse buscan a sus propios padres, es decir, eligen un cuerpo y un ambiente apropiados que les permita llevar a cabo de manera óptima la tarea de vida prevista. Para esto no es necesario que los padres, el cuerpo o las condiciones de vida sean particularmente bellos o confortables. Lo prioritario es que todo cumpla con su cometido y se den las condiciones ideales para el aprendizaje que yace a la espera. Quien siga esta línea de pensamiento al menos como hipótesis, descubrirá a lo largo del trabajo cuán consoladora y adecuada es esta visión, que más de la mitad de la humanidad tiene por evidente.

Entonces, cuando el alma busca los padres apropiados y se forma un cuerpo conforme al programa de aprendizaje de su vida, el cuerpo se vuelve expresión del alma y también herramienta para su desarrollo. Así cesan toda culpabilidad y proyección.

En este contexto ya no tiene sentido despreciar o sobrevalorar el cuerpo o las tareas de vida. Nos han sido entregados y por eso están en el programa. A los niños no siempre les agradan las evaluaciones escolares, pero son parte del plan de estudios y protestar solo acarrea desventajas y no conduce a la simplificación de las tareas. Por ejemplo, quien tiene piernas largas deberá evidentemente aprender a andar con pasos largos, avanzar velozmente en la vida y en la medida de lo posible ponerse como objetivo realizar grandes progresos. En cambio, haber recibido piernas más cortas para recorrer el camino de la vida conlleva la exigencia de avanzar con pasos pequeños y conscientes.

“Quien se descubra en el espejo de su cuerpo, no solo sabrá más de sí mismo. Podrá además hacer más y sobre todo manejarse mejor. Cumplir con los desafios que uno se propone es una tarea decisiva para la felicidad.”

Felicidad y satisfacción

En el marco del seminario que imparto sobre ayuno y que se denomina “El cuerpo: templo del alma”, experimento constantemente junto con el grupo cómo el ayuno y la disposición de serena entrega hacen posible la transformación del esquema corporal, que pasa de ser una casa a ser un templo para el alma y posee asimismo efectos sanadores. Día tras día nos ocupamos de meditar y contemplar los significados de los diferentes órganos y regiones de nuestro organismo así como de los planos anímicos subyacentes. De esta manera mejoran la comprensión y la imagen del cuerpo, y se vuelven además más nítidas y aceptables las enseñanzas y las tareas de crecimiento que salen a la luz.

El ayuno depura y purifica el organismo, al tiempo que le devuelve su forma y figura originales modificando así visiblemente el marco del cuerpo; al mismo tiempo la conciencia se vuelve más amplia y abierta.

Esto trae aparejado por un lado la comprensión y por otro, la aceptación de aquello que va ganando formas y contornos. Lo decisivo aquí no es el verse mejor de manera objetiva o la pérdida de los kilos de más, sino la aceptación de la propia forma tal como fue pensada y nos fue obsequiada.

Muchas personas notables nos enseñan de modo ejemplar que la realización es posible en cualquier cuerpo. Basta pensar en la ciega y sordomuda Helen Keller (autora, activista política, y oradora estadounidense), que se convirtió en ejemplo de vida para tantos otros. En este sentido, la hermana Alberta, una religiosa católica, causó una gran impresión en mí. Siendo muy joven se la destinó a la vida monástica porque su espalda tenía una gran joroba y estaba además torcida hacia un lado. Esta persona diminuta tenía aparentemente una esperanza de vida muy corta. Pero Alberta enfrentó su destino y creció a lo largo de toda su vida, sobre todo en sentido anímico-espiritual, aunque también algo en lo corporal. Se fue enderezando centímetro a centímetro hasta tener más de ochenta años, y recorrió su camino erguida y en pie. A pesar de que su forma permaneció pequeña y encorvada, fue uno de los seres más impactantes, felices y rectos que tuve la oportunidad de conocer; reconciliada con Dios, con el mundo, consigo misma y su aspecto. Su ejemplo nos ayuda a descubrir que la felicidad, la satisfacción e incluso el éxito no guardan ninguna relación con la apariencia, sino más bien con lo que hacemos a partir de nuestro propio tipo, a partir de los rasgos que nos han sido dados. Si alcanzamos la armonía (también con la propia apariencia) y concordamos con nosotros mismos y con nuestro mundo, nos sentiremos felices. Si en cambio vivimos rebelados, nos sentiremos infelices e insatisfechos. La resistencia conduce al sufrimiento. La conformidad y la aceptación son, por el contrario, maravillosos escalones que nos conducen a experiencias cumbre y de felicidad. En cualquier caso, aceptar el propio punto de partida constituye siempre el primer paso en la dirección correcta. Incluso en una persona de gran estatura que ansíe alcanzar y demostrar gracia y donaire al andar, y realice a tal fin ejercicios que parten de lo exterior, se notará el despliegue fatigoso y la marcada intención, que a la larga se vuelven agotadores y prácticamente imposible de sostener en el largo plazo.

“El ayuno depura y purifica el organismo, al tiempo que le devuelve su forma y figura originales modificando así visiblemente el marco del cuerpo; al mismo tiempo la conciencia se vuelve más amplia y abierta.”

Habitar la casa del alma

Quien se descubra en el espejo de su cuerpo, no solo sabrá más de sí mismo. Podrá además hacer más y sobre todo manejarse mejor. Cumplir con los desafios que uno se propone es una tarea decisiva para la felicidad.
Descubrir el cuerpo como casa del alma, y como la única disponible, modificará dramáticamente la vida en esa casa, sin que ella misma cambie. Se ha vuelto muy popular intentarlo con ayuda de las llamadas “cirugías estéticas”, pero esto revela una resistencia a la tarea que el destino presenta y acarrea problemas considerables. No será fácil habitar la “nueva” pero extraña casa del alma, pues la intervenciones interrumpen además el flujo de energía. Pero quien descubra que su destino es sagrado y lo dispone conforme al inalterable “hágase tu voluntad”, desarrollará la fuerza para transformar a su favor aquello que sí se puede cambiar.

Las experiencias reunidas a través de treinta años de seminarios enseñan que la aceptación de la realidad despierta las fuerzas más vivas para influirla y modificarla en propio beneficio.

Nuestra figura se corresponde considerablemente con nuestra naturaleza. Allí donde la cultura coloca exigencias que en apariencia la contrarían, pueden transformarse algunas cosas con ayuda de conocimientos, motivación, voluntad y disciplina. Obviamente la figura es modificable, sobre todo si se aceptan los datos básicos como la altura y la contextura ósea. Quien descubre cuál es el contenido que mejor se adapta a su propia forma ganará un cierto poder.

Solo puede experimentar el contenido quien se detiene. Del contenido provendrá el sentido, y el sentido conduce a la meta. Quien se dé cuenta de que el cuerpo es un vehículo para alcanzar su meta de vida obtendrá más de él, lo disfrutará y se querrá mejor a sí mismo. El que se ama a sí mismo tal como ha sido concebido también amará más a sus semejantes. Tenderá a realizarse y a cumplir con su tarea, y estará agradecido a la forma exterior que se lo permite. El agradecimiento por el propio cuerpo es la mejor base para llegar a ponerlo en forma, en la forma que verdaderamente le corresponde.

_____________________________________________________________
Extracto de El cuerpo como espejo del alma. Editorial Albatros


el-cuerpo-espejo-del-almaEL CUERPO COMO ESPEJO DEL ALMA RUEDIGER DAHLKE

Ruediger Dahlke nos muestra de qué manera podemos percibir y comprender nuestro cuerpo con una nueva mirada: analiza las diferentes apariencias físicas, los modelos arquetípicos masculinos y femeninos, además de interpretar cada una de las zonas del cuerpo y su constitución. Su propósito es explicar, a partir de la apariencia externa, cuál es nuestra tarea en esta vida. Si descubrimos la oportunidad que el cuerpo nos brinda para conocer más el alma, integraremos mejor ambos aspectos interior y exterior.

 

El cuerpo como espejo del alma
Amazon.es

R-DahlkeEl doctor Ruediger Dahlke nació en 1951, cursó estudios de medicina y siguió formándose en naturopatía, psicoterapia y homeopatía. Como autor, conferenciante y organizador de seminarios, se cuenta entre las personalidades más destacadas del movimiento de la salud y de la medicina psicosomática. Entre sus obras más conocidas, cabe destacar: La enfermedad como camino, Mandalas, Las etapas críticas de la vida, El mensaje curativo del alma, El libro de la desintoxicación y la salud, La enfermedad como símbolo y La salud coma camino.

Temas relacionados

Comentarios

comentarios

Powered by Facebook Comments