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Por Cristián Warnken |
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| Ahí está "Patch"Adams, el médico que recorre el mundo visitando hospitales de países en guerra o devastados por el hambre. Vestido como payaso, exuberante, haciendo reír y al mismo tiempo desplegando una energía impresionante. | ||||||||
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Yo venía a entrevistarlo con un prejuicio: tenía en mi retina la imagen dulzona y sentimentaloide de la película interpretada por Robin Williams. Pero conversar una hora con "Patch" Adams me dio vuelta el tablero. Tuve la impresión de estar frente a uno de esos hombres de acción que -con ideas muy simples- están ayudando a crear un mundo nuevo. |
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Usted se ha hecho famoso gracias a Hollywood, por la película en que Robin Williams lo interpreta a usted. Ha llegado el momento de borrar el rostro de Williams para que aparezca el verdadero rostro de "Patch" Adams. ¿Cuáles son las diferencias entre esos dos rostros? La
película enfatizó más la diversión, cuando
yo, en realidad, quiero usar el amor y el humor para producir cambios
en el mundo, es decir que las personas se paren y estén a favor
del amor y el humor y pongan en un cajón el amor por el dinero
y el poder excesivos. ¿Cuál era la utopía, el sueño que sustenta ese hospital que usted imaginó? Cuando ingresé a la Escuela de Medicina, entré con la idea de usar la medicina como un vehículo para el cambio social. Yo ya sabía que nuestra sociedad estaba colapsando bajo el amor por el dinero y el poder, no sólo en relación a su propia gente, sino a todos en el resto de los países del mundo. Y la idea era crear un modelo médico que abordara todos los problemas en las formas en que este servicio se entregaba. Yo propongo volver a la raíz de la historia sana de la ciencia médica. Aquí hay algo urgente que necesita la sociedad: atención a su salud, y es nuestra labor dar esa atención a su salud para abordar la necesidad de las personas. Y entonces creamos un modelo donde no cobrábamos dinero, donde no teníamos nada que ver con el seguro médico, ni con el seguro contra la mala práctica médica. Todas estas ideas parecían heréticas: queríamos un hospital donde mezcláramos todas las artes del curar, donde esa entrevista inicial con el paciente, en vez de ser rapidita e insulsa, una exploración sin propósito, esa consulta fuera de tres a cuatro horas, como debe ser. ¿Qué fue descubriendo en esa nueva práctica? Al hacer estas entrevistas largas con los pacientes nos dimos cuenta de lo que los grandes artistas y sabios han escrito sobre el mundo, y es que la humanidad adulta es muy insana al haber cedido o dejado de lado el amor a la vida, el sentido de privilegio y gratitud simplemente por estar vivos, cualquiera sea su posición social. Entonces encontré que de los pacientes adultos -fueran ricos, pobres, educados, mal educados, cualesquiera fuesen sus radiografías o sus exámenes de laboratorio- un 95 por ciento no tenía idea de lo que era el amor a la vida. Descubrí que no importaba si le sacaba un tumor, si le corregía su presión arterial, si su vida aún seguía podrida. Pensé que así no estaba solucionando nada, sólo dando diez años más de vida miserable. Y por lo tanto, desde el principio quisimos mezclar la medicina con la vida real, haciendo que nuestro hospital fuera comunitario, de manera que la enfermedad fuese un truco para conseguir que el paciente entrara a un hospital que en verdad era una universidad para la cultura humana. ¿Cuándo cree usted que nuestra civilización perdió el rumbo, cuándo traicionamos esa visión de la gratuidad y de la celebración de la que usted habla? Una
de las primeras cosas que yo estudié en mi juventud fueron los
primates, los grandes monos. El siglo que acaba de terminar experimento con muchas revoluciones que quisieron cambiar el mundo, pero todas esas revoluciones fracasaron. ¿Qué diferencia hay entre esas ideologías revolucionarias y la utopía de "Patch"Adams? Todas
las revoluciones han sido en torno al dinero y el poder. La revolución
comunista no fue una revolución comunista: era el dinero y el poder,
y eso significa hombres buscando el poder una vez más. Pero te
voy a contar que hay otras revoluciones que tú no incluiste en
tu pregunta y a las que les ha ido muy bien. |
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¿Puedes contar algún caso médico que ilustre este cambio en la manera de tratar a los pacientes? Cuando
yo era alumno de medicina estaba en la sala de emergencia y un niño
entró muerto por un accidente. Mientras estuve con los doctores,
en ningún momento mencionaron la palabra amor o la palabra compasión,
nunca mencionaron nada qué significara una relación entre
personas, sino sólo información y procedimiento, eso se
hacía muy bien. Ellos estaban sollozando y alguien les decía "tal vez necesita píldoras para dormir" y bla bla... ¿Qué me dijeron en el hospital? "Llama a la enfermera", me dijeron, lo que significaba "llama a una mujer", porque ellas saben manejar esos momentos. Entonces yo dije "no, no lo haré; yo voy a ser esa persona..." Pero, ¿con qué cuento yo para eso?, me pregunté. Puedo tener ojos amables. Puedo tener una cara que les esté diciendo algo. ¿Y qué más tengo? ¿Cuáles son las palabras que debo decir? Entonces
fui hacia la parte más fácil. La familia era cristiana;
yo no lo soy, pero conozco a Cristo. Les dije: ¿les importa si
rezamos? Estaban asombrados, chequeados de que un médico dijera
eso. |
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Hay un verso de Walt Whitman igual a lo que acabas de decir. Sí. Y así como hay doctores que escogen fármacos o ciertos tratamientos, yo recolectaba ideas que me ayudaran a abordar el sufrimiento. Yo sabía que el amor y el humor eran los grandes maestros, y la curiosidad, la poesía y la música eran los coadyuvantes de aquéllos y empecé a usarlos cada vez más. |
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Comencé a llevar juguetes en los bolsillos de mi bata de hospital y muchos años después empecé a llevar payasos a los países más pobres que no tenían tranquilizantes ni analgésicos. Hay tantos gurúes en el mundo ofreciendo cambios, pero es tan difícil hacerlos de verdad. ¿Cómo se puede hacer la revolución que tú propones? A
menudo decimos "yo soy sólo un profesor, o un gásfiter,
qué podría aportar yo para cambiar al mundo". ________________ |
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