es cierto que la vasta mayoría no conoce nada,
y poco le importan sus posibles implicancias.
Pero lo mismo se podría decir de cualquier
gran festividad cristiana. Para algunos, representan
símbolos de grandes realidades espirituales;
para otros, simplemente significan un día
feriado, la entrega de regalos o un momento
para visitar a alguien. Sin embargo, la gente
en general no sabe relativamente nada sobre
la fuerza espiritual que dicha celebración
lanza sobre el mundo, del verdadero significado
de aquellos "días de Gracia", como es el caso
del Viernes Santo, cuando la Divinidad viene
a socorrer a la humanidad. Su realidad interna
y significado están fuera de su esfera de
actividad. Y así ocurre también con el Festival
de Wesak.
No obstante, existe algo en relación con este
Festival que lo diferencia de todos los demás.
Mientras que las fechas de las festividades
cristianas han sido establecidas sobre la
base de eventos pasados o hechos que ocurrieron
siglos atrás (o conmemoran a algún gran discípulo
de Cristo, que en el pasado sirvió a la humanidad
como Él lo hizo), el Festival de Wesak es
un reconocimiento a un evento vivo presente.
Se lleva a cabo -de acuerdo con las creencias
de aquellos que lo observan- mientras ocurre
un gran evento divino, y es una ceremonia
por naturaleza de carácter participativa.
Este evento celestial tiene lugar anualmente
en el momento de la luna llena de Tauro (frecuentemente
llamada "Luna llena de mayo"). Durante esa
ocasión, Dios Mismo lanza Sus bendiciones
sobre la tierra, según las demandas del hombre,
a través del Buda y de Su Hermano, el Cristo,
El
Lugar
Este
extraordinario acontecimiento también tiene
una manifestación física. Paralela a esta
ceremonia subjetiva y espiritual, se lleva
a cabo otra ceremonia en un pequeño valle
del Tibet, más allá de los Himalayas. Es allí
donde supuestamente ocurre la ceremonia terrestre
de bendición, en la cual muchas personas de
la localidad y sus alrededores encuentran
su camino, como peregrinos que van hacia la
luz. En el momento de la luna llena, se realiza
en ese lugar un ritual solemne, que definitivamente
puede ser visto y oído tal como se puede ver
y oír una ceremonia en cualquiera de nuestras
grandes catedrales.
El sueño, la leyenda o el hecho puede describirse
así: El Lugar Hay un valle, ubicado bastante
alto en los cerros de los alrededores del
Himalaya tibetano. Está rodeado por altas
montañas por todos lados, excepto al noreste,
donde hay un estrecha abertura entre las montañas.
Por consiguiente, el valle tiene el contorno
de una botella, con el cuello de ésta hacia
el noreste, la que se ensancha considerablemente
hacia el sur. Hacia el extremo norte, cerca
del cuello de la botella, se encuentra una
roca inmensa y plana. En el valle, no hay
árboles ni arbustos; está cubierto con un
tipo de pasto tosco, pero las laderas de las
montañas están cubiertas con árboles.
La
Jerarquía Planetaria
En
el momento de la luna llena de Tauro, comienzan
a reunirse peregrinos de todos los alrededores.
Los hombres santos y lamas encuentran su rumbo
hacia el interior del valle y ocupan la parte
sur y central, dejando el final del mismo,
el noreste, relativamente libre. Allí, sigue
la leyenda, se reúne un grupo de aquellos
grandes Seres que son los Guardianes en la
Tierra del Plan de Dios para nuestro planeta
y para la humanidad. Como llamemos a estos
Seres no tiene relevancia. Los fieles cristianos
pueden preferir hablar de Cristo y Su iglesia,
y considerar que constituyen aquella gran
Nube Divina que garantiza a la humanidad la
salvación final. Los esotéricos del mundo
pueden llamarlos los Maestros de la Sabiduría,
la Jerarquía Planetaria, quienes en sus diversos
niveles son regidos e instruidos por el Cristo,
el Maestro de todos los Maestros, el Maestro
semejante a los ángeles y al hombre. También
los podemos llamar los Rishis de las Escrituras
Hindúes, o la Sociedad de Mentes Iluminadas,
como en las enseñanzas tibetanas. Ellos son
los Grandes Intuitivos y los Grandes Compañeros
de nuestra presentación más moderna de las
realidades internas. Son el reflejo de una
humanidad perfeccionada, que ha seguido los
pasos de Cristo y nos ha introducido más allá
del velo, dejándonos el ejemplo de que deberíamos
actuar tal como Ellos lo hicieron. Ellos,
con Su sabiduría, amor y conocimiento, actúan
como una red protectora alrededor de nuestra
humanidad. Buscan guiarnos, paso a paso (tal
como Ellos fueron guiados en su momento) de
la oscuridad a la luz, de lo irreal a lo real,
y de la muerte a la inmortalidad. Este grupo
de conocedores de la divinidad es el elemento
más importantes del Festival de Wesak. Ellos
se agrupan al final de la parte noreste del
valle, en círculos concéntricos (según el
estado y nivel del desarrollo de su Iniciación),
preparándose para un gran acto de servicio.
Al frente de la roca, mirando hacia el noreste,
se encuentran Aquellos Seres, que son llamados
por sus discípulos "los Tres Grandes Señores".
Ellos son el Cristo, quien se ubica en el
centro; el Señor de las formas vivientes,
el Manú, que se ubica a la derecha del Cristo;
y el señor de la civilización, el Mahachohan,
que se ubica a su izquierda. Ellos tres se
encuentran frente a la roca, sobre la cual
descansa una gran bola de cristal, llena de
agua.
La
Ceremonia
Detrás
del grupo de Maestros, adeptos, iniciados
y trabajadores mayores bajo el Plan de Dios,
se encuentran los discípulos y aspirantes
del mundo en sus diferentes grados y grupos
(tanto "en cuerpo como fuera de él", para
citar las palabras de San Pablo), quienes
constituyen en este momento el Nuevo Grupo
de Servidores del Mundo. Las personas presentes
en cuerpo físico han encontrado su camino
ahí por vías comunes. Otros están presentes
en sus cuerpos sutiles y en estado de sueño.
Cuando
se aproxima la hora de la luna llena, un silencio
se apodera de la multitud y todos miran hacia
el noreste. Comienzan algunos movimientos
rituales, en los cuales el grupo de Maestros
y sus discípulos de todos los rangos adoptan
posiciones simbólicas, todas las cuales tienen
un significado poderoso y profundo, mientras,
simultáneamente, emiten cánticos y palabras
de poder, llamados mantrams. La expectativa
en la multitud que espera y observa es grande
y la tensión es real y creciente. Pareciera
ser que a través de todo el cuerpo de las
personas se siente una estimulación o una
vibración poderosa, la cual tiene el efecto
de despertar las almas de aquellos presentes,
fusionando y mezclando al grupo en una total
unidad, y elevando todo en un gran acto de
demanda espiritual, buena voluntad y esperanza.
Es el cenit del anhelo mundial, enfocado en
este grupo que espera. Estas tres palabras
-demanda, buena voluntad y esperanza- son
las que mejor describen la atmósfera que rodea
a los presentes en este valle secreto.
El canto y el flujo rítmico crecen poderosamente,
y todos los participantes y observadores levantan
sus ojos hacia el cielo en dirección a la
parte angosta del valle. Justo unos pocos
minutos antes del momento exacto de la luna
llena, se puede ver en la lejanía una pequeña
mancha en el cielo. Se acerca más y más, aumenta
su claridad y definición del contorno, hasta
que se puede ver la forma del Buda, sentado
en la posición de loto, vestido con su manto
azafrán, bañado de luz y color, y con su mano
extendida en señal de bendición. Cuando El
llega exactamente al punto sobre la gran roca,
flotando en el aire sobre las cabezas de los
Tres Grandes Señores, un poderoso mantram,
utilizado sólo una vez al año, durante este
Festival, es entonado por el Cristo y todo
el grupo de personas en el valle se postra
delante de Ellos. Esta Invocación crea una
gran vibración o corriente de pensamiento,
que se extiende sobre el grupo de aspirantes,
discípulos o iniciados que la emplean, hasta
Dios mismo. Esto marca el momento supremo
de un intenso esfuerzo espiritual ejercido
a través de todo el año, la revitalización
espiritual de la humanidad y de los efectos
espirituales que perdurarán durante los meses
siguientes. El efecto de esta Gran Invocación
es universal, y sirve para vincularnos con
ese centro cósmico de fuerza espiritual desde
el cual provienen todos los seres creados.
Se derraman bendiciones, y el Cristo -en representación
de la humanidad- las recibe como su custodio
para su distribución.
Así, continúa la leyenda, el Buda vuelve una
vez al año para bendecir al mundo, transmitiendo
a través del Cristo vida espiritual renovada.
Lentamente, el Buda se aleja, hasta que puede
verse sólo una débil mancha en el cielo, la
que finalmente desaparece.
Toda la ceremonia, desde la primera aparición
distante hasta el momento en que el Buda se
pierde de vista, toma sólo ocho minutos. El
sacrificio anual del Buda por la humanidad
ha terminado y Él vuelve nuevamente a aquel
lugar elevado donde trabaja y espera. Año
tras año, Él regresa a la ceremonia de bendición,
en la cual Él y Su gran Hermano, el Cristo,
trabajan en íntima cooperación para el beneficio
espiritual de la humanidad. En estos dos Grandes
hijos de Dios, se han concentrado dos aspectos
de la vida divina, y Ellos actúan juntos como
Guardianes del tipo de fuerza espiritual más
elevada a la cual nuestra humanidad puede
responder. A través del Buda, se derrama la
sabiduría de Dios. A través del Cristo, se
manifiesta el amor de Dios a la humanidad,
y es esta sabiduría y este amor el que fluye
sobre la humanidad cada luna nueva de mayo.
Esta es la leyenda que hay detrás de este
popular día festivo en Oriente. Tal es el
hecho, si es que podemos aceptar el desafío
de creerlo y de tener la mente lo suficientemente
abierta como para reconocer esta posibilidad.
Para Occidente, representa una idea algo nueva,
que nos llama a readecuar algunas de nuestras
creencias más apreciadas. Pero, si puede ser
captada y entendida, surgirá una nueva visión
en nuestra conciencia y la posibilidad en
la actual humanidad, de incentivar conscientemente
una nueva fuente de enriquecimiento y un nuevo
centro de fuerza espiritual.
Significado
de la Ceremonia
Para
algunas personas, este Festival representa
hoy ideas claras y definidas, y ofrece una
gran oportunidad, lo que puede detallarse
de la siguiente forma:
Primero, el Festival vincula el pasado con
el presente, como no lo ha hecho jamás ningún
otro festival relacionado con cualquiera de
las grandes religiones del mundo. Representa
una verdad viva y una oportunidad presente.
En su servicio mutuo a la humanidad, el Buda
y el Cristo unen Oriente y Occidente, y funden
en una la tradición cristiana, la budista
y la fe hindú, así como las aspiraciones de
todos los creyentes en el mundo de hoy. Las
diferencias de religión desaparecen.
Segundo, el Festival establece la bendición
espiritual más elevada en el mundo. Es un
momento inusual de flujo de vida y estímulo
espiritual, que vitaliza las aspiraciones
de toda la humanidad.
Tercero, en el momento del Festival y a través
del esfuerzo unido del Cristo y del Buda,
trabajando en estrecha cooperación, se abre
un canal de comunicación entre la humanidad
y Dios, para que descienda el amor y sabiduría
de Dios mismo al mundo que espera y necesita.
Hablando simbólicamente, y recordando esos
símbolos que ocultan una verdad, se puede
afirmar que en el momento de la luna llena,
es como si de pronto se abriera una puerta
al Cielo, que en otros momentos permanece
cerrada, haciendo posible el contacto con
las grandes Vidas. A través de esa puerta,
aspirantes y discípulos pueden contactarse
con energías que en otras circunstancias no
son de fácil disposición. A través de esa
puerta, es posible aproximarse a Aquellos
que guían la raza a la verdad y realidad,
lo cual en otros momentos no es posible. Una
vez que esto sea conocido, será posible desarrollar
una Ciencia de Acercamiento a las verdades
más profundas y a las fuerzas de la vida que
aún están escondidas detrás de un velo. Este
conocimiento se revelará en la Nueva Era y
es parte de la verdadera técnica emergente
del Camino y del progreso espiritual.
Nuevamente, hoy en día, es posible obtener
grandes expansiones de conciencia. Discípulos
e iniciados de todas partes pueden ser ayudados
y estimulados espiritualmente para dar aquellos
grandes pasos llamados iniciaciones, que habilitan
a la humanidad para penetrar un poco más profunda
y conscientemente en los misterios del reino
de Dios. Ello revela claramente el milagro
de la divinidad, la belleza de lo divino en
cada individuo y alguna medida del Plan al
cual la humanidad pertenece y con el cual
puede cooperar.
Distribución y Servicio
Volviendo
al acontecimiento de los Himalayas, cuando
el Buda nuevamente ha desaparecido, la multitud
se empina, se distribuye el agua del cuenco
en pequeñas porciones a los Maestros, iniciados
y discípulos, y luego Ellos regresan a Su
lugar de servicio. La multitud, que ha traído
sus propias copas y vasijas de agua, bebe
y comparte con otros. Esta hermosa "ceremonia
de comunión del agua" señala simbólicamente
un indicio de la Nueva Era que está cercana,
la Era de Acuario, la Era del Portador del
Agua. Es la era del "hombre sosteniendo un
cántaro de agua", tal como Cristo dice en
ese episodio que precede el servicio de comunión
que El inició. En esta ceremonia, está perpetuada
para nosotros la historia de la universalidad
del amor de Dios, la necesidad de nuestra
purificación individual, y la oportunidad
de compartir con cada uno aquello que pertenece
a todos. El agua, que ha sido magnetizada
por la presencia del Buda y del Cristo, lleva
ciertas propiedades y virtudes de naturaleza
curativa y benéfica. La multitud, bendecida
de esta manera, se dispersa silenciosamente,
mientras los Maestros y discípulos regresan
con fuerzas renovadas, para emprender otro
año de servicio mundial.
En la actualidad, esta leyenda, o esta relación
con un hecho espiritual verdadero y vital,
está encontrando lentamente su camino en Occidente;
generando en muchas personas reconocimiento,
curiosidad, admiración o bien interrogantes.
Pareciera que para algunos aspirantes occidentales
ha llegado el tiempo en que Oriente y Occidente
puedan unirse espiritualmente en un gran Festival
y comunión de almas. Al unísono entre cada
uno, y bajo la guía del Buda, que vino a traer
luz a Oriente, y del Cristo, que vino a traer
luz a Occidente, hombres y mujeres pueden
pedir y evocar esa bendición y revelación
espiritual, que en el futuro inmediato puede
aportar algo que es sumamente necesario: "paz
en la tierra, buena voluntad a los hombres."
Así, nos podemos introducir en una era de
hermandad y comprensión, que permitirá a cada
uno tener más tiempo, libre de temor, para
encontrar a Dios en sí mismo.
De este modo, el Festival de Wesak es el evento
más grandioso de nuestro planeta, desde el
punto de vista de las realidades espirituales,
y el que tiene los efectos más importantes
para la raza humana. Su influencia ha existido
siempre, pero ha sido desconocida para la
mayoría. Ahora, su influencia se encuentra
disponible para ser reconocida y utilizada
conscientemente. Es una gran responsabilidad
y oportunidad para quien quiera reconocerla.
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