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A diferencia del hemisferio norte, donde la Navidad se celebra en invierno y a mitad del año escolar, en Sudamérica esta fecha coincide con el término de muchísimas cosas, lo que hace de diciembre un mes agotador. A la compra de regalos, se suman innumerables celebraciones, exámenes, graduaciones y eventos de todo tipo. Por eso, después de las fiestas de Año Nuevo, el cuerpo y la mente anhelan más que nunca el descanso de unas buenas vacaciones. Algunas personas tenemos la fortuna de poder alejarnos durante un tiempo de nuestras actividades cotidianas y recibir las bendiciones que nos aporta el contacto con la naturaleza. Así, en medio del campo o mirando el mar, tenemos la posibilidad de recuperar la armonía perdida durante esas largas jornadas de trabajo que nos mantienen en permanente estado de tensión durante el año. Y aunque no lo parezca, este tiempo de retiro, de descanso y de reencuentro con nosotros mismos, es tan indispensable para la salud como el alimento o el sueño. Se ha comprobado que dormir es fundamental para mantener la salud física y mental, y aquellos que no respetan este requerimiento del organismo pagan muy caro las consecuencias. Así ha quedado demostrado en Japón, por ejemplo, donde ha habido casos de ejecutivos que incluso han llegado a morir, luego de pasar en vela varias noches seguidas, con el fin de realizar algún trabajo pendiente. En Chile, no se ha sabido de situaciones tan extremas; sin embargo, las estadísticas muestran que un creciente número de profesionales y empresarios está consumiendo diferentes tipos de drogas para soportar el nivel de exigencias laborales a las que se ven sometidos cotidianamente. Según un estudio suizo realizado aquí en 1995, se contabilizaron dos mil cuatrocientas horas de trabajo al año por persona, lo cual sitúa a nuestro país en el primer lugar del mundo; con la agravante de que ya ni siquiera se respeta el día sagrado de descanso establecido por las más antiguas religiones. Se ha llegado a establecer como algo “normal” que centros comerciales, compraventas de autos, supermercados y otros servicios atiendan domingos y festivos. Esto trae como resultado una prolongación excesiva de la permanencia en el lugar de trabajo, lo que, sumado a las horas de traslado, puede llegar a ocupar el 80% del tiempo que el individuo permanece despierto. No es raro, entonces, que más de la mitad de los chilenos se declare infeliz y que Santiago figure en las encuestas como la ciudad más depresiva del planeta. La tendencia al consumismo y al exitismo, junto con la actual crisis económica y la amenaza de la cesantía, son factores que contribuyen a agravar este pro-blema, puesto que en las presentes circunstancias el poder de los em-pleadores fácil-mente se trans-forma en tiranía. A veces, pareciera que estamos presenciando un proceso de “involución”. Es como retroceder varios siglos atrás, a la época en que los señores feudales eran dueños de la vida de quienes habitaban y trabajaban en sus tierras. Resulta doloroso comprobar que, a pesar de los tratados internacionales que suscriben las naciones para proteger los derechos humanos, éstos son vulnerados constantemente por aquellos que detentan el poder económico, político y social. Son muchas las personas que no tienen tiempo ni recursos para ocuparse de sí mismos, de su salud, de su educación, de cultivar los afectos y de desarrollar actividades recreativas que podrían alegrarle la vida. ¿Cuántos hombres y mujeres llegan a su casa cuando sus hijos ya están durmiendo o tienen que salir a trabajar los fines de semana lejos de sus hogares? Últimamente, me ha tocado observar de cerca muchas injusticias, y he podido comprobar la impotencia que sienten las víctimas de este sistema tan inhumano, donde los más débiles son avasallados sin misericordia. Los jóvenes que llegan al mundo del trabajo, llenos de entusiasmo y de ilusiones, suelen ser devorados lentamente por una máquina indolente que los utiliza y los exprime, sin dejarles tiempo ni energía para aprovechar su juventud. Por otra parte, a los mayores, les toca, con frecuencia, sufrir la tristeza de ser desechados sin ningún aprecio ni reconocimiento, después de una larga trayectoria de entrega y sacrificio. Si buscamos las causas de estos males –que de alguna manera nos afectan a todos- llegaremos a la conclusión de que más allá de las circunstancias, el problema de fondo tiene que ver con un bajo nivel de conciencia de los individuos, especialmente de aquellos que ocupan cargos y toman decisiones. Cuando los supuestos líderes no tienen la evolución espiritual suficiente para velar por el bien común y sólo les interesa su propio beneficio, con su mediocridad afectan a todos aquellos que tienen a su alrededor. Esto ocurre con los gobernantes, con los empresarios, con los gerentes, con los directores de medios de comunicación y con todos aquellos que dirigen grupos humanos. Quienes ocupan altas posiciones, a menudo, se olvidan de que además de los privilegios tienen una gran responsabilidad que cumplir. No sólo deben responder por los resultados económicos de su empresa, sino que en el futuro tendrán que responder ante tribunales superiores por los efectos de sus acciones, tanto en su propia vida como en la vida de los demás. Aquellos que como yo simplemente desarrollamos un oficio o una profesión también tenemos que asumir responsablemente nuestra libertad y establecer con claridad ciertos límites que nos protejan del abuso, del maltrato y de la sobreexigencia. Es necesario tomar conciencia de que el descanso no es solamente un placer, sino un derecho al que no debemos renunciar jamás, si queremos mantener el equilibrio y disfrutar de todo lo bueno que la vida nos ofrece.......¡Felices vacaciones! _________ |
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