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Capricornio
ofrece una imagen bastante completa de la
humanidad con sus pies en la Tierra y, sin
embargo, corriendo libremente y subiendo a
las cimas de la ambición mundana o de la aspiración
espiritual en búsqueda de aquello que se percibe
como principal necesidad. Como carnero, es
el ser humano terrenal, el codicioso buscador
de la satisfacción del deseo, o el aspirante,
el buscador igualmente egoísta a la caza de
la satisfacción de su aspiración.
La definición
más apta es que el ser humano es "un animal
más un Dios vivo en la forma física". La energía
de Capricornio parece representar, en su estimulación,
estos dos aspectos de la constitución humana.
Todavía enfocado en la naturaleza material
se encuentra un ambicioso animal, luchando
por sus propios intereses egoístas, preparado
para llegar tan lejos como sea necesario para
satisfacer sus necesidades y deseos. Los aspirantes
al discipulado que se encuentran bajo esta
misma influencia están espoleados e inspirados
en su ascensión, saliendo de las profundidades
de la vida controlada por la forma hacia la
luz y la gloria de la experiencia de la cima
de la montaña o iniciación.
Por lo tanto,
dependiendo de dónde se encuentre un individuo
en el sendero de evolución, Capricornio estimulará
todo cuánto sea material, o centrado en la
forma, o todo cuánto sea espiritual. En Capricornio
estamos ante el triunfo de la materia, que
alcanza su expresión más concreta y densa;
pero este triunfo es seguido por el del espíritu.
En Capricornio se encuentra la plena expresión
de la naturaleza terrenal, pero también se
encuentran inmensas posibilidades espirituales.
Capricornio
es un signo de conclusión puesto que representa
las profundidades de la degradación de la
cristalización y las cimas del logro espiritual:
los dos polos de toda la experiencia humana.
También es el signo de los nuevos comienzos,
puesto que cada final es sólo la conclusión
de una fase o ciclo, y cada logro es un paso
hacia el crecimiento.
Capricornio
inaugura un nuevo ciclo de esfuerzo. La situación
actual del mundo indica que la humanidad se
encuentra en ese estado de agitación previo
a realizar un avance decisivo en el desarrollo
de la autoconsciencia. El siguiente paso implica
la expresión del sentido de la responsabilidad,
que es la primera flor y fruto de la percepción
autoconsciente, una primera indicación de
que el alma está haciendo sentir su presencia.
El conflicto actual se debe al enfrentamiento
entre el crecimiento espiritual, en todos
los niveles de percepción humana, y la resistencia
de las fuerzas impenitentes de la personalidad
y a la batalla que está librándose entre las
fuerzas del materialismo atrincheradas en
la forma humana y las fuerzas de la Luz trabajando
a través de la Jerarquía espiritual de Luz
y Amor. Esto es similar a la batalla final
en el individuo entre la personalidad, el
Morador en el Umbral, y el alma, el Angel
de la Presencia.
Capricornio
guarda el secreto del alma, el secreto de
la gloria oculta, revelado al discípulo en
el punto culminante de la tercera iniciación,
la transfiguración de la personalidad por
el alma en la cima de la montaña. Pero esta
revelación sólo puede tener lugar como resultado
del esfuerzo, de la capacidad de elevarse
por encima de las limitaciones de la personalidad,
de persistir en el camino de ascensión a pesar
de los obstáculos y las dificultades. No existe
un camino fácil para que los individuos se
liberen de sus propias limitaciones del egoísmo
y la separatividad; y no existen los atajos.
Es un largo, doloroso proceso en el que aprendemos,
eventualmente, mediante la experiencia personal,
que la autodisciplina y el autocontrol y el
autosacrificio forman las piedras fundamentales
del discipulado.
Sobre estos
cimientos puede eventualmente desarrollarse
la superestructura de una forma de vida amorosa
y responsable, que refleje los valores del
alma. Este crecimiento de consciencia se convierte
en el camino de iniciación, el camino hacia
la cima de la montaña, hacia esa luz suprema
que revela al alma como el verdadero Ser,
al Plan como la responsabilidad del discipulado
y a la Jerarquía espiritual del planeta como
el centro de amor donde, a través de la iniciación,
se admite al discípulo aceptado.
Capricornio
es, por tanto, el signo destacado de la iniciación.
Según los antiguos mitos y leyendas, todo
dios-sol nace en este signo. (Un dios-sol
es aquel cuya tarea es revelar algún aspecto
del principio del alma: amor, luz y voluntad
cósmicos.) La cumbre de la experiencia puramente
humana, la tercera iniciación de Transfiguración,
está regida por Capricornio. En ella el alma
revela su belleza, verdad y bondad en la consciencia
del discípulo, confirmando su logro y estableciendo
el camino por delante. Martín Luther King
habló de haber estado en la cima de la montaña
y haber contemplado la "tierra prometida".
Se refería a la promesa que el alma extiende
a toda vida humana. La superación de las limitaciones
personales y las barreras impuestas por las
circunstancias sólo son posibles a la luz
de un estado de consciencia más elevado e
inclusivo.
Para todos
los discípulos, el camino hasta la tercera
iniciación, incluida, es el camino del servicio
entre los "hijos de los hombres", todavía
sufriendo en los planos y valles de la experiencia
humana. Los iniciados dejan atrás la experiencia
en la cima de la montaña, vuelven sus rostros
hacia el campo de servicio y enfocan toda
su atención y energías en satisfacer la necesidad
del reino humano.
La nota clave
del discípulo en Capricornio es elocuente
respecto a toda esta experiencia: "Estoy perdido
en la luz suprema y a esa luz doy la espalda".
O, en palabras de la nota clave de nuestro
trabajo de meditación de Luna Llena, el discípulo
"gira sobre el pedestal de luz y se vuelve
en dirección opuesta. Vuelve su rostro hacia
la oscuridad y, entonces, los siete puntos
de luz dentro de sí mismo transmiten la luz
que irradia hacia el exterior y, he aquí que
los rostros de los que hallan el sendero oscuro
reciben esa luz. Para ellos ya el camino no
está oscuro. Detrás de los guerreros, entre
la luz y la oscuridad, resplandece la Luz
de la Jerarquía.
Recojamos estos
inspiradores pensamientos en nuestras consciencias
meditativas mientras intentamos cooperar con
la oportunidad de servicio que proporciona
este Festival de Capricornio, concluyendo
con la Gran Invocación.
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