A
pesar de estas comodidades y placeres externos, el joven se sentía vacío
y anhelaba un sentimiento de plenitud que el placer era incapaz de colmar;
de modo que Buda abandonó su vida principesca para buscar una felicidad
más duradera.
Entonces, Buda hizo lo que tú y yo hemos hecho tantas veces, se fue al
extremo opuesto. En lugar de satisfacer todos sus caprichos, llevó una
vida de privaciones. Adelgazó tanto que si se apretaba el ombligo con
el dedo podía tocar su columna. Después de seguir una vida austera durante
seis años, la abandonó. Descubrió que su abnegada existencia sólo conseguía
debilitar su cuerpo y su mente. Su sed de paz interior no se saciaba ni
con el extremo de los excesos ni con el de las privaciones. Sin embargo,
su problema de cómo hallar la felicidad duradera y la plenitud emocional
seguía sin resolverse.
El Camino
Medio
Al
contrario que tú y yo, Buda no osciló entre el extremo de los excesos (placer)
y el de las privaciones (dolor). Descubrió que ambos extremos eran un sendero
doloroso e infructuoso. Aunque vivió algunos momentos maravillosos, no colmaron
completamente su deseo de paz y seguridad duraderas. Probablemente, tú debes
haber experimentado también momentos deliciosos (una comida estupenda, un
sexo fabuloso, vacaciones maravillosas). Pero cuando se acaba, se acaba, y
descubres que sólo se trata de una felicidad temporal y circunstancial: depende
de factores externos a ti.
En vez de buscar en alguna otra parte, Buda decidió seguir
el Camino Medio y centrarse en el momento presente, en lugar de buscar soluciones
extremas en el exterior. Dirigió la atención a su interior y examinó atentamente
aquello que ocurría en su cuerpo y en su mente.
Buda se sentó al pie de un árbol bodhi. Decidió no levantarse
hasta liberarse de la sed que buscaba saciarse en el lugar equivocado. Durante
la noche, legiones de deseos, lujuria, placer, dolor, agresividad, miedo,
tentación, frustración, odio y duda intentaron apartarle de su meta, pero
permaneció impasible. Cuanto más tiempo meditaba, más intensas y exigentes
se volvían esas fuerzas.
Imagina que, mientras meditas bajo un árbol, eres tentado
por tus visiones, sabores, olores y sonidos favoritos, y atacado ferozmente
por lo que más odias y encuentras insoportablemente repulsivo. Imagina que
meditas allí hora tras hora, después de haber decidido no levantarte hasta
tener la absoluta certeza de haber descubierto la clave de la felicidad. Eso
es lo que Buda hizo exactamente la noche de su iluminación.
Visto desde fuera, no podía notarse de qué modo Buda respondía
a esas fuerzas; todo cuanto se veía era que permanecía sentado en aquel lugar.
Pero lo que hizo en su interior fue extraordinario. Centró su atención en
lo que ocurría, pero sin reaccionar ante ello. A veces, las fuerzas del deseo
se volvieron tan intensas que Buda tuvo que tocar la tierra como testigo y
para recibir apoyo. A pesar de lo que apareciera, desde lo más celestial a
lo más demoníaco, se limitó a meditar en silencio y a observarlo. No se apegó
a los goces ni rechazó las cosas desagradables. Observó cómo seguían su ciclo
natural surgiendo y desapareciendo sin interferir en ello. Lo que descubrió
era sencillo y, a la vez, profundo. Cuando no se apegaba al placer ni rechazaba
el dolor, veía que sus atacantes perdían su poder. Así es como logró vencer
esas fuerzas.
Al observar profundamente su interior, Buda liberó su mente
de la tiranía del deseo. Tú también puedes alcanzar esta libertad si observas
tu interior. Lo que Buda vio y aprendió aquella noche podemos lograrlo tú
y yo lo mismo que él. Halló la plenitud que buscaba, pero gracias al esfuerzo
y a la honestidad. Antes de alcanzar la iluminación y liberarse del sufrimiento,
había muchas cosas que debía afrontar y aprender.
Descubrió la vida de desdicha que había creado con la falsa
idea básica de que el placer puede durar y el dolor, evitarse. Nos lastimamos
a nosotros y a los demás una y otra vez al aferrarnos a las experiencias cambiantes,
como nuestro cuerpo y nuestras relaciones. Es inevitable que experimentemos
cierto sufrimiento, porque las pérdidas y los cambios forman parte de la vida
de todos; sin embargo, mucho del sufrimiento que padecemos es opcional. Lo
creamos al resistirnos al momento presente y no aceptar que todo cuanto existe
está destinado a cambiar, mutar y desaparecer, nos guste o no. En realidad,
no hay nada que deba causarnos atracción o rechazo. Cuando observas atentamente
cada momento, descubres que cosas tan opuestas como el placer y el dolor,
o el hecho de ganar o perder, tienen sus ventajas y desventajas.
Las Cuatro Nobles Verdades y el Óctuple Sendero te enseñan
cómo hallar la paz en medio de los desafíos y cambios que siempre están presentes.
Muestran cómo desprenderse del apego al placer y del miedo al dolor, para
poder disfrutar de la situación que vives, sea la que fuere, sabiendo que
tarde o temprano va a cambiar. Cuando aplicas esas enseñanzas y sugerencias
de un modo consciente, aprendes a aceptar la verdad de cada momento con elegancia,
sin luchar. Así es como hallas alimento espiritual en los lugares en que puedes
encontrarlo. Esto es pura y simplemente tu desafío y tu práctica.
Los Excesos,
las Privaciones y el Camino Medio
Buda
comparó el Camino Medio y las Cuatro Nobles Verdades con un tronco que se
desliza flotando por un río. Una de las orillas representa los excesos y la
otra, las privaciones. Mientras el tronco se desliza por el río, evita ambos
extremos. Si se queda atrapado en cualquiera de ellos, el tronco se hunde
o se pudre.
Depende de cada individuo el reconocer esos extremos, igual
que lo hizo Buda en la noche de su iluminación. Observó y contempló lo que
aparecía ante él, fuera lo que fuese. No se dejó seducir por los placeres
ni se dejó traicionar por el dolor, porque se mantuvo centrado en el momento
presente, sin apegarse o aferrarse a nada. Debes tener en cuenta que Buda
nunca dijo: "La extinción del sufrimiento es fácil", sino "La extinción del
sufrimiento es posible". Aprendiendo a observar tu interior y llevando una
vida bondadosa e íntegra, libre de apegos, puedes alcanzar las Cuatro Nobles
Verdades tal como Buda lo logró hace 2.500 años. Los logros y cambios que
éstas generan dan mayor satisfacción que cualquier otra cosa que puedas vivir.
Nadie puede practicar o aplicar la sabiduría de las Cuatro
Nobles Verdades por ti. Eres el único que puede experimentar el poder y la
posibilidad que encierran la visión clara y la práctica. Por eso, Buda insistió
en que: "No creas ciegamente lo que dicen los demás. Averigua por ti mismo
qué es lo que te aporta claridad y paz. Ése es el camino que debes seguir".
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Quizás
te preguntes por qué aparece la palabra "Correcto/a" en cada acción. "Correcto"
es la traducción usual de la palabra samma, en idioma pali, que es la
lengua de Buda. Este vocablo indica determinadas conductas que pueden
conducir a la paz o al sufrimiento. Por ejemplo, decir la verdad (Lenguaje
Correcto) y sentir gratitud (Conducta Correcta) ayudan a crear la paz
en tu interior y en el mundo, mientras que mentir y ser egoísta contribuyen
a crear el conflicto interior y exterior. Es decir, el Óctuple Sendero
te señala la dirección correcta: te conduce hacia la plenitud y te aleja
del dolor.
La Toma
de Conciencia
La
toma de conciencia es la base del Óctuple Sendero. Como ya he mencionado anteriormente,
el hecho de ser consciente se conoce como la medicina que cura la enfermedad
del deseo. Cuando estás atento a la verdad de cada momento (mientras compras,
cocinas, comes o bailas), esta atención concentrada te hace disminuir tu ritmo
lo suficiente como para que puedas examinar tus hábitos.
Para alimentar tu corazón, has de practicar esas reglas.
No se proponen para que las pruebes una vez, sino para que te comprometas
a seguirlas durante toda la vida. Siempre puedes descubrir cosas nuevas y
experimentar con ellas. Practicar el Esfuerzo Correcto en un momento dado
será completamente distinto de hacerlo en otro, de modo que siempre tienes
una nueva oportunidad para aplicar tu esfuerzo.
Como todos los senderos están relacionados, al practicar
uno en realidad los estás practicando todos. Por ejemplo, cuando practicas
la Conducta Correcta, practicas también el Medio de Vida Correcto, lo cual
implica además practicar el Lenguaje Correcto. Cada uno está contenido en
los demás. Al margen de la regla que practiques o del orden en que lo hagas,
siempre puedes hallar el sufrimiento, su causa y la forma de ponerle fin.
Muchos grandes maestros han comparado el Óctuple Sendero
con leer un libro de cocina, practicar la senda de cocinar alimentos y alcanzar
la paz de conocer el sabor de la comida. Si te limitas a leer las recetas
sin ponerlas en práctica, sabrás sobre pepinos, cebollas y ajos, pero nunca
conocerás su sabor. De modo que, por favor, disfruta y date el festín con
un alimento duradero que sólo puedes recibir a través de esta práctica.
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