Por Ma. José Ferrada
 
A través de un modelo que combina música y ejercicios, la biodanza persigue mejorar la salud, perfeccionar la comunicación afectiva y estimular la creatividad, tanto artística como existencial.

La biodanza es un sistema que, a través del movimiento corporal, la creatividad y la música, permite el encuentro humano y, con esto, la expresión de las potencialidades de cada persona.

Como señala su creador, el psicólogo, antropólogo y poeta Rolando Toro, "la base conceptual de este sistema proviene de la meditación sobre la vida, del deseo de renacimiento de nuestros gestos, de nuestra estructura de represión vacía y estéril; proviene, con seguridad, de la nostalgia del amor".

Se trata, entonces, no sólo de técnicas, sino más bien de una nueva visión del ser humano, que se basa en "la conciencia ética, el goce de vivir y el amor".

Es un sistema que trabaja tanto a nivel práctico como teórico, teniendo la conjunción de música, movimiento y vivencia como estructura metodológica.

Hay que recordar que la danza es una de las condiciones innatas del ser humano, un conocimiento primero del mundo, anterior a la palabra, que llega a cada uno de nosotros a través del movimiento.

Para Rolando Toro, la danza "es, por lo tanto, un modo de ser en el mundo, que representa una vía privilegiada de acceso a nuestra identidad original, y también una expresión de la unidad orgánica del hombre con el universo".
Y en este contexto, se entiende la danza como un movimiento integrador.
El desarrollo que propone esta técnica, cuya práctica se extiende hoy por el mundo entero, trabaja con cinco grupos o conjuntos de funciones.
La primera de ellas es la vitalidad, "que va unida a la alegría de vivir, a la armonía orgánica, al rejuvenecimiento y, sobre todo, a sentir la vida como altamente significativa". Mediante el trabajo con este primer punto, se integran las disociaciones orgánicas alcanzando la armonía corporal.
La sexualidad es otro de estos grupos, y "su objetivo es despertar el erotismo que, a nuestro juicio, está extraordinariamente reprimido, incluso perturbado por ideologías, religiones, prejuicios".

A través de un tercer grupo de técnicas, se trabaja la creatividad. "Todas las personas tienen potenciales creativos que pueden estar reprimidos, ya que culturalmente se obliga a las personas a trabajar en sectores muy especializados. Se trata entonces de que la persona, mediante la creatividad, pueda introducir un concepto de innovación en su propia existencia".

La afectividad es también fundamental y en ella se trabaja todo relacionado con el amor, la ternura, el altruismo, la amistad y una disposición afectiva incluso para la naturaleza; por lo tanto, hay una rama ecológica a partir de acá". Existe, entonces, una visión biocéntrica, en la que todo gira en torno al respeto a la vida.

Finalmente, está el quinto grupo de ejercicios relacionados con la trascendencia. Pero tal como señala Rolando Toro, "no se trata de trascender hacia una vida después de la muerte, sino trascender el ego, las dificultades, con visión de altura; tomar los problemas con cierta distancia; buscar una seguridad interior, es decir, que la parte espiritual que generalmente se asocia a la muerte se asocie a la vida".
Consiste en un proceso en que se combinan las distintas líneas de potencial humano, hasta lograr "recuperar la sacralidad de la vida que existía entre los pueblos visionarios, entre los chamanes y creadores de las diferentes épocas."

Una Poética del Encuentro

El movimiento mundial de biodanza, dirigido por la International Biocentric Fundation, con sedes en Italia y Santiago, ha extendido la práctica de este sistema a lo largo de todo el mundo. Hoy, la biodanza se aprende en culturas tan diferentes como la sudafricana y la japonesa, pasando por un sinnúmero de países de Europa y América Latina.

Según Rolando Toro, la explicación es simple: "los objetivos de la biodanza se basan en esta necesidad natural del ser humano de un sentimiento de intimidad, de unión y de belleza estimulante. Todas las personas del planeta quieren esas cosas; entonces, lo que puede cambiar es la música, que se puede adaptar para diferentes grupos como los ancianos o los niños, pero nada más".

Se trata de una poética del encuentro, que nació hace cuarenta años, época en la que su creador era docente del Centro de Estudios de Antropología Médica de la Universidad de Chile. El trabajo a través de la danza y la música que realizó con los enfermos mentales fue un primer éxito de comunión de grupo, a partir del cual comenzó a trabajar un modelo teórico que se extendió y tomó cuerpo hasta transformarse en lo que es hoy la biodanza.

A esta experiencia con los enfermos, se sumaba la vivencia propia, ya que como señala, "la biodanza, en sus inicios, participó de mi vida con discreción, en el encuentro con los amigos a través de la música, en el placer y la gloria de vivir que da el bailar y conectarse. Lentamente, fue adquiriendo fuerza, despertando el interés de las personas, suscitando cambios sorprendentes en algunos de los participantes y, sobre todo, fue creando un sentimiento de renacimiento y esperanza en la vida".
Sus orígenes se encuentran también en una visión crítica del momento actual, ya que según su creador, "la patología del yo, propia de nuestra época, se caracteriza por la ruptura entre naturaleza y cultura, con una valoración excesiva de la cultura en detrimento de la naturaleza, y de un predominio exacerbado de la razón sobre el instinto. Se trata de una patología sustentada por las instituciones estatales, por las ideologías políticas y educativas y consentida por muchos de los intelectuales y pensadores de nuestra época".

Es por eso que la biodanza se plantea como una ciencia y un arte sutil de integración al universo, "de transgresión de los valores culturales contemporáneos, de las imposiciones de alineación de la sociedad de consumo y de las ideologías totalitarias".
Y por eso también la apuesta de Rolando Toro consiste en "restaurar el vínculo original del ser humano con la especie como totalidad biológica y con el universo como totalidad cósmica".

Para restaurar este vínculo y generar la poética del encuentro, se utiliza la música, la vivencia y el contacto que, según Toro, "tiene que ver con una conexión de centro a centro, a través de la mirada, a través de gestos de comunión. Es, entonces, cuando aparece la caricia, que no es un acto mecánico, sino que algo que nace de forma natural. Existe lo que denominamos retroalimentación del encuentro, relacionada con la reciprocidad, ya que algunas personas tiene más resistencia que otras y eso también se trabaja. En la biodanza, hay un profundo respeto por la vida y, por lo mismo, un profundo respeto por el otro."

Raíces Ancestrales

Pero la biodanza no sólo integra al ser humano consigo mismo y con sus semejantes, sino también con las fuerzas de la naturaleza. Por ello, diversos ejercicios de esta técnica tienen antecedentes arcaicos.
Como señala su creador, "cuando un individuo está en su estado natural, tiende a manifestar los estados internos a través de sonidos y movimientos corporales".

Lo anterior, según explica, permitiría -creando un clima favorable- reestablecer el vínculo del individuo con los estados primordiales de la historia de la humanidad.

De esta forma, la biodanza incorpora a su teoría antecedentes antropológicos, míticos y biológicos de tradiciones ancestrales.
A partir de un trabajo en que las danzas se vinculan con los cuatro elementos, se desarrolla la empatía, uno de los conceptos fundamentales de esta técnica.

"Se trata de ponerse en el lugar del otro, que es algo que nosotros con nuestra individualidad, hemos dejado de lado. La empatía consiste en ponerse muy adentro del otro, es decir, mirar con sus ojos, respirar con su nariz, sentir su cuerpo, entrar en su alma. Esto lo podemos ver claramente en el trabajo de los chamanes, que entran en el alma del paciente para saber cuál es el órgano que está enfermo y, a partir de eso, hacen los tratamientos con plantas mágicas, con danzas y cantos".

Y por eso, según Rolando Toro, el estudio del chamanismo le ha resultado muy interesante. "Nosotros hacemos unos rituales que no son rituales mágicos, sino que son rituales originarios, primitivos, de contacto con la tierra, con el viento, con la voz de los pájaros, con el agua; de ahí nace nuestra vinculación ecológica, que se basa en sentir que uno es parte de la naturaleza y la naturaleza es parte nuestra".

Es una forma de aprender del otro que también se amplía al día a día. "Ya sean los antiguos chamanes, los sabios de la universidad, los enfermos mentales, los mendigos, todas las personas te aportan algo de sus patrones íntimos de vida, al mirarlas, al conversar, al contactarse".
De esta manera, los cultores de la biodanza cambian el tradicional conócete a ti mismo, por un proceso en el que están primero el crecimiento, la maduración y el amar a los demás. "Durante el proceso de contacto y comunión, uno va aprendiendo a crecer y a valorizarse, y una vez que entiende al otro, empieza a entenderse a sí mismo. El autoconocimiento no es, entonces, algo solitario, en que tú te quedas quieto esperando que aparezca tu verdad. Nosotros no creemos en renunciar a los deseos para no sufrir ni en la falta de contacto o la soledad como forma de trascendencia, sino que todo lo contrario".

Y es acá donde se pueden encontrar los orígenes de la visión biocéntrica, que pretende recuperar la sacralidad de la vida "que existió entre los pueblos visionarios, los chamanes, los pensadores y artistas que buscaron el paraíso en la tierra".

Educación Biocéntrica

Otro de los conceptos que nace de la biodanza es la educación biocéntrica, que consiste en "una educación en la que se aprende a vivir, a conectarse, a desarrollar la afectividad y la creatividad, y no tanto los intereses intelectuales como resultados de matemáticas o fechas históricas. Es mucho más importante para nosotros que un niño pueda dialogar con otro en el recreo, que sienta que el curso es una comunidad humana y no un grupo de unos contra otros".

La propuesta que ha formulado Rolando Toro respecto a la educación comenzó hace seis años y se difunde con dimensiones mundiales, abarcando países como Colombia, Venezuela, Francia e Inglaterra. Sólo en Italia hay más de 200 escuelas elementales, donde la biodanza es aplicada por profesores especializados, obteniendo muy buenos resultados, sobre todo en el ámbito de las relaciones humanas.

Entre los objetivos de esta propuesta, está el de generar, a mediano plazo, un mundo de paz, ya que para Rolando Toro "la educación actual se basa en el intelecto y en la aplicación de tecnologías, conduciendo muchas veces a la pérdida de sentido. Lo que proponemos, entonces, es centrar las actividades educacionales en torno a la vida, convirtiéndola en un centro teórico y metodológico".

Por lo tanto, se trata de transformar los objetivos de la educación actual en un objetivo que contemple la integración de la inteligencia conceptual con la afectividad.

"El conocimiento, que prima en nuestra sociedad, y la sabiduría son cosas distintas. El conocimiento es un conjunto de información que uno tiene y que si puede relacionar bien, permite a la persona operar eficientemente en sistemas. La sabiduría, en cambio, es mucho más que eso, es saber vivir.

Entonces, no sacas nada con ser un genio de computación que no se comunica con sus hijos ni con su mujer ni tiene intereses sexuales y que muere por su mala calidad de vida a los 40 años. La sabiduría es sentir el cuerpo, tener autorregulación, tener empatía, entrar en los demás".

Y ese saber vivir del que habla el creador de la biodanza es uno de los objetivos de esta nueva educación, ya que, a su juicio, en nuestra época existe una desorganización afectiva, en la que conocimiento y afectividad no logran encontrarse, lo que nos conduce a la autodestrucción.
Por eso, le interesa la transformación de las nuevas generaciones que, según nos explica, serán las que lograrán la mutación psicológica necesaria para que podamos sobrevivir como especie.

Se trata de un reconocimiento "del amor como centro generador y protector de la vida". Lo que se busca finalmente es reestablecer las funciones originarias que permiten la conservación y evolución.

Es un patrón que debe comenzar desde la primera infancia y, por lo tanto, los padres también están incluidos, ya que según el precursor de esta nueva visión de la educación, el proceso educativo comienza en el vientre, con la disposición anímica y afectiva de los padres. De esta manera, "alguien puede tener a su alcance mucha tecnología o ser un genio, pero si no tiene la estructura afectiva, que se alcanza durante la infancia, puede utilizar lo anterior de manera destructiva".

Ésta es una estrategia para la fundación de la paz, que utiliza la biodanza al interior de la educación como una forma de mediar y auspiciar este cambio, ya que se trata de una técnica que estimula la conciencia ética y la afectividad.

A juicio de Rolando Toro, la transformación radical de la mentalidad de hoy, a favor de las relaciones humanas, no es sólo algo deseable sino algo necesario.

La afectividad, la vitalidad, la alegría de contactarse con el otro y de celebrar la vida que encierra la biodanza, puede ser un paso para este cambio. Tal vez, ésa sea la razón por la cual se ha difundido por todo el mundo "sin ayuda de capitales, sin promoción y con una publicidad que generalmente va de boca en boca".

De esta manera, miles de personas se han beneficiado de un sistema que plantea la integración existencial y el desarrollo humano por medio de la música , el movimiento y la expresión de los propios potenciales.


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