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Religiones, Organizaciones y Sectas
Quizás recordarán
aquel cuento en el que el diablo y un amigo suyo
iban caminando por la calle cuando vieron delante
de ellos a un hombre que se agachaba, recogía algo
del suelo, lo miraba y se lo guardaba en el bolsillo.
El amigo preguntó
a al diablo: "¿Qué ha recogido ese hombre?". "Ha
recogido un pedazo de verdad", respondió el diablo.
"Mal negocio para ti", observó el amigo. "De ninguna
manera", repuso el diablo, "voy a dejarle que lo
organice".
Yo sostengo que la
verdad es un país sin caminos, y no pueden acercarse
a ella por ningún sendero, cualquiera que sea, por
ninguna religión, por ninguna secta. Esta es mi
punto de vista, que mantengo de manera absoluta
e incondicional. La Verdad, como carece de límites,
como es incondicionada, inasequible por ningún camino,
cualquiera que sea, no puede ser organizada. No
deberían, pues, formarse organizaciones para llevar
o incitar a los hombres a seguir un sendero particular.
Si desde el principio entendéis esto, veréis hasta
qué punto es imposible organizar una creencia. Una
creencia es una cuestión puramente individual y
no podéis ni debéis organizarla. Si lo hacéis, resulta
algo muerto, cristalizado; se convierte en un credo,
en una secta, en una religión que hay que imponer
a los demás. Esto es lo que todo el mundo trata
de hacer. La Verdad se estrecha así y se transforma
en un juguete para los débiles, para aquellos cuyo
descontento sólo es momentáneo. La Verdad no puede
rebajarse; es el individuo quien tiene que hacer
el esfuerzo para ascender hasta ella. No puedes
traer al valle la cumbre de la montaña. Si quieres
alcanzar la cumbre, tienes que pasar por el valle,
trepar por las escarpas sin temer los peligrosos
precipicios. Tienes que trepar hacia la Verdad;
ella no puede rebajarse u organizarse para vosotros.
El interés por las ideas se mantiene principalmente
por las organizaciones, pero las organizaciones
sólo despiertan un interés externo. El interés que
no nace del amor a la Verdad misma, sino que despierta
por una organización, no vale nada. La organización
se convierte en una armazón, dentro de la cual los
miembros se ajustan convenientemente. Ya no se esfuerzan
en buscar la Verdad o la cumbre de la montaña, en
la que se colocan o se hacen colocar, pensando que
de este modo la organización los conducirá a la
Verdad(1).
J.
Krishnamurti, Palabras de introducción al disolver
la Orden de la Estrella en agosto 3, 1929 |
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