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"Esto Sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Todo va entrelazado, como la sangre que une a una familia. Todo lo que le ocurra a la tierra les ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo." -Carta del Jefe Piel Roja Noah Seattle. Por Ximena Ortiz |
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El verdadero fondo del pensamiento ecológico consiste en que el hombre es parte de la naturaleza y no está separado ni aislado de ella. La tierra somos nosotros y nosotros somos la tierra. La llamada "Ecología Profunda", más que un movimiento, es una corriente filosófica que rescata este antiguo paradigma, nuevo para la cultura occidental, pero grabado en la memoria de las más antiguas religiones y en la cosmogonía de los pueblos primitivos. |
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Es la idea que tan hermosamente describe el Génesis: somos hechos de barro, con los mismos materiales que posee nuestro planeta y fuimos concebidos bajo la misma Energía Universal. Somos pequeños pedazos de planeta, que se prolongan hacia el cielo. Así lo entiende el pensamiento cosmogónico y la sabiduría de los pueblos primitivos, que se visualizaban a sí mismos como parte de un todo mayor estrechamente interrelacionado. Esta visión se denomina ecocéntrica y se contrapone a la visión antropocéntrica que vive nuestra cultura occidental y que considera al ser humano como único y elegido por Dios. Esto viene a significar que el hombre, como especie, tiene plena autoridad para ejercer algo así como una cruenta dictadura por sobre otras especies existentes en el planeta, a las cuales considera inferiores. Un ejemplo de esto lo dieron los conquistadores de América, quienes considerándose elegidos de Dios, trataron a los aborígenes como animales de caza. Y así lo expresa la carta del sabio piel roja: "...Nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que Él les pertenece, lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan, pero no es así. Él es el Dios de la humanidad y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para Él y, si se daña, se provocaría la ira del Creador. También los blancos se extinguirán, quizás antes que las demás tribus nuestras. Ellos contaminan los lechos de los ríos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos." Los Cómodos Brazos de la Ignorancia En Latinoamérica aún sentimos el espanto del atropello a las culturas primitivas. Sin embargo, por la mezcla existente dentro de nuestra sangre, argumentamos con vergüenza: "Era la ignorancia". Ahora bien, el tema de la ecología es, para nuestra época, una de esas ignorancias culturales que producen pérdidas tremendas y dolores insuperables; esa clase de ignorancia que quemaba inocentes en las llamas de la inquisición o que trató de exterminar razas completas. Es así de grave. Algunos lo presentimos, pero...¿qué hacer si en este pequeño país aún no existe prevención de la contaminación ni el reciclaje de residuos a escala industrial? Mientras, ofrecemos palmitos para comer, sin importar quién sabe cuántas hectáreas de bosque están siendo exterminadas en Brasil por nuestro gusto refinado. ¿No sabías? Pues es exactamente así como nos excusamos en la ignorancia que justifica la parte de la historia que nos gustaría olvidar. "Pero ustedes caminarán hacia su propia destrucción rodeados de gloria, inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que, por algún designio especial, les dio dominio sobre ella", cita la carta. La ecología profunda habla de cambiar esta visión cultural neurótica que nos lleva a destruir el planeta y al sufrimiento espiritual en el que estamos como sociedad. Presentar esta alternativa al pensamiento occidental es una de las maneras más eficaces de generar una toma de conciencia que paulatinamente nos llevará a producir cambios profundos en nuestra relación con la tierra y en nuestra forma de vivir y, posteriormente, a evitar el desastre ecológico. La idea es que como cultura se debe producir una toma de conciencia que nos lleve a una actitud armónica con todas las formas de vida, comprendiendo que cada una de ellas tiene un valor intrínseco que NO depende de la utilidad que pueda prestar al ser humano. "Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. Él no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega en la noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemiga, y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle(...). Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan, y se venden", dice en otra parte el Jefe Piel Roja. Consecuencia de la Enfermedad Espiritual "Somos parte de la tierra y, así mismo, ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila: éstos son nuestros hermanos(...). He visto miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no lo comprendo(...). ¿Qué sería de nosotros sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual; porque lo que les suceda a los animales, también le sucederá al hombre. Todo va entrelazado." La primera vez que logré llegar a un estado meditativo fue tendida sobre la hierba; comencé a sentir como me fundía con la tierra y el pasto. En un momento, yo ya no estaba en ese punto determinado, porque era parte de todo lo que me rodeaba, los insectos, los árboles, el río, las piedras, la montaña y las nubes. Sentí mi espíritu crecer para formar parte de una energía mayor. Por algún momento, fui la tierra y me percaté (por primera vez) que siempre lo había sido. Esa es otra de las ideas que rescata la Ecología Profunda. En lugar de sólo identificarnos con nuestros cercanos, deberíamos aprender a ampliar nuestra identificación con todos los seres vivientes: árboles, animales, plantas e, incluso, suelos y paisajes, hasta incluir toda la tierra en nuestra conciencia. Esto nos llevaría a un cambio radical en nuestra percepción y produciría en nosotros una conducta más acorde con lo que se necesita para el bienestar de la vida. ¿Por qué? Filogenéticamente, vale decir, en la historia genética de la especie, está instaurada la conciencia de que somos parte de la tierra. Por lo tanto, al hacerle daño, en lo profundo, un extraño sentimiento de infelicidad nos conmueve, muy inconscientemente, pues tiene un origen primitivo. Por lo tanto, cuando le hacemos daño a la tierra o cuando la visión cultural nos lanza en los cómodos brazos de la ignorancia con respecto a la ecología, en lo más profundo de nuestros corazones sabemos que nos hacemos daño a nosotros mismos. Pero la cultura no nos pide que seamos ecologistas. Somos parte de esta cultura cuando tenemos un comportamiento antropocéntrico, porque a alguien estamos haciendo millonario con eso. Por eso sufrimos, y ese sufrir es la enfermedad espiritual que nos ataca. Esto se puede explicar mejor a través de un concepto de Humberto Maturana, el cual afirma que todo sufrimiento es cultural. Es decir, la persona que está en crisis siente un dolor directamente relacionado con la forma de vida que eligió para responder a los parámetros que la cultura cree como correctos, y que en muchos casos es contrario a lo que naturalmente sentimos como especie. Sanación Ecológica "Deben enseñarles a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra les ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos." Si fuéramos conscientes de todo esto, simplemente no haríamos nada que dañara significativamente al planeta, así como nos cuidamos para no dañar nuestro propio ser ni a los que amamos. La afirmación de la vida, el cuidado de la tierra y la hermandad de todos los seres vivientes, constituyen la esencia del pensamiento ecológico. La Ecología Profunda trata de conectar al hombre con la fuerza de la corriente vital y le permite comprender que la naturaleza no es un mero almacén de recursos. Este paso sería el más importante para finalizar la crisis ambiental. Pero no es fácil, el estado de la tierra y nuestro comportamiento con ella responden a la enfermedad espiritual que estamos viviendo como cultura y que nos lanza a la falta de amor propio y a la autodestrucción. Dañar la tierra es una actitud suicida que responde a lo infelices y disconformes que nos sentimos al vivir en una cultura sin alma. Al tirar basura en la calle por la cual transito todos los días, me la estoy tirando a mí misma; estoy formando un paisaje de basura para mí y para todos los demás. "Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos." Si es así como me trato, tengo problemas. Como dice la última parte de la carta: "No entendemos por qué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes. ¿Dónde está el espeso bosque? Destruido. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Así termina la vida y comienza el sobrevivir." Magiecología La llegada del verano y el contacto con la naturaleza que muchos vamos a tener en estas vacaciones es lo que nos impulsó a hacer este artículo. El contacto con la naturaleza y el sentirnos parte de ella ayudan a nuestro despertar o crecimiento espiritual. Deberíamos aprovechar la oportunidad para realizar algunos trabajos de conexión con la naturaleza, así como lo hacían nuestros ancestros primitivos; algo así como una práctica chamánica. Propongo una simple práctica de ecología profunda: abraza un árbol y siente. Sólo siente... así como lograste sentir el profundo significado de la primera mirada que te estremeció. Pero en esto no debe interferir la razón,... sólo siente,... siente como tú y ese árbol son uno solo. Luego prolonga el sentimiento hacia la tierra, las plantas, los ríos, las vertientes, las aves, las montañas, las nubes y el cielo. Quizás te resulte muy fácil de lograr, pues es algo inherente al ser humano. Así termina el sobrevivir y comienza la vida... |
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