Diablo
e Infierno
... entre el cristianismo
moderno y el paganismo antiguo no hay otra característica
diferencial que la creencia en el diablo y en el
infierno, imbuidas por el dogma cristiano. Y Añade
Muller:
Las naciones arias
no tienen diablo. Plutón, aunque de carácter sombrío,
era personaje muy respetable y el escandinavo
Loki no era divinidad infernal, á pesar de su
maligno temperamento. La diosa teutona Hell, como
su equivalente Proserpina, vieron mejores días.
Así es que cuando á los germanos se les hablaba
del semítico Seth, Satán ó el diablo, no les infundía
temor ninguno.
Lo mismo cabe decir
del infierno. El hades pagano era un lugar
completamente distinto del infierno cristiano, pues
lo consideraban los antiguos como un estado intermedio
de purificación. El
hela ó hel tampoco era entre los escandinavos
un lugar de eterno castigo.
Tampoco pueden equipararse
con el infierno cristiano el amenti egipcio,
que era lugar de juicio y purificación, ni el onderâh
ó abismo de tinieblas de los indos, porque á los
rebeldes ángeles sumidos en él por Siva les ofrece
Parabrahma, la posibilidad de redimirse por el arrepentimiento
y la purificación.
Los cristianos fueron
los primeros en dar carácter de dogma religioso
a la creencia en el diablo, y desde entonces se
ha visto precisada la Iglesia á luchar contra la
misteriosa fuerza que, por conveniencia propia,
achacaba al diablo. Pero las manifestaciones de
esta fuerza propenden a quebrantar la creencia en
el diablo, gracias a la incompatibilidad entre los
efectos y la supuesta causa, porque si el clero
no ha podido medir debidamente el verdadero poder
del diablo, forzoso es confesar que este archienemigo
de Dios encubre muy hábilmente su carácter de príncipe
de las tinieblas, cuya perpetua ocupación es poner
asechanzas a los hombres.
H.P. Blavatsky, Isis
sin Velo Tomo III; 16,19. |