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1970, cuando
residía en Sao Paulo, Brasil.
Paralelamente, Rosa Anwandter se licenció en Arte, con
mención en orfebrería, y se dedicó a la creación de joyas artísticas.
Obtuvo premios, ganó certámenes y expuso en forma colectiva e individual
en Europa, Estados Unidos, Brasil y Chile, lo que complementaba con el
ejercicio de la docencia.
Había vuelto a vivir en Chile y todo marchaba aparentemente
bien, pero fue justamente un sueño el que vino a anunciar que su vida
daría un vuelco trascendental.
A comienzos de 1987, comenzó a soñar que asistía a su
propio funeral. En el sueño, veía que el cortejo avanzaba lentamente por
Avenida La Paz, en Santiago. Recuerda que "el cortejo se desplazaba y,
de pronto, veía los rostros de todos mis alumnos de aquella época, con
mucha nitidez".
Se trataba de un sueño que se repetía, pero como solemos
hacer con estos mensajes, durante el día el tema pasaba al olvido.
Fue
en mayo de 1997 cuando el contenido del sueño se hizo claro para Rosa
Anwandter. "Me encontraba laminando oro para hacer una joya, cuando la
máquina trefiladora de metales me cercenó la mano izquierda, quedando
apenas colgada de un pedazo de piel. Fui sometida a varias cirugías y,
en medio de todo aquel dolor, recordé mi sueño. Este significaba mi muerte
como orfebre."
Entre una operación y otra, Rosa volvió a retomar el
estudio de los sueños. Autores como Freud, Jung, Adler y Perls resultaron
fundamentales.
Los metales preciosos fueron cambiados por materias
más abstractas y, de esta manera, de la muerte resultaba su nacimiento
hacia el estudio de los sueños.
Dispuesta a buscar donde fuera necesario las respuestas
a sus interrogantes sobre la materia, regresó a Sao Paulo, donde se inscribió
en seminarios sobre análisis e interpretación de sueños, dictados por
analistas del Instituto Carl Jung, de Zurich. La búsqueda continuó a través
de talleres y lecturas. Fue así como, al regresar a Chile, sus amistades
le preguntaban sobre el significado de sus sueños. Este fue el inicio
del curso-taller "Encuentro con los Sueños".
Paralelamente,
su búsqueda de conocimiento continuaba en fuentes que iban desde la literatura
clásica, pasando por la antropología, la sociología, hasta los mitos,
las leyendas y el folclore de diferentes países.
"Desde que empecé a interesarme por los sueños de los
demás, surgió la inquietud y las ansias de conocer el tema en profundidad".
La búsqueda del conocimiento del mundo onírico la llevó a realizar cursos
y seminarios en Estados Unidos y Brasil. De esta manera, ha dedicado los
últimos doce años a un trabajo de investigación, donde reconoce que las
fuentes con mayor riqueza y generosidad han sido ARE (Association For
Research and Enlightenment), de Virginia, y el Instituto Carl Jung
de Boston, ambos en Estados Unidos.
Han pasado los años y la iniciativa que comenzó con
el taller "Encuentro con los Sueños" ha dado frutos, hasta llegar a transformarse
en el Centro de Estudios Oníricos de Chile (CEO), organización no gubernamental,
sin fines de lucro, cuyo principal objetivo es investigar y ayudar a todas
las personas que se interesen en los sueños, ya sea como alumno, profesor
o investigador.
En la actualidad, Rosa Anwandter mantiene contacto con
analistas de sueños de diversas partes del mundo, los que visitan una
o dos veces al año nuestro país, trayendo a los alumnos de CEO la vanguardia
en el estudio del mundo onírico.
Los Sueños
y su Mensaje
El
estudio de los sueños no es algo nuevo. Como señala Rosa en su libro, "los
habitantes de cada región del mundo han tratado de interpretar los sueños
a través de sus propias creencias e idiosincrasias". En una reseña histórica
del estudio de los sueños, la autora indica que los documentos más antiguos,
que acreditan la importancia que suscitaban los sueños en la civilización
mesopotámica, fueron hallados en la biblioteca de Nínive bajo el nombre "La
clave Asiria de los sueños", que data de Hamurabi (1728 - 1658 a.C.).
De la misma manera, en la Biblia, se pueden encontrar más
de 1800 referencias a sueños y visiones como fundamento de hechos trascendentales.
Por otra parte, los hindúes encuentran su propia génesis
en un sueño del Dios Visnú, como señala Rosa, "del ombligo de Dios surgió
la flor de loto que sostenía Brahma, el creador del cielo y de la tierra;
por lo tanto, éste también sería parte del sueño de la divinidad".
Pero no sólo se trata de lugares lejanos o tiempos remotos:
"en las llamadas sociedades primitivas, sin importar su ubicación geográfica,
se le daba una gran importancia a todo lo onírico".
Como cuenta esta analista de sueños, "el pueblo mapuche
tiene una gran tradición onírica y, si bien ya no se reúnen cada mañana a
contar sus sueños, como lo hacían en el pasado, siguen dando importancia al
contenido de éstos. No está de más recordar que la autoproclamación de la
machi, autoridad religiosa, se sigue realizando a través de los sueños".
Los tiempos han cambiado y lo que antiguamente se atribuía
a los dioses o a los espíritus, hoy es estudiado por diversas ramas del conocimiento.
Llegamos así a un punto en que "sabemos que quienes nos anuncian hechos venideros
en los sueños no son deidades malignas o benignas sino nuestro propio inconsciente,
que es comparable a la memoria de un computador y que nos los hace conocer
en la pantalla del monitor, que sería nuestro consciente".
A la pregunta sobre el contenido de los sueños, la analista
responde que se trataría de "mensajes que vienen en un código especial; por
lo tanto, si queremos descifrarlos, tendremos que utilizar el lenguaje, las
metáforas, los cuentos de hadas, la mitología, el folclore, los arquetipos
o símbolos universales, y nuestros símbolos personales. Utilizando estos métodos
podremos vislumbrar el sentimiento, emoción o sensación que lo engendró".
Y el más indicado para encontrar este significado oculto
parece ser el propio soñante. Como señala Rosa, "Los sueños son iguales que
las huellas digitales, únicos para cada individuo. Se trataría, entonces,
de un espejo del alma, en el cual vemos la verdad sobre nosotros mismos nos
guste o no".
Luego, la tarea del analista de sueños consiste en entregar
las herramientas para que la persona interesada en avanzar en su propio conocimiento,
logre dilucidar estos mensajes relacionados consigo misma y con el entorno.
En consecuencia, "el significado de un sueño sólo lo puede
determinar el soñante: un analista, intérprete o terapeuta podrá auxiliar
con sus conocimientos más amplios sobre la materia, pero jamás podrá imponer
la interpretación final".
Se trata de verdaderas "creaciones" individuales que, entre muchas
funciones, pueden desempeñar una importante tarea en el autoconocimiento.
Por otra parte, como señala Rosa, "el estudio de los sueños puede resultar
un método muy eficaz para psicoanalistas y psicólogos, que intenten ayudar
a sus pacientes a encontrar un mayor equilibrio emocional".
Este tipo de búsqueda parece importar cada día más a nuestra
sociedad. Como indica la analista, "en este nuevo milenio, los sueños han
retomado su importancia y miles de personas en todo el mundo están ansiosas
por entenderlos". Acudir a un analista de sueños parece ser una buena opción
para encontrar las herramientas que permitan al hombre de hoy internarse en
la aventura del autoconocimiento a través del mundo onírico, donde con esfuerzo
y dedicación se pueden encontrar algunas de las claves para el propio desarrollo.
Compromiso con Uno Mismo
No se trata de una tarea
fácil. El trabajo con los sueños requiere de autodisciplina y dedicación:
dos requisitos básicos que pide Rosa a los participantes de los talleres de
sueños, que realiza hace más de once años.
"El diseño de este curso-taller es el siguiente: la persona
viene, hay un horario bastante riguroso para entrar. En cada clase, yo voy
dando una parte teórica y enseñando una técnica distinta de analizar sueños.
Primero, la teoría, los elementos, los arquetipos, los
símbolos, los colores, los puntos cardinales, los números, las partes de la
anatomía humana, etc... Eso es más o menos una hora pedagógica de enseñanza
y, después, se pasa al taller, donde la persona cuenta su sueño ( si así lo
desea) y se analiza".
El trabajo de análisis se realiza siguiendo a diferentes
autores como Jung, Freud, Adler, Pearls y Ullman, entre otros. El método utilizado,
según explica, depende del contexto en el que se encuentre la persona. "De
repente, alguien puede estar muy feliz porque se va a casar o triste porque
se le murió la mamá. Hay que ver qué le está pasando a la persona; ahí se
usa mucho la intuición. Todas las herramientas y todos los estudios, como
decía Jung, no sirven de nada si no se usa la intuición para saber qué le
está pasando realmente".
Pero, los años de experiencia han enseñado a esta especialista
que no todo el que asiste a un taller está dispuesto a mostrar su interior.
Por esto, existen técnicas utilizadas en el taller, como el método Ullman,
que trajo desde Estados Unidos, "en el que la persona puede analizar sus sueños
sin exponerse".
Como señala Rosa, "hay varios niveles de taller, en los
que mediante teoría y práctica, las personas van adquiriendo las herramientas
para trabajar con su mundo onírico".
No sólo psicólogos y psiquiatras asisten a estos talleres,
sino toda persona interesada en profundizar en el conocimiento de sí misma.
"Por supuesto, hay técnicas específicas para eso y una de
las más importantes es que todas las personas tengan un cuaderno de los sueños
y le pongan la fecha".
Cabe destacar que el trabajo que realiza Rosa
no es una terapia, pero puede ser un complemento de ella.
"Yo no soy terapeuta, soy profesora y analista de sueños.
No hago terapias, porque terapia quiere decir tratamiento y tratamiento significa
una enfermedad y yo no trato personas con patologías. Cuando veo a alguien
con problemas emocionales, lo derivo al psiquiatra o al psicólogo".
No es un tratamiento de salud, sino una forma
milenaria de autoconocimiento, con la cual, gracias al trabajo y al uso de
las herramientas que se enseñan en los talleres, las personas interesadas
pueden extraer importantes frutos.
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