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El Pensamiento Resiliente
Por Rob Hopkins

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El pensamiento resiliente es una pieza faltante fundamental del puzle del cambio climático, adicionalmente la resiliencia es un concepto más útil que el de sustentabilidad.

El término ‘resiliencia’ está apareciendo más frecuentemente en discusiones sobre temas ambientales y este concepto tiene todo el derecho a ser, en realidad, más útil que el de sustentabilidad. La sustentabilidad y el contradictorio término relacionado “desarrollo sustentable” se esgrimen normalmente como una respuesta básica al nivel de cambio climático que enfrentamos: reducir los insumos en un extremo del modelo de crecimiento económico globalizado (energía, recursos, etc.) y, a la vez, reducir los productos en el otro extremo (contaminación, emisiones de carbono, etc.)

Sin embargo, las respuestas al cambio climático que no consideran también el inminente o posiblemente ya sobrepasado punto máximo de producción petrolera mundial -el cénit del petróleo- no enfocan adecuadamente la naturaleza del desafío que enfrentamos.

Tomemos un supermercado como ejemplo.  Puede ser posible aumentar su sustentabilidad y reducir sus emisiones de carbono usando menos empaque, poniendo paneles solares en el techo e instalando refrigeradores más eficientes en el consumo de energía.  Sin embargo, el pensamiento resiliente argumentaría que el cierre de los negocios y cadenas de alimentos locales, provocado por la apertura del supermercado, así como el hecho de que éste normalmente sólo contiene abastecimiento alimenticio para dos días -la mayoría del cual ha sido transportado desde grandes distancias - ha reducido masivamente la resiliencia de la seguridad alimenticia de la comunidad así como ha incrementado su vulnerabilidad frente al petróleo.  Un ejemplo extremo pero relevante, en donde falla el pensamiento sustentable, es en la reciente promoción de “Vuelos por Luz” de Tesco, en donde la gente podía ganar millas aéreas ¡cuando compraban ampolletas que usan poca energía!

Algunas personas creen que nos podemos mover desde nuestro modelo actual de “mucho carbono”, en que los bienes son transportados a grandes distancias, a una economía de la información de “poco carbono”, en donde son las ideas las que se intercambian en vez de alimentos y en donde operamos en un mundo virtual con pocos impactos.  Sin embargo, dicha economía también depende de los combustibles fósiles para impulsar los enormes servidores de Internet en que verificamos nuestros correos cada mañana, sin mencionar el desayuno que tomamos y el café que bebemos, que continúan siendo suministrados desde lejos, a menudo con impactos desastrosos en los sistemas de alimentos locales que nos habrían abastecido en el pasado.  A pesar de la tentación de creer de otra forma, aún operamos en el mundo físico con restricciones muy reales y apremiantes sobre la energía y los recursos.

Origen del Concepto

El concepto de resiliencia emergió desde las ciencias ecológicas como una forma de analizar el por qué  algunos sistemas colapsan cuando son impactados y otros no.  Lo aprendido hasta ahora ofrece una visión general muy útil para determinar cómo pueden adaptarse los sistemas y prosperar en circunstancias cambiantes.  La resiliencia dentro de las  comunidades, por ejemplo, depende de:

  • Diversidad: una base más amplia de sustentación, uso de tierras, empresas y sistemas de energía que la utilizada en la actualidad.
  • Flexibilidad funcional: no abogar por el autoabastecimiento, sino más bien por un aumento de la independencia: con “protectores de voltaje” para la economía local, tales como la producción local de alimentos y los sistemas de energía descentralizados.
  • Rigurosidad de la retroalimentación: acercar los resultados de nuestras acciones a nuestros hogares de forma tal que no los podamos ignorar.

Un reciente informe del grupo de expertos DEMOS, “Resilient Nation”, planteó la pregunta “¿Resiliente a qué?”  ¿Estamos construyendo resiliencia frente al cénit del petróleo y al cambio climático o frente al terrorismo y a las pandemias?  Claramente, ésta no es una situación de “esto o lo otro” y yo argumentaría firmemente que el cénit del petróleo y el cambio climático son de tal magnitud y tan desestabilizadores, que realmente les debemos dar prioridad y que las soluciones que surjan sean marcadamente diferentes de aquellas que se orienten al terrorismo o a las pandemias.  Pero ¿a qué se parece esta clase de pensamiento resiliente en la práctica?

Por muchos años, aquellos que escriben y hacen campañas por la relocalización  han argumentado que ésta es una buena idea, porque produce una mejor economía, más equitativa.  En la actualidad, a medida que los impactos potenciales del cénit del petróleo y del cambio climático son más claros, ha emergido un argumento adicional y muy fuerte: así como la energía neta consumida por la sociedad inevitablemente se contraerá, de la misma forma cambiará el centro de nuestras economías y vidas diarias, al menos en términos de manufactura y comercio, desde lo global a lo local.

Se requiere una enorme cantidad de petróleo barato rugiendo por las supercarreteras y las rutas marítimas del mundo para traer a nuestras tiendas aquello que ahora sentimos que necesitamos, mucho de lo cual pudimos haber cultivado o haber hecho nosotros mismos desde hace algún tiempo.  Pero hacer las cosas de una manera diferente toma tiempo, recursos y un diseño proactivo y creativo.

A menudo, el enfoque del cambio climático no cuestiona la noción de que las tasas de consumo altas conducen a la felicidad individual y se enfoca más bien en las formas de fabricar los mismos bienes de consumo produciendo menos carbono.  Sin embargo, a medida que ingresemos en el mundo de los precios volátiles del petróleo, de la restricción de los recursos y de la necesidad de situarnos más dentro de la economía local que dentro de la global, será preciso que conectemos la satisfacción y la felicidad con otras cosas menos tangibles, tales como la comunidad, el trabajo con sentido, las habilidades y las amistades.

Cuando doy charlas sobre este tema, siempre hay personas que interpretan el concepto de localización creciente de forma tal que la construcción de resiliencia en Occidente - incrementar la seguridad del alimento nacional, reconstruir la manufactura local y así sucesivamente- necesariamente conducirá a un mayor empobrecimiento del mundo desarrollado.  No creo que éste sea el caso.  ¿Saldrá de la pobreza el mundo en desarrollo desmantelando su propia resiliencia alimenticia y haciéndose cada vez más dependiente del comercio global que, en sí mismo, es enormemente dependiente del petróleo barato en el cual ya no podemos confiar?  ¿Es realmente el camino para salir de la pobreza una mayor dependencia de lo completamente inestable?  En lugar de comunidades que se relacionan como asentamientos inexpertos, improductivos, dependientes y vulnerables, ellas deberían reunirse como comunidades capacitadas, abundantemente productivas, autodependientes y resilientes.  Se trata de una relación de calidad muy diferente y que podría ser enormemente beneficiosa para ambas partes.

En cualquier caso, el trabajo de personas como Mike Davis en su libro “Late Victorian Holocausts” (Los holocaustos en la era victoriana tardía) muestra cómo el impacto del hambre aumentó enormemente con la introducción forzada de la India en la relación internacional  dinero/cosechas.  Tal como señala Amartya Sen, el hambre se origina más en la forma de distribución y en la desigualdad que en la escasez de alimento. Incluso, es necesario revisar ese análisis desde la perspectiva de la “resiliencia”.  En los últimos años, hemos visto claramente el impacto de conectar el mundo en desarrollo con las redes globales de alimentos comerciales, a medida que los precios de los alimentos crecieron al ritmo que lo hacían los precios del petróleo y de los fertilizantes.  En realidad, yo argumentaría que conectar a los productores de alimentos del mundo en desarrollo con el sistema globalizado los expone a la escasez de dinero y de alimentos.

Visión Positiva Post Carbono

Si usted saliese a su puerta hoy y le preguntara a las primeras diez personas que encuentre a qué se parecería su pueblo o ciudad en diez años más si se comenzaran a reducir las emisiones de carbono en un 9% anual a partir de hoy, ¡me imagino que la mayoría de la gente diría algo entre Los Picapiedras y Mad Max!  Tenemos pocas historias para mostrar cómo podría verse, oler,  sentir y parecer un mundo con menos energía.  Lo que es difícil pero importante es ser capaces de transmitir una visión de un mundo post carbono tan atractiva que la gente salte de la cama cada mañana y se ponga a trabajar para que esto suceda.

El pensamiento resiliente puede inspirar un grado de pensamiento creativo que, en la práctica, podría conducirnos a soluciones exitosas en el largo plazo.  Las soluciones resilientes para el cambio climático podrían incluir compañías de energía comunitaria,  con sistemas de energía renovable, de tal forma que se generen ingresos para sustentar un proceso de relocalización más amplio; la construcción de casas de alta eficiencia energética que usen principalmente materia prima local (arcilla, paja, cáñamo) y que, por lo tanto, estimulen un amplio rango de industrias y negocios locales; la instalación de una variada gama de modelos de producción de alimentos urbanos y la reconexión de los agricultores con sus mercados locales.  Al considerar a la resiliencia como un ingrediente clave de las estrategias económicas que permitirán a las comunidades prosperar más allá del torbellino económico actual al que se enfrenta el mundo, se desencadena una enorme creatividad, nuevas capacidades y posibilidades empresariales.

El Movimiento de Transición es un movimiento que crece rápidamente, en forma ‘viral’, que comenzó en Irlanda y que ahora está actuando en miles de comunidades alrededor del mundo.  Su premisa fundamental es que una respuesta al cambio climático y al cénit del petróleo requerirá acciones globales, nacionales y a escala de los gobiernos locales, pero que también necesita comunidades pujantes que conduzcan el proceso, que logren que las políticas no elegidas sean las elegidas y que generen la corriente de opinión para que se produzca el cambio práctico a nivel local.

El movimiento explora la viabilidad de construir resiliencia a lo largo de todos los aspectos de la vida diaria y provoca a las comunidades para que se pregunten “¿Cómo vamos a reconstruir significativamente resiliencia en respuesta al cénit del petróleo y a reducir drásticamente las emisiones de carbono en respuesta al cambio climático?”

Al colocar la resiliencia junto con la necesidad de reducir las emisiones de carbono, se está catalizando un amplio rango de iniciativas, desde la agricultura apoyada por la comunidad y los esquemas de huertos compartidos hasta directorios locales de alimentos y nuevos mercados de agricultores.

Queda claro, como expone  Jonathon Porritt en Living Within Our Means (Viviendo Dentro de Nuestros Medios), que intentar salir de la recesión actual con el pensamiento que en un primer momento nos llevó a ella (bancos no regulados, altos niveles de endeudamiento, estilos de vida con mucho carbono) nos llevará a una situación que simplemente no podremos vencer.  Un amigo que trabaja como consultor de sustentabilidad en el noroeste de Inglaterra cuenta sobre una reunión que tuvo con una autoridad local.  Habiendo leído su plan de desarrollo para los próximos veinte años, le dijo “Su plan está basado en tres cosas: fabricar autos, construir aviones y el sector de servicios financieros.  ¿Tiene algo más bajo la manga?”  Como dice John Michael Greer, estamos en peligro de convertir lo que aún podría ser un problema soluble en un dilema insoluble.

La Transición es una exploración de lo que necesitamos tener “bajo la manga”, una exploración optimista de los aspectos prácticos de la relocalización, creando, como lo expresa Jeremy Leggett, “microcosmos escalables de esperanza”.

Sin embargo, la resiliencia no es sólo un proceso externo: también es uno interno, el proceso de convertirse en alguien más flexible, fuerte y capacitado.  Las iniciativas de la Transición tratan de promover esto ofreciendo el intercambio de habilidades, construyendo redes sociales y creando un sentimiento compartido de que ésta es una oportunidad histórica de construir un mundo nuevo.

Navegar de una forma exitosa a través del cambio climático y de la crisis del petróleo requerirá un viaje de tal valentía, compromiso y visión, que las generaciones futuras sin duda lo contarán a través de grandes historias y canciones.  Pero como en cualquier viaje, el tener una idea clara de hacia dónde nos dirigimos y de los recursos con que contamos es esencial para maximizar hábilmente nuestras posibilidades de éxito.  Si dejamos de lado el pensamiento resiliente, podríamos terminar muy lejos de hacia dónde pensábamos inicialmente dirigirnos.

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Artículo aparecido originalmente en Resurgence 257, 2009.

Rob Hopkins ha sido profesor de permacultura y construcción natural por más de diez años. Es fundador de la iniciativa Transition Town Totnes y cofundador de la Transition Network, actividades ambas tendientes a ayudar al proceso de transición de una sociedad dependiente del petróleo a una sustentable ambientalmente. Es autor del The Transition Handbook y coautor de Local Food.

www.transitionculture.org

Publicado el 29 Dic, 2009

Un comentario »

  1. LA GRAN INVOCACIÓN

    Desde el Punto de Luz en la Mente de Dios
    Que Afluya Luz a las Mentes de los Hombres.
    Que la Luz Descienda a la Tierra.

    Desde el Punto de Amor en el Corazón de Dios que
    Afluya Amor al los Corazones de los Hombres.
    Que Cristo Retorne a la Tierra.

    Desde el Centro Donde la Voluntad de Dios es Conocida
    Que el Propósito Guié a las Pequeñas Voluntades de los Hombres.
    El Propósito Que los Maestros Conocen y Sirven.

    Desde el Centro el Cual Llamamos la Raza de los Hombres
    Que se Realice el Plan de Amor y de Luz
    Y Selle la Puerta Donde se Halla el Mal.

    Que la Luz, el Amor y el Poder Restablezcan el Plan en la Tierra.

    Esta invocación no es propiedad de ningún grupo
    o secta religiosa. Es propiedad de la humanidad.

    Para más información dirigirse a http://WWW.lucistrust.org

    El grupo Esotérico “contacto con el alma” de Santiago promueve las enseñanzas de ALICE A. BAILEY. y D.K.
    De manera independiente. Siendo nuestra única participación la de prestar por un tiempo
    Determinado los libros de la autora de manera gratuita a todas las personas que deseen leerlos.
    NO cobramos por este servicio. NO aceptamos donaciones. Para obtener libros 1-809-626 5319
    theidealhouse@aol.com

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